Diarios de las Estrellas

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Ley y moral

Una de las características de los progres es su visión de las leyes como canon para definir lo que es moralmente correcto. Siempre, por supuesto, que la ley haya sido aprobada por un gobierno de izquierdas.

Aviso: como voy a hablar de derecho, advierto que lo único que he estudiado de derecho es un poco de Administrativo. Pero la ignorancia de una materia nunca ha sido impedimento para que bloggers o tertulianos pontifiquen sobre ella, así que yo no voy a ser la excepción. Ya vendrá Emilio a corregirme, si es preciso.

Hay algo que se conoce como "ley natural", y que viene a ser el conjunto de normas que el ser humano debe cumplir por el hecho de serlo. No matar, no robar, no cometer incesto son ejemplos de este tipo de normas. Las personas religiosas son iusnaturalistas casi por imperativo: creen que esa "ley natural" está dictada por dios. Pero también hay quien defiende el derecho natural desde postulados basados en la razón.

Los socialistas son positivistas: para ellos no existe la ley natural. Lo que el parlamento aprueba se convierte automáticamente en patrón de conducta. Lo cual encaja perfectamente con su visión del mundo: un socialista cree que puede cambiar la sociedad desde el gobierno. Cree que una "Ley de Violencia de Género" es una solución para la violencia de género. Cree que una "Ley de Matrimonio Homosexual" genera derechos para los homosexuales.

Por eso promueven la "Educación para la Ciudadanía", y no entienden que alguien pueda tener objeciones. Es una ley, y por tanto no sólo es correcta, sino que define lo que es correcto. Oponerse a ella, y más aún objetar, es inaceptable desde el punto de vista moral.

Las únicas excepciones son las leyes aprobadas por gobiernos de derecha, que por su origen impuro nacen faltas de legitimidad. Así, un socialista puede hablar de "decretazo" sin el respeto reverencial que sus propias leyes le imponen, o aceptar la objeción de conciencia a un servicio militar obligatorio "franquista" mientras la niega a una ley de despenalización del aborto aprobada por un gobierno socialista.

Por el contrario un liberal, sea o no creyente de cualquier religión, es iusnaturalista. Cree que el derecho a la libertad y a la vida están por encima de las leyes que pueda aprobar el parlamento, y cree que tiene el derecho e incluso la obligación de oponerse a esas leyes si menoscaban estos derechos.

El liberal sabe que no tiene todas las respuestas. Sabe que todas las empresas humanas son defectuosas, y las leyes no son una excepción. El liberal no busca, por tanto, crear una nueva realidad desde la ley, sino definir las reglas de un partido cuyos jugadores son los ciudadanos y no los gobernantes. Y sabe que las reglas tendrán que cambiar según cambie el deporte al que estén jugando los ciudadanos en cada momento.

Hay algo más profundo aún en todo esto. Hay quien se mofa de dirigentes como Bush riéndose de que que "hable con Dios para consultarle sus decisiones". Yo no. Bush, o cualquier dirigente que crea en un ser superior, sabe que tiene un límite externo a su poder. Pero un político que cree que las leyes son las normas morales superiores, no tiene más límites que su capacidad para crear esas normas.

Y eso no da risa, sino miedo.

Educacion para la Ciudadania, Espias y Pioneros

Hace algo más de un año escribí esto:

En este orden de cosas, tengo muchos amigos preocupados por la asignatura de "Educación para la Ciudadanía", y su posible influencia en la formación de nuestros hijos. A mí, sinceramente, lo que me importa es que quitará horas de otras asignaturas más útiles, pero muy poco su contenido. Es más, espero que sea furiosa, descaradamente progre. Cuanto más radical, mejor.

A mí ya no me tocó lo de la "Formación del Espíritu Nacional", pero por lo que ví a mis amigos mayores, no parece que resultara muy efectiva. De hecho, creo que enseñar una ideología a un adolescente es la mejor manera de que la aborrezca. Si un profesor te explica lo fantástico que es ser una lesbiana emporrada con conciencia ecológica, tú te conviertes por narices en una pija consumista monógama casada por la iglesia.


