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Libertad para elegir
En Red Liberal se ha defendido el derecho al aborto sosteniendo que la madre tiene derecho a elegir. Jeff Jacoby plantea en este artículo una pregunta interesante: ¿qué pasa cuando el aborto se utiliza para seleccionar el sexo del bebé?
Por lo que cuenta, hay estudios que muestran que no solo en China o India se usa el aborto para eliminar a las niñas, sino que esta selección sexual se está dando ya en Estados Unidos. Es fácil y barato hacer una ecografía que muestra el sexo del hijo por nacer, y no hay problemas legales para abortar si se comprueba que es una niña y la familia quiere un niño.
¿Es liberal admitir el derecho a seleccionar el sexo de tu hijo por el expeditivo procedimiento de matar al feto con sexo inadecuado?
Se criticó a James Watson por decir que si una mujer debería tener derecho a abortar si puede saber si el hijo que lleva en el vientre es homosexual.
¿Es liberal admitir el derecho de la madre a decidir en libertad si quiere tener un hijo homosexual?
Si habéis respondido que no, pregunto ¿es liberal defender el derecho de la madre a abortar un hijo porque su pareja le abandonaría si lo tuviera? ¿es liberal defender el derecho de la madre a abortar porque tener un bebé perjudicaría su carrera profesional? ¿es liberal defender el derecho de la madre a abortar porque el niño tiene un defecto genético?
El problema de admitir el aborto como un derecho de la madre, es que las madres pueden utilizarlo con sus propios criterios, que no tienen por qué ser políticamente correctos. Pueden usar ese derecho para eliminar homosexuales o niñas, por ejemplo.
El problema, por supuesto, es admitir que se puede eliminar a otro ser humano porque es molesto. Porque a partir de ahí, la definición de "molesto" puede ser muy diferente a la nuestra.
Ser liberal
Se va uno a la pérfida Albión unos días y a la vuelta se encuentra con que un niñato pedante ha conseguido avanzar en su propósito de que RedLiberal gire en torno a su ombligo. Yo, que ni quiero ni puedo escribir muy a menudo, me voy a tomar la libertad de fusilar lo que ha escrito el comentarista brunelli en el blog de Federico:
Ser liberal, o sea, de derechas es:Anteponer individuo a grupo
Defender lo bien gestionado frente a lo mal gestionado, esto es, lo privado ante lo público.
Reconocer que la riqueza se crea, no se reparte.
Que hay que ganarse la vida, no vivir a costa de la de otros.
Y que quien crea riqueza no es un apestado al que hay que desvalijar, sino el motor de nuestro mundo.
Que el libre mercado, con garantías y seguridad jurídica, es la única forma de relación entre individuos que no desemboca en esclavitud.
Que la mejor forma de distribuir la riqueza es dejar actuar al mercado libre.
Que los ciudadanos son capaces de tomar sus decisiones, y afrontar ellos mismos las consecuencias tanto cuando aciertan como cuando se equivocan.
Es negar que la sociedad sea la culpable de los desmanes que cometen sus individuos.
Es asumir que el dinero donde mejor está es en el bolsillo del que lo ha ganado que es su DUEÑO. Y que nadie mejor que él sabe como y en que gastarlo. Si lo hace bien, mejor para él, y si no, es SU problema.
Es no poner un impuesto a la hormiga para mantener a la cigarra.
Es NO preferir libros usados gratis en los colegios, a asumir el gasto como padre.
Es NO preferir un mal dentista gratis para los niños, a pagarlo de mi bolsillo como padre.
Es NO preferir ir a un médico gratuito cuyo criterio para prescribir un fármaco o una prueba diagnóstica sea el de los políticos que le pagan.
Es saber que médico, colegio, libros y dentista públicos NO son gratuitos, sino muy muy caros. No que los paga otro por mí, sino que los pago yo OBLIGADO.
Es dejar que tus RESPONSABILIDADES como padre las asuma otro, tanto en los pagos como en la formación de tus hijos.
Es tener claro que no hay nada gratis.
Es preferir la voluntariedad a la obligación.
Es libertad de elección frente a imposición.
Es responsabilidad frente a subsidiariedad.
Es esfuerzo-recompensa, no esfuerzo-castigo.
Es valor-premio, no necesidad-premio.
