Diarios de las Estrellas

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Teneis blogger para rato

Tal vez alguno se acuerde de que hace unos meses tuve que hacer un tratamiento para liquidar a un linfoma. Hoy me han dado los resultados de las pruebas que me hicieron la semana pasada y estoy más sano que una manzana. La cosa tenía su importancia, porque ha sido la primera revisión después del tratamiento, y por tanto había que saber si había sido totalmente efectivo.

Afortunadamente, esta vez no me hicieran el catálogo completo de pruebas, aunque sí hubo un TAC de tórax y abdomen (qué asco).

De modo que de momento seguiremos en este valle de lágrimas, y ya que hay que estar por aquí, pues aprovecharemos el tiempo blogueando un poco.

Adam Selene 1, linfoma 0

Pues sí. Después del último análisis, parece que he ganado. Esto nunca es definitivo, y dentro de seis meses tengo que hacer otro chequeo, pero de momento estoy curado.

Quiero aprovechar para daros las gracias a los que habéis comentado en mis post anteriores sobre este tema. Leyendo Red Liberal uno se da cuenta de que hay un cerebro detrás de cada blog. Leyendo vuestro comentarios uno se da cuenta de que hay una persona detrás de cada uno de ellos. Mil gracias.

Y ya puestos, también agradecer a la medicina oficial y a las multinacionales farmacéuticas su incensante empeño en ganar dinero y en ignorar la sabiduría tradicional de culturas milenarias. Si tuviera que depender de la medicina natural, no creo que me quedaran muchos posts.

Por último, si alguna vez estais en una situación parecida y me quereis aceptar un consejo, no perdais nunca ni el sentido del humor ni las ganas de vivir.

Radioterapia

Cualquiera que haya pasado parte de su infancia y adolescencia leyendo comics de la Marvel sabe que jugar con la radiación tiene consecuencias.

Así que si a uno le dicen que le van a irradiar el cuero cabelludo, y que el proceso implica colocarse una máscara moldeada con su propio rostro, no puede evitar pensar: "bueno, ahora los rayos se desvían unos milímetros, algo falla en el sistema, y dentro de unos días el mundo verá nacer a La máscara telekinésica".

No sé si por suerte o por desgracia, el caso es que no ha pasado nada de esto, y después de 22 sesiones de radioterapia, sigo siendo Adam Selene, el blogger inconstante.

La buena noticia es que en principio he terminado con el tratamiento. A primeros de abril me espera una revisión completa, pero parece que el linfoma ha desaparecido. De hecho, a simple vista ya había desaparecido con la quimio, y esto de la radioterapia ha sido "por si acaso".

Por si os toca a alguno (Dios no lo quiera), os diré que la radioterapia tiene efectos secundarios mucho menores que la quimio: una irritación en la piel local, y pérdida del cabello también local. El tratamiento en sí dura pocos segundos, y no notas nada. Lo peor es tener que ir al hospital todos los días, y esperar a que te toque el turno. Lo mejor, la parafernalia: el rollo de la máscara, el modelo 3D para determinar con precisión dónde se va a radiar, la orientación con guías láser de la zona a tratar, una sala dedicada con puertas más gruesas que la cámara más interna de Fort Knox...

Gracias

Estoy abrumado por los mensajes que habéis dejado en mi post sobre la quimioterapia. Gracias a todos. Hasta ahora todos los comentarios a mis posts han sido respetuosos, también los de la etapa anterior a la incorporación a redliberal.com y lamentablemente perdidos, pero si alguna vez me ocurre como a Den Beste ya tendré el antídoto por anticipado.

Para los que creen que esto de la tecnología nos convertirá en autistas insensibles, esta es la mejor prueba de que están terriblemente equivocados. Mi único mérito para recibir tantas muestras de cariño y solidaridad es compartir alguna reflexión con vosotros, y sin embargo... me quedo sin palabras.

Lo único que puedo decir es que procuraré seguir agitando la red, en la medida de mis posibilidades.

ACTUALIZACIÓN: además del post de Barcepundit, nada menos que el genial Agados en su mejor estilo . Al final me vais a emocionar... ;-)

Quimioterapia

Por fin he terminado con la quimioterapia. Sólo han sido tres sesiones, y no he tenido demasiados efectos secundarios, ya que el linfoma no estaba extendido y mi salud, aparte de esto, es decentilla.
De todas maneras, el efecto de cada sesión es como si hubiera pasado por encima de tí una estampida de búfalos, aun sin pisarte ninguno. Así que cuando hoy me han dicho que en principio ya no hay más me he quedado profundamente aliviado.

Aprovecho para dar consejos prácticos para los que se vean en la circunstancia (lo que no deseo a ninguno de mis lectores, y a casi ninguno que no lo sea).