Reconozco que me equivoqué. Hay una diferencia entre la Educación para la Ciudadanía y la Formación del Espíritu Nacional del tardofranquismo: la determinación de los adoctrinadores. A finales de los sesenta, pocos creían ya en eso del Imperio, los sempiternos enemigos de la patria o el nacionalcatolicismo. Ahora, los Peces Barba, las Cabrera, los Zerolo están dispuestos a aprovechar la oportunidad de inculcar sus criterios morales a nuestros hijos.

Leed este fragmento de 1984:

De pronto, tanto el niño como la niña empezaron a saltar en torno a él gritando: « ¡Traidor!» « ¡Criminal mental!», imitando la niña todos los movimientos de su hermano. Aquello producía un poco de miedo, algo así como los juegos de los cachorros de los tigres cuando pensamos que pronto se convertirán en devoradores de hombres. Había una especie de ferocidad calculadora en la mirada del pequeño, un deseo evidente de darle un buen golpe a Winston, de hacerle daño de alguna manera, una convicción de ser ya casi lo suficientemente hombre para hacerlo. [...]

Con aquellos niños, pensó Winston, la desgraciada mujer debía de llevar una vida terrorífica. Dentro de uno o dos años sus propios hijos podían descubrir en ella algún indicio de herejía. Casi todos los niños de entonces eran horribles. Lo peor de todo era que esas organizaciones, como la de los Espías, los convertían sistemáticamente en pequeños salvajes ingobernables, y, sin embargo, este salvajismo no les impulsaba a rebelarse contra la disciplina del Partido. Por el contrario, adoraban al Partido y a todo lo que se relacionaba con él. Las canciones, los desfiles, las pancartas, las excursiones colectivas, la instrucción militar infantil con fusiles de juguete, los slogans gritados por doquier, la adoración del Gran Hermano... todo ello era para los niños un estupendo juego. Toda su ferocidad revertía hacia fuera, contra los enemigos del Estado, contra los extranjeros, los traidores, saboteadores y criminales del pensamiento. Era casi normal que personas de más de treinta años les tuvieran un miedo cerval a sus hijos. Y con razón, pues apenas pasaba una semana sin que el Times publicara unas líneas describiendo cómo alguna viborilla —la denominación oficial era «heroico niño»— había denunciado a sus padres a la Policía del Pensamiento contándole a ésta lo que había oído en casa.

¿Imposible? mirad este video (desaparecido ya de Youtube):

Esa niña robot, esos niños que denuncian a sus padres, es lo que buscan los socialistas allí donde gobiernan, sea en Cuba, en Venezuela, en la Alemania de los años 30 o en España. Todo lo que dificulta la operación de adoctrinamiento debe ser, por tanto, anulado. El modelo de familia tradicional, la religión, la idea de libertad y responsabilidad individual, la disciplina en las aulas deben ser ridiculizados, denigrados y despreciados.

Mucha gente, por supuesto, no admite que a sus hijos les conviertan en Espías o en Pioneros. Y muchos niños no se dejan convertir. Muchos adolescentes y jóvenes, como yo apuntaba hace un año, desarrollan fobia a todo lo que les han intentado inculcar. Pero eso no es determinante, siempre que haya un número suficiente de niños-robot perfectamente adiestrados.

Cabrera no quiere convertir a mis hijos en pioneros. Sabe que no lo va a conseguir. Pero sabe también que si hay un número suficiente de niños y jóvenes adoctrinados, será irrelevante que algunos conserven la capacidad de pensar. Los alumnos libres tendrán que disimular, que hacer como si creyeran en la maldad de la Iglesia Católica y las maravillas del colectivismo, tendrán que abjurar de la libertad y proclamar su fe en el feminismo y la religión ecologista.

Sigo creyendo que, con el tiempo, la Educación para la Ciudadanía acabará, como la Formación para el Espíritu Nacional, creando alumnos con ideas contrarias a las que les han inculcado. Pero ahora no tengo duda de que los socialistas españoles pretenden tener el mismo éxito que Castro tiene con sus Pioneros, y van a hacer todo lo posible por conseguirlo. Vivir en un país en el que los niños son espías del Estado, como le pasaba a Winston Smith y pasa en Cuba o Venezuela, va a ser una experiencia muy desagradable.