Es tener principios frente a ser relativista.
Es querer un estado limitado que deje vivir a los ciudadanos.
Es no discriminar a la gente en función de la pertenencia a un grupo.
Es pensar que una mujer es igual, en derechos y obligaciones, a un hombre.
Es estar en contra de la discriminación positiva.
Es que el mérito para obtener un trabajo sea tu esfuerzo y tu formación, y no la renta de tu familia o tu posición social.
Es premiar la capacidad frente a la necesidad o la indolencia.
Y ahora ya, el que quiera que siga discutiendo con el plasta ese sobre la taxonomía de los liberales. Pero advierto: Iracundo pasará, como han pasado otros ¿alguien se acuerda de una hamburguesa que también repartía carnets de liberal desde sus ideas socialdemócratas?
Mileuristas estafados
El principal motivo por el que el Estado nos quita nuestro dinero en forma de impuestos es poder devolvernos después una parte de él en forma de dádiva. El político se asegura así el agradecimiento del súbdito desinformado.
La realidad es muy otra. Podemos hacer, como ejemplo, el cálculo del dinero que ingresaría un mileurista si no pagara impuestos:
Los impuestos
En la actualidad, el sueldo bruto de un mileurista es de 17.000 euros. De ahí paga 1.088 euros a la Seguridad Social y 2.044 a Hacienda. Así le quedan 990 euros netos para vivir al mes.
En realidad, el mileurista no es consciente de que su empresa paga a la seguridad social otros 5.440 euros. Si la empresa, en lugar de dar el dinero a la SS se lo diera a él, nuestro mileurista ganaría 22.440 euros. Y si no pagara impuestos, esto significaría que cada mes se embolsaría 1.602 euros. ¿Algo más que esos 990, no?
Pero aún hay más. El mileurista no ha terminado de pagar cuando recibe sus 990 euros. Aún tiene que pagar el IVA y otros impuestos. Dependiendo de a qué dedique ese dinero pagará más o menos: si fuma, bebe y tiene coche será mucho más, si solo compra alimentos mucho menos. Supongamos que una buena aproximación es que paga un 15% de impuestos. Esto quiere decir que en realidad tiene 842 euros disponibles cada mes. Es decir, poco más de la mitad de lo que ingresaría si no pagara impuestos. Repetimos: nuestro pobre mileurista, perceptor de un sueldo que muchos consideran ínfimo, entrega al Estado casi la mitad de sus ingresos.
Al menos el Estado, siempre atento a sus necesidades y dispuesto a proteger a los débiles, le da a cambio de ese dinero protección contra el desempleo, asistencia sanitaria, una pensión de jubilación, seguridad, justicia, infraestructuras... Realmente es una suerte que los ricos y las empresas paguen más impuestos, para que él, aun con su mísero sueldo, pueda disfrutar de tantas ayudas. ¿O no es así?
Seguros privados
Vamos por partes. Supongamos que nuestro mileurista es una mileurista, ya que las mujeres pagan algo más caros los seguros sanitarios. ¿Qué podría conseguir por sí misma con esos 1.602 euros?
Sanidad: en Adeslas podría contratar, por 60 euros al mes, una póliza que le cubra todos sus gastos médicos. Si fuera hipocondríaca, podría contratar seguros más caros. Y si, dado que es joven y con salud, quisiera un seguro con una franquicia de 200 euros/año, pagaría menos de 25 euros.
Seguro de desempleo. En España no existe, ya que el Estado impide que surja una oferta privada, pero en Inglaterra puedes contratar, por 40 euros al mes, un seguro que te cubra el 60% de tus ingresos durante un año. Es decir, nuestra mileurista, pagando 40 euros al mes, recibiría 1.122 euros durante un año. Para comparar, su prestación por desempleo actual sería de 800 euros durante seis meses.
Jubilación. Una mileurista de 25 años, si invierte 150 euros al mes durante 40 años y obtiene un 7% anual por ellos, se encontraría a los 65 años con 393.700 euros. Si a partir de ese momento retirara cada año un 7%, tendría una renta mensual de 2.296 euros. Una cifra claramente superior a los 750 euros de media de las pensiones actuales. Y tendría además un capitalito que dejar a sus herederos.