Medicamentos para aliviar los efectos secundarios: os darán los que correspondan, pero para las náuseas tomad Zofran Zydis. Es caro, pero yo he conseguido evitar las náuseas y los vómitos por completo. Con respecto a los medicamentos naturales, he preferido no tomar nada. Donde esté un producto químico y totalmente artificial que se quiten todos los remedios biológicos y basados en plantas.

Por lo demás, el principal consejo es descansar todo lo posible después de cada dosis. Y esto incluye echarle un poco de morro a la vida y dejar que nos cuiden, irnos a la cama o quedarnos descansando mientras otro u otra recoge la cena, sin remordimientos. Ya habrá tiempo después para compensar.

En cuanto a las sesiones en sí, os diré que fundamentalmente son aburridas. La quimio se administra por vía intravenosa, lo que significa que estás sentado mientras te van metiendo la medicación por la vena. El Ritubimax tarda 3-4 horas en pasar, y la quimio 2-3.

Como yo iba sobre aviso, antes de empezar les pedí a los Reyes Magos que me adelantaran un reproductor de MP3. Elegí este de Philips. Bueno, en realidad el modelo anterior, el HDD60, que en lugar de 2 GB tiene sólo 1,5. No tiene los 20 GB del iPod, pero es mucho más pequeño, algo más barato, y 1,5 GB dan para 8 horas de música, más que suficiente para pasar entretenido una sesión de quimio.
En lugar de escuchar las desgracias de los compañeros de fatigas, es más agradable oír a Franco Battiato, o divertirse con Los Petersellers, que es lo que he oído estos días, entre otras cosas.
No puedo resistirme a poner un enlace a Intelectual, de los Petersellers, (sí, os la podéis bajar de su página web). Seguro que reconocéis a alguien en el protagonista de la canción. Y ya puestos, mi traducción patatera de Aria di neve, de Sergio Endrigo, que canta Battiato en Fleurs:


Sobre las nubes está el firmamento
pero nuestro amor no pertenece al cielo.
Nosotros estamos aquí
entre las cosas de todos los días
y los días, los días son grises.
Aire de nieve en tu rostro, mis palabras
son palabras de amor sin razón.
Antes o después entre nuestras manos
ya nada quedará.
Es una vida imposible
esta vida contigo.
Tú no ríes, no lloras, no hablas más
y no sabes decirme porqué.
A lo largo del camino de nuestro amor
he inventado mil nuevas canciones nuevas para tus ojos.
Más de mil canciones nuevas
que tú no cantas nunca.

La otra cosa que hay que llevar es un libro. Yo he llevado estos (los que estaba leyendo cuando tocó cada una de las sesiones):
  • Cómo mojar una Galleta, de Len Fisher. Trata varios aspectos de la vida cotidiana desde un punto de vista científico. Para mi gusto, se nota demasiado que el autor es físico, pero resulta entretenido y muestra con ejemplo prácticos lo que es el método científico.
  • El ordenador emocional de J. A. Jáuregui. La hipótesis que plantea es interesante, pero en mi opinión no daba para tantas páginas.
  • El temible Blott, de Tom Sharpe. El humor ácido de Sharpe aplicado a la aristocracia rural inglesa y el más recomendable de los tres. Tiene mérito el verte en la situación de aguantar la risa para no dar el cante entre cuatro o cinco tipos a los que les están metiendo veneno por la vena.
  • Ranking de pruebas médicas

    1. Rastreo con Galio-67: Un par de días antes inyectan un líquido radiactivo (el Galio-67). Evidentemente, hay un pinchazo, pero hasta que te hacen la prueba puedes pensar que en cualquier momento desarrollarás tus sentidos arácnidos o cuando te enfades te volverás grande, verde y musculoso. La prueba en sí no es apta para claustrofóbicos, pero como a mí no me importa estar tumbado en una especie de nicho de hotel japonés y la prueba dura unos quince minutos me eché una cabezadita.

    2. TAC de cráneo: No hace falta contraste, como en el TAC de tórax y abdomen, así que te limitas a tumbarte en la camilla y a cerrar los ojos cuando el aparato pasa por la cabeza. La máquina no desentonaría en la nave espacial de 2001: Odisea en el espacio, así que tiene más encanto que una radiografía.

    3. Radiografía de torax: No tiene ningún glamour, se la han hecho a todo el mundo, pero al menos no hay nada desagradable.

    4. Electrocardiograma: Casi sería tan neutro como la radiografía, si no fuera porque a los hombres de pelo en pecho la operación de quitar los parches nos produce el mismo efecto que la depilación a la cera.

    5. Estudio de función ventricular: La prueba en sí está bien, estás tumbado un ratillo en una camilla mientras una plancha se mueve (poco) por encima del pecho. Las imágenes del corazón en movimiento son curiosas, pero la prueba tiene demasiadas molestias como para estar más arriba en el ranking: antes te pinchan un par de veces para inyectarte líquidillos coloreados, no estás el tiempo suficiente como para poder echar una cabezadita y además tienes unos parches como los del electro, con el mismo efecto depilatorio.
    Además al diseñador de la máquina debía ser un ingeniero de la antigua Unión Soviética, por lo aburrido, gris y antiguo del aparato.