Al menos nuestros hijos podrán huir a Francia o Portugal sin correr el riesgo de convertirse en comida para tiburones.

Complejidad y liberalismo

Una de las claves del éxito de las sociedades que aplican el principio liberal de minimizar la intervención del Estado, es la naturaleza caótica (en el sentido científico del término) inherente a la complejidad de las sociedades humanas.

Desde los últimos treinta años, sabemos que el comportamiento de un sistema complejo es imposible de predecir. Un sistema complejo es el clima, por ejemplo, y por eso no seremos nunca capaces de saber la temperatura o las precipitaciones del mes siguiente con exactitud. Pero también son complejos sistemas aparentemente simples como el goteo de un grifo o los latidos del corazón.

Las sociedades humanas son extraordinariamente más complejas que los sistemas más complejos que los científicos son capaces de modelizar. Incluso si nos limitamos a las interacciones económicas, la multitud de actores con intereses propios y la variedad de decisiones que pueden tomar, que influyen además en cadena en las reacciones de terceros hace imposible un conocimiento preciso de estos sistemas.

Por este motivo, a lo más que pueden llegar los economistas es a observar los sistemas, y describir su comportamiento a posteriori. De ahí la frase de "un economista es alguien capaz de explicar por qué no ha sucedido lo que él mismo había dicho que sucedería".

Esta reflexión repele a muchos, porque estamos entrenados para identificar causas y efectos y para actuar en función de modelos hipersimplificados de la realidad. Y así la mayor parte de los políticos cree que su misión es recopilar datos y, aplicando su ideología a esos datos, decretar la aplicación de medidas que mejoren la situación.

El último ejemplo es el candidato a alcalde de Madrid, Miguel Sebastián, que dijo ayer que en España caben 200.000 inmigrantes más cada año. ¿Por qué 200.000 y no 150.000 o 250.000? Pues porque el señor Sebastián cree que tiene la información y los modelos y se cree capaz de conocer de antemano el impacto de esos 200.000, 0 250.000, o 150.000 inmigrantes.

La realidad es que nadie predijo hace 10 años la tasa de inmigración que iba a tener España, y nadie es capaz de pronosticar qué ocurrirá dentro de 10 años. Ante esta realidad, prácticamente todas las políticas intervencionistas son malas. Si dejamos a los ciudadanos que actúen libremente, cada uno buscando su propio beneficio, la situación resultante será la menos mala para cada uno de ellos, y por tanto para el conjunto. Si aplicamos medidas que favorezcan a un colectivo necesariamente debemos perjudicar a otras personas, y con un resultado imposible de pronosticar.

Un ejemplo significativo es la gestión del parque Yellowstone. Michael Crichton la explica en esta charla, en la que habla también de sistemas complejos y explica la génesis de "Estado de miedo".

Si en la gestión de algo relativamente simple como un parque natural suceden desastres como los que describe Crichton, ¿qué pasa cuando tratamos con personas en lugar de alces y osos?. Pues que las ineficacias son también inevitables. Siempre aparecen actores que "aprovechan" la situación y obtienen recursos no por su contribución a la sociedad, sino por su capacidad de influir en el gobierno. Recursos que son arrebatados a otras personas, lo que provoca otros conflictos.

Y por supuesto la situación que originó la primera intervención sigue sin resolverse, lo que anima al político a pensar que sus medidas no se han aplicado con la diligencia suficiente, y que debe "destinar más recursos" a resolver el problema. Pero ahora han surgido nuevos problemas, con lo que también hay que dedicar más recursos a resolver estos nuevos problemas.

Es una situación ideal para el político, que tiene más recursos que gestionar, más poder y más capacidad de intervención en la sociedad, pero poco recomendable para el administrado, cuya capacidad de iniciativa y de gestión de sus propios recursos se ve mermada por decisiones arbitrarias que no puede predecir ni controlar.

Por este motivo intervenir poco siempre es mejor que intervenir demasiado. Y por eso las sociedades más liberales (menos intervencionistas) tienen más éxito que las sociedades dirigidas con mano de hierro.