Descontando estos costes, nuestra amiga tendría cada mes 1.352 euros, frente a los 842 que le deja ahora el Estado. 500 euros más al mes.
Otros servicios
El Estado da otros servicios, dirán algunos. Seguridad, justicia, infraestructuras, solidaridad... La pregunta, algo más difícil de responder que en el caso de los seguros, es cuánto costarían estos servicios si pudiéramos contratarlos a empresas privadas.
La seguridad, incluyendo alarmas y vigilancia presencial y en vehículos, no supondría más de 50 euros al mes, basándonos en lo que sucede en las urbanizaciones privadas que cuentan con este tipo de servicios de seguridad.
Las infraestructuras, en su mayor parte, serían sufragadas por empresas o grupos de empresas que o bien obtendrían beneficios de su explotación, o bien tendrían interés en pagarlas porque su uso les resultaría rentable. Pensad, por ejemplo, que las infraestructuras de telecomunicaciones no las despliega el Estado, sino las operadoras, que cobran por ellas a sus usuarios.
¿La justicia? Legalitas cobra menos de 8 euros al mes por tener asesoría jurídica (un servicio que ahora no presta el Estado) y los jueces podrían ser profesionales independientes (como los médicos o los arquitectos), elegidos (y pagados) por las partes para resolver un conflicto puntual. Sería sin duda más eficaz que la lentísima justicia actual, y sólo la pagarían los que hicieran uso de ella.
¿La defensa de nuestros derechos como consumidores frente a las empresas? A la hora de la verdad, poco garantiza el Estado. Una Asociación de Usuarios y Consumidores tiene un coste anual de entre 25 y 50 euros, y es mucho más eficaz identificando, denunciando y evitando malas prácticas que el Estado.
¿La solidaridad? Nuestra mileurista puede pagar la cantidad que desee a cualquier ONG que atienda a las personas necesitadas que ella considera más merecedoras de su ayuda.
¿Cultura? No faltarían particulares o empresas dispuestas a sufragar los gastos de un museo. sobre todo si ellos tampoco tienen que pagar impuestos. Ahora ya hay numerosas instituciones privadas que mantienen bibliotecas. Tal vez nuestros artistas tuvieran alguna dificultad para seguir haciendo cine español, pero no creo que esto fuera malo en ningún sentido.
Conclusión
Podemos hacer otros cálculos con otro tipo de perfiles (el matrimonio con hijos que tendría que pagar la educación privada, por ejemplo). Prácticamente siempre que el ciudadano en cuestión tenga un trabajo y no dependa en exclusiva del Estado resultaría beneficiado por la desaparición de los impuestos.
De todas maneras, no pretendo ser radical. Admito que puede haber funciones que obliguen a la existencia de un Estado (diplomacia, defensa), y que éste requiera cobrar algún impuesto para su sostenimiento. Pero allí donde el Estado se dedica a procurar nuestro bienestar, siempre acabamos pagando una factura más cara para obtener peores servicios.
Principes apareandose
¿Han visto ya la imagen de los príncipes holgando?. Debo advertir, para quien todavía no la haya visto, que es una caricatura. Nadie, ni siquiera el juez del Olmo, podría confundir la viñeta con una imagen robada a los príncipes con un teleobjetivo.
Lo cual tiene su importancia. Una fotografía de los príncipes habiendo ayuntamiento es una reprobable invasión a su intimidad (siempre que no se haya tomado en un lugar público). Una caricatura, por grosera que sea, es indistinguible a estos efectos del editorial del periódico más respetable.
Cuando se casaron el príncipe Carlos y Lady Di, hubo una campaña de antimonárquicos en la que representaban a dos osos panda copulando con el lema "See Cha-Cha and Di-Di breeding freely at the zoo". O sea, "Vean a Cha-Cha y Di-Di apareándose libremente en el zoo". ¿Era esto una intromisión en el honor de los príncipes de Gales o una acertada denuncia de la frivolidad y el exhibicionismo de una boda real? ¿Es la caricatura de El Jueves una profunda crítica a los privilegios medievales de la monarquía o una burda grosería?