    6. Biopsia de piel: Es una cirugía menor, que no tendría más problemas que el pinchazo de la anestesia, si no fuera porque en mi caso preferían no cerrar la herida con puntos y en lugar de eso cauterizar. Aparte del olorcillo a carne quemada, que da cierta grima sobre todo cuando sabes que es la tuya, la anestesia local no era del todo eficaz para esto.

    7. Punción de médula ósea: Consiste en sacar un poquito del contenido del hueso de la cadera (el tuétano, para entendernos). Problema: se pone anestesia local, que viene bien para hacer hueco hasta llegar al hueso, pero no actúa más allá del periostio (la membrana que cubre el hueso). Así que una vez que se han abierto camino hasta el hueso, hay que agujerearlo para sacar la médula. Como podeis imaginar, el procedimiento para hacerlo se parece más a lo que hacen en Bricomanía que a otra cosa. Pero en fin, te lo pintan tan negro antes que al final piensas que no es para tanto.
    Y eso que la hematóloga que me lo hizo tuvo que repetir lo del agujerito en el hueso porque el aparato no había entrado bien a la primera y se salió a la mitad del asunto. "No me suele pasar esto nunca...", decía.
    Además, cuando ya estaba en posición (en decúbito prono), la hematóloga se marchó no sé a que y la enfermera se dio cuenta de que le faltaba no se qué del carro de curas, así que me dijo: "no te muevas" y me dejaron en la salita, tumbado boca abajo, con el culo al aire y por supuesto con la puerta abierta.

    8. TAC tórax y abdomen: La peor de todas, sin duda. Cuando le dicen a uno que tiene que hacerse un TAC, piensa en su ingenuidad: "mola: una radiografía del siglo XXI". Pues no. La cosa empieza con que desde 24 horas antes no puedes comer frutas ni verduras. Por supuesto, aunque aborrezcas cualquier comida de color verde basta que te lo prohíban para que una ensalada cualquiera se convierta en un manjar. Uno se sobrepone, y se dedica a la parrillada de productos del cerdo, pero recuerda que debe tomar una sustancia en cuyo folleto pone "acción laxante violenta". Puedo jurar que no miente: el efecto es violento, pero violento de verdad. Con las tripas más revueltas que Llamazares después de ver una peli de Michael Moore, ya no te apetece cenar, aunque sabes que al día siguiente no puedes tomar nada hasta el mediodía, cuando te hacen la prueba.
    Con el estómago vacío, llegas al hospital y te dan un par de vasitos con un líquido inmundo: "tómatelo poquito a poco, y dentro de media hora te doy otros dos". Si al menos dieran unos cacahuetes o unas aceitunas...pero te lo tienes que tragar a palo seco, y además ya te han dicho que hay dos más esperando. El enteradillo de al lado dice: si te dan el contraste bebido al menos no te lo tienen que inyectar. Y te consuelas con eso, haces de tripas corazón y tragas aquello como puedes.
    Por fin pasas a que te hagan la prueba y ¿qué te está esperando? ¡un vasito más de contraste! El colmo es cuando ya tumbado en la camilla te dicen: "remángate el brazo que te vamos a inyectar el contraste". Así que cuando la máquina (la misma que la del TAC craneal, lo único que mola de la prueba) se pone en marcha y te dice: "no respire" tú piensas: "sí, de eso tengo ganas, de no respirar".

    Sugerencia para los fabricantes de aparatos médicos: ¿podrían por favor fijarse en el diseño de servidores, routers, switches y demás aparataje de redes y sistemas? Lo único que hacen es mover impulsos eléctricos de un cable a otro, pero PARECEN algo serio. Hay luces de colores, máquinas negras con ranuras misteriosas, cables que salen de sitios extraños para ir a otros sitios más extraños aún... Si te tienen que hacer putaditas como las que he descrito, al menos podrían hacerlo de manera elegante.
    Creo que el problema es que los equipos los compran los médicos, y no los pacientes. Los ecógrafos que he visto que tienen los ginecólogos en las clínicas privadaa se parecen más a lo que a mí me gustaría: tienen lucecitas, muchos botones, y parecen complicadísimos de manejar. Supongo que es porque a las señoras que van a la clínica privada les gusta ver que les exploran con un aparato de última tecnología.
    Bueno, pues a mñi me gustaría que me explorasen con algo que no pareciera un resto de la sala de mandos del acorazado Potemkin.

    Nota: por si a alguien le interesa, no tengo previsto morirme en los próximos meses. Eso sí, habrá una entrega contando mis experiencias con la quimioterapia.

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