El totalitario Pere Navarro

Entrevista a Pere Navarro, Director de la D.G.T., en El Mundo (de papel):

Nos gustaría que la sociedad estuviese organizada en dos turnos. El A y el B. El turno A trabaja 10 días y descansa 10 días y el turno B, igual. Con lo que no habría atascos, siempre estaría la sociedad en marcha, el sector servicios estaría encantado porque tendría siempre la mitad de la población... Sólo veo un problema. Que si eres del turno A y te enamoras de una chica del turno B tienes que presentar una instancia oficial solicitando el cambio de turno.
Obvio comentarlo, porque sólo de pensar lo que podría hacer este tipo con poderes absolutos me entran escalofríos....
Hay un perfil que me obsesiona. Tiene 45 años, ha hecho dinero fácil, coche de alta cilindrada y es de los de : “Me lo merezco”. A partir de ahí, hace lo que quiere. En la comida, con un buen Rioja, no para de criticar a los jóvenes: “Son unos irresponsables con el botellón...”. Y él con el Rioja y el whisky.

Para dinero fácil, los más de diez kilos que se levanta el señor Navarro cada año a costa de todos nosotros. Un individuo que, o aprovecha la entrevista para largar contra su cuñado, o no sé cómo conoce con tanto detalle a su perfil obsesionante.

Pero lo grave no es la obsesión del señor Navarro, sino la demagogia que acompaña a su totalitarismo: aunque a él le obsesionen los cuarentones, los que de verdad provocan la mayor parte de las muertes son los jóvenes. Los del botellón y los que beben en garitos.

Y el botellón es criticable porque impide dormir a los vecinos, y molesta a los que quieren llevar a sus hijos al parque y que no jueguen entre cristales rotos y restos de vómitos; pero beber vino o whisky en la comida, mientras no se moleste a nadie, es asunto de cada uno.

Afortunadamente, todavía vivimos en democracia, y este tipo sólo se encarga de insultarnos por nuestra manía de utilizar el coche donde, como y cuando nos da la gana y no según su criterio. Imaginad que en lugar de director de la D.G.T. fuera responsable de la reeducación de ciudadanos en la República Socialista de España.

Arriba parias de la Tierra

Supongo que ya sabréis de las intenciones del gobierno catalán y el español de expropiar las viviendas que no estén suficientemente ocupadas.

Como hoy tengo el día libre y estoy de buen humor, he decidido hacer un esfuerzo de diálogo y comprensión, así que estoy dispuesto a apoyar la medida, sólo con una condición.

Si seguís este enlace, veréis una fotografía de satélite del puerto de Mahón. Uno de los mayores puertos naturales del Mediterráneo, y como toda la isla de Menorca, absolutamente recomendable para unas vacaciones. Además de los barquitos que estaban navegando el día que hicieron la foto, podeis ver en la orilla norte que hay algunas casitas a pie de mar. Algunas tienen hasta embarcadero propio.

¿Sabéis quién tiene ahí una vivienda infraocupada? Victor Manuel y Ana Belén, Iñaki Gabilondo y Joan Manuel Serrat, entre otros. Bien, pues si el gobierno expropia estas tres viviendas infraocupadas primero, yo estoy dispuesto a que después vengan todas las demás.

Ya que no hemos llegado a tiempo de expropiarle el chalet a Simancas antes de que especulara con él, vendiéndolo por 300.000 euros más de lo que le costó y sin haberlo habitado ni un solo día, al menos que hagan esto.

¿A que va a ser que no?

La Magnífica Sanidad de Cuba

Uno de los mitos de la izquierda con respecto a Cuba es que tiene una de las mejores asistencias sanitarias del mundo. Captain`s Quarters se hace eco de un artículo publicado aquí (ahora no funciona, no sé si porque Instapundit ha enlazado con el post de CQ y los lectores han tumbado el servidor). En cualquier caso, CQ ha traducido del español parte del artículo, y tiene fotos. Leedlo, no tiene desperdicio.

Yo saco dos conclusiones:
1. La tasa de recuperación debe ser la más rápida del mundo. Si yo tuviera que tratarme en un hospital así juraría por mis muertos que estoy curado para volver a casa cuanto antes.
2. Los abajofirmantes que hace unos días decían que en Cuba "se han alcanzado índices de salud educación y cultura reconocidos internacionalmente" son aún más canallas, hipócritas o cretinos de lo que yo mismo pensaba.

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