En cualquier caso, sea lo que sea, yo preferiría vivir en un país en el que El Jueves puede publicar caricaturas de los príncipes copulando, igual que publican otras de obispos rijosos, políticos corruptos (si son de derechas) o militares fascistas. Nunca he comprado la revista en cuestión, ya que me ha bastado ojearla un par de veces para saber que no tengo interés en hacerlo. Pero si tiene público, a mí me parece estupendo que publiquen lo que puedan vender.
Sucede lo mismo con los programas del corazón. Yo no los veo, pero si hay gente dispuesta a pasar horas delante del televisor viendo cómo exhiben el comportamiento sexual o las adicciones de individuos más o menos famosos, es normal que haya quien dé satisfacción a ese deseo.
Es más, creo que debe permitirse que se cocine un cristo en televisión, o que se utilicen imágenes religiosas para promocionar un equipo de fútbol. Igual que debe estar permitido hacer caricaturas de Mahoma, por supuesto. Y debe estar permitido, en contrapartida, atacar (verbalmente) a quien hace estas cosas, o hacer contracampañas invitando, por ejemplo, a boicotear al club de fútbol que se anuncia con imágenes que a alguien resultan ofensivas.
El único límite a la libertad de expresión debe ser la seguridad o la intimidad de los demás. Cualquier otra cosa nos lleva a una dinámica en la que la libertad de expresión, al final, está determinada por el poder de presión de grupos determinados. Un día los católicos cerrarán una revista que ofende al Papa, y al día siguiente las feministas prohibirán un videojuego en el que el héroe machote conquista jovencitas voluptuosas. El lobby gay censurará los chistes de mariquitas y los agricultores impedirán que se emita un anuncio que ridiculiza la vida en el campo.
No me gustaría vivir en un país así.
Un momento. Tal vez ya viva en un país así.
Derechos y deberes
Uno de los logros que destacó Zapatero en el debate sobre el Estado de la Nación es que "se han ampliado los derechos". Lo cual es sintomático de toda una manera de pensar: el Gobierno es quien concede los derechos.
Pero si realmente creemos esto, dejamos de ser ciudadanos para convertirnos en súbditos. Es evidente: si el Gobierno puede conceder derechos, también puede denegarlos. Luego dependemos de la benevolencia o la magnanimidad del Gobierno para que nos conceda más o menos derechos en función de sus criterios. "¡Votadnos!", pueden así proclamar, "¡nuestro partido os concederá más derechos que el otro!".
No crean que en el partido con pulsiones liberales tienen un punto de vista muy diferente: "¡Nosotros os concederemos el derecho a recibir 3.000 euros! ¡Más que ellos!", es su mensaje. "¡Negaremos el derecho al matrimonio homosexual!", dicen. En el fondo, sólo difieren en el "catálogo de derechos" que tienen previsto conceder, pero no en el principio de que sean ellos, los gobernantes, los que nos concedan los derechos.
El asunto tiene más miga: ¿qué es un "derecho"? ¿el matrimonio para los homosexuales? ¿recibir 2.500 euros por copular productivamente? ¿ser educado conforme a los "valores ciudadanos y democráticos"?
En puridad, sólo existen dos derechos: el derecho a la vida y el derecho a la libertad. Todos los demás no son sino dejaciones de deberes. No existe el derecho a la educación: existe el deber de educar a los hijos. No existe el derecho a la sanidad: existe el deber de cuidar a los enfermos. No existe el derecho a una vivienda, o al subsidio de desempleo: existe el deber de ser caritativo con los que sufren.
Lo que sucede es que el Estado nos dice: "no te preocupes. No tienes por qué cargar con ese viejo que fue tu padre. No tienes por qué dedicar innumerables horas a que tu hijo aprenda. No tienes que ser generoso con ese mendigo maloliente. Déjamelos a mí. Yo me encargaré de ellos. Mira, les quitaré el dinero a los ricos para hacerlo. Tú pagarás mucho menos de lo que te voy a dar."
Y así, felices de haber encontrado el Estado del Bienestar, abandonamos nuestras obligaciones con las manos llenas de nuevos derechos.
Pobres ingenuos, que en verdad hemos cedido uno de los dos únicos derechos que había sido genuinamente nuestro: la Libertad.
El economista camuflado
Terminé hace poco de leer El economista camuflado, de Tim Harford, y me gustaría hacer algunos comentarios sobre él.
Antes que nada, debo aclararos que el libro me lo regaló la editorial Temas de Hoy. Han contratado a Ideup para, según me dijeron, "tratar de mejorar su relación con la blogosfera y que algunos bloggers tengan acceso a sus publicaciones". Fueron educados, no me pidieron que hablara del libro, y me lo enviaron a pesar de que les advertí que lo comentaríaolo "si el libro resulta interesante (para bien o para mal)",
Otra aclaración, que probablemente no sea necesaria para los que me conocéis, es que ni soy crítico de libros ni soy economista, así que no esperéis que lo que sigue se parezca en nada a lo que pueda decir el crítico de libros de cualquier periódico salmón.
De entrada, creo que el subtítulo "La economía de las pequeñas cosas" está muy mal elegido. El último capítulo, por ejemplo, habla del cambio económico en China. Y no creo que nadie considere a China "una pequeña cosa". En mi opinión, el libro trata más bien de la economía del sentido común.
Harford es un tipo despierto, que observa cosas interesantes, llega a conclusiones interesantes y las expone con gracia y agilidad. Lástima que la traducción española no le haga justicia. Está escrita en un español correcto, pero se nota que el traductor ha sufrido al tropezarse con la alegría con la que Harford usa el inglés, y ha optado por intentar ser fiel a las palabras y no al espíritu de lo que dice.
Pero yendo al grano, creo que es un libro recomendable. Explica muy clarito, por ejemplo, por qué un café en Starbucks es más caro, cual es el precio justo para un café de comercio justo, o por qué África no sale del subdesarrollo y China lo está haciendo. Dedica un capítulo a las subastas para la concesión de licencias UMTS que es apasionante.
Y habla, por ejemplo, de David Ricardo, unos de los pioneros de la economía liberal, de tal manera que cualquiera puede entender conceptos como la ventaja comparativa o la Ley de rendimientos decrecientes.
Tiene, cómo no, ciertos fallos. Patina, como casi todo el mundo, al dar por hecho el calentamiento global. Y muestra cierta vena socialdemócrata que es además inconsecuente con observaciones que ha hecho previamente.
Pero, como os digo, es fácil de leer para cualquiera que no sea economista o no tenga ni una mínima formación en estos temas, y puede abrirle los ojos a ese familiar o ese amigo progre pero bienintencionado que sigue creyendo sinceramente en el comercio justo, el 0,7% para el Tercer Mundo, el abuso de las multinacionales y mitos de ese pelaje.
[ACTUALIZACIÓN] Me avisa Carlos de Maza que Manchego habló del libro hace tiempo. Aquí podéis leer su crítica. Sinceramente, creo que Manchego, como en otros casos, ve la vida en blanco y negro. Harford no es comunista sino, como he dicho antes inconsecuentemente socialdemócrata a ratos. Pero el conjunto del libro supone una buena dosis de sentido común administrable a personas sin conocimientos previos de economía. Lo que no es poco, en mi modesta opinión.
Trabajar para la corporacion
Para este puente, os copio un fragmento de Hija de Marte, una novela de Robert A. Heinlein. Explica las condiciones laborales de los taxistas en el Venus del futuro:
El chófer es empleado de la Corporación, como casi todo el mundo, pero es un "empleado de empresa", es decir que no trabaja por un sueldo fijo. Para cumplir con su cupo ha de hacer cada día una determinada cantidad de viajes cuyo valor se lo lleva la Corporación. Cunado ha cumplido ese determinado número de kilómetros que tiene fijado, se parte con la Corporación los ingresos de los demás viajes del resto del día. Así que conduce como un loco para cumplir con el cupo lo antes posible y empezar a ganar dinero para sí mismo... y luego sigue conduciendo a toda prisa porque quiere aumentar sus ganancias mientras el negocio marcha.
Para situaros, en esta novela Venus es una colonia de la Corporación, que domina absolutamente todo en el planeta, y no tiene gobierno ni leyes.
¿Es esto una visión de un futuro ancap? ¿Viviríais en un planeta así?
Os advierto que me guardo un as en la manga: el miércoles pondré la frase que continúa el texto de Heinlein.
El dilema del mayordomo II
Casi todas las respuestas al dilema del mayordomo vienen a afirmar que el robo nunca está justificado, ni siquiera cuando lo robado se aplicará a un buen fin.
El problema del robo es que siempre, el que roba, piensa que hará un mejor uso de lo robado. El mayordomo del ejemplo puede pensar que es mejor alimentar a los africanos durante un año que dejarles la joya a unos tipos podridos de pasta. Pero otro mayordomo podría pensar que es lícito utilizar la joya para pagarse unas vacaciones en el Caribe, porque al fin y al cabo él ha estado atendiendo al viejo millonario, mientras sus familiares se gastaban la herencia por anticipado.
Seguramente, quien defienda la opción de la aldea africana no podrá negarse a compensar al mayordomo fiel y cumplidor. Pero, ¿y si otro mayordomo decide regalarle la joya a una amante que ha tenido desatendida durante meses por estar muy ocupado cuidando al ricachón? ¿esto ya no está justificado?
Como veis, siempre existe una justificación para el robo. Los seres humanos tendemos a pensar lo mejor de nosotros mismos, y justificamos incluso nuestras peores acciones. Mirad estas citas de dos famosos gangsters:
"All I ever did was to sell beer and whisky to our best people."
--AL CAPONE, 1930"I never did anything to deserve that reputation (Public Enemy No. 1), unless it was to supply good beer to people who wanted it."
--DUTCH SCHULTZ, 1935
Ese es el problema. Una vez que aceptas que puedes tomar la propiedad de otro porque tienes un uso mejor que darle, ya cualquier justificación es posible.
Por tanto, la única salida es evitar el robo.
Ahora bien. Si estamos de acuerdo con lo anterior, ¿podemos aceptar como lícito que el Estado nos obligue, con amenaza del uso de la fuerza, a entregarle parte de nuestras ganancias, porque las va a dedicar al bien común?
¿Puede el Estado quitarnos nuestro dinero para hacer hospitales? ¿Para hacer colegios? ¿Para promocionar el uso de una lengua minoritaria? ¿Para evitar la extinción del somomujo pardo? ¿Para pagar el concierto de un cantante de moda en las fiestas locales? ¿Para hacer propaganda del partido en el gobierno?
Si hemos admitido que robar no es una opción legítima para el mayordomo, tampoco lo puede ser para el Estado. La única opción moralmente aceptable sería que los impuestos fueran voluntarios, de manera que solo aquellos dispuestos a entregar su dinero al Estado lo hicieran.
¿Hay algún fallo en mi razonamiento? ¿Hay por ahí algún partidario de permitir al Estado lo que prohibimos al mayordomo?
Soy todo oídos.
El dilema del mayordomo
Para el fin de semana, ya que no voy a escribir otra cosa, es dejo una cuestión moral, más o menos copiada del blog de Scott Adams:
Supón que eres el mayordomo de un anciano multimillonario. El millonario fallece, y entre sus posesiones sabes que se encuentra una joya que vale tanto dinero que vendiéndola puedes alimentar a un poblado entero en África durante un año. Nadie más sabe que esa joya existe, ni siquiera sus familiares, de modo que si la robas nadie se enterará. Los herederos son tan ricos que no notarían la diferencia entre tener la joya o no tenerla.
Sabiendo esto, puedes entregar la joya a los herederos, sabiendo que probablemente permanecerá en una caja fuerte durante decenios, o puedes quedártela y venderla para evitar que unos niños en África mueran de hambre (tú no te quedarías ni un céntimo del dinero obtenido por la venta).
¿Cuál es la opción moral correcta?
Espero vuestras opiniones. (Yo daré la mía el lunes)
Capitalismo salvaje
No se puede calificar de otra manera lo sucedido con Endesa. Y es que, contrariamente a lo que afirma la progresía, el capitalismo salvaje no es el que está sujeto a las leyes del mercado.
El tan denostado mercado, al fin y al cabo, no es más que la voluntad de dos personas para acordar un intercambio de bienes o servicios por dinero. Existen ineficacias, evidentemente, que pueden hacer que uno de los dos actores se vea obligado a aceptar el trato porque no tenga otra alternativa. Pero en general, en las sociedades occidentales el sistema funciona muy bien. Y funciona mucho mejor cuanto menos interviene el estado en estos tratos.
Lógicamente, este tipo de relaciones económicas no resulta del agrado de las empresas. Sí, queridos lectores: el libre mercado no perjudica a los trabajadores; perjudica a las empresas. Porque les obliga a ser eficientes, a controlar sus costes y a limitar sus precios, so pena de ser aniquiladas por otro competidor más capaz.
Para cualquier empresa, la situación ideal es el monopolio, o en su defecto el oligopolio. Si el mercado es tuyo y no pueden entrar competidores, puedes poner el precio que quieras. Y si la contrapartida al monopolio es, como sucede en muchos casos, un precio tasado, puedes ahorrar en calidad sabiendo que tus clientes están obligados a comprar cualquier bazofia que ofrezcas.
Ese es el capitalismo salvaje. El que deja a los consumidores a merced de los poderosos. El que garantiza a los niños bien de familia bien que las empresas de sus papás contarán con el favor del gobierno, que no permitirá que un arribista les haga la competencia.
Y ese capitalismo salvaje es el que padecemos en gran medida en España. Basta ver el origen de las grandes fortunas nacionales para darse cuenta de quién en España es rico sin que lo fueran sus padres o sin que mediara el favor político en forma de concesión de suelo o de cualquier otra índole.
Lo ocurrido con Endesa es otra muestra de capitalismo salvaje. Un gobierno que decide que él sabe mejor que los miles de accionistas de la compañía lo que hay que hacer con ella, y maniobra una y otra vez para impedir que los accionistas puedan actuar con libertad según las reglas del mercado. Un capitalismo que supone el concierto entre los "ricos de toda la vida" y el gobierno, entre unos políticos y otros. Un capitalismo que protege al fuerte y deja desvalido al débil. Capitalismo salvaje.
Lo peor, con todo, es que las consecuencias del capitalismo salvaje no las sufren sólo los que directamente ven impedida su capacidad de actuar libremente en el mercado. Las sufrimos todos, porque a partir de ahora, los inversores de todo el mundo saben que en España no opera el libre mercado, sino el capitalismo salvaje.
Excusatio et vindicatio
Después de un montón de tiempo sin escribir por distintas razones voy a romper mi silencio para hacer un post ombliguista, que no interesará a nadie más que a los cuatro gatos que escriben en Red Liberal. No me gusta nada, pero me veo obligado a hacerlo por si se diera el caso de que algún lector de Emilio Alonso lo fuera también mío.
Eso sí. Escribo este post y ninguno más sobre el tema. Solventados algunos asuntillos que me han tenido alejado del blog, antes de que el gallo cante habré escrito sobre Endesa, y no creo que vuelva a ser martes antes de que publique algo sobre el 11-M.
Vamos al asunto. Les pongo en antecedentes. Resulta que un co-blogger de Red Liberal, de nombre Emilio y mote Freelance, colabora en algún programa de radio con un señor apellidado De Diego. Este señor De Diego, cuando no está ocupado inventándose plagios inverosímiles, acostumbra a vilipendiar a Federico Jiménez Losantos, César Vidal, Casimiro García Abadillo, Fernando Múgica, Pedro J. Ramírez y Luis del Pino. (Creo que no me dejo a nadie). Hasta ahí, nada fuera de lo normal.
El caso es que en uno de sus últimos programas, y según cuentan en Batiburrillo, de Diego acusó a los bloggers de Red Liberal de estar a sueldo de Libertad Digital. Tampoco hubiera reaccionado a esto, pero Emilio, que es blogger de Red Liberal y no está a sueldo (supongo) de Libertad Digital, remata la jugada de De Diego con un post en el que afirma:
Otros, sin embargo, parecen haber visto en todo esto la oportunidad para significarse y para obtener, a través de una defensa rayana en la obsecuencia de la línea editorial de Libertad Digital, un empleo en alguno de los medios que lo conforman.[...]en todo caso, vista de ese modo, la afirmación de Enrique de Diego ya no está tan carente de razones. Refinada y reconstruida, podría quedar en que algunas personas que escriben en Red Liberal aspiran a obtener un sueldo de Libertad Digital a través de la militancia acrítica en su línea editorial, y que dicha estrategia funciona. Dicho así, yo también lo creo.
Y esto no lo puedo dejar pasar, por venir de quien viene. De modo que aquí va la excusatio:
- Mi sueldo me lo pagan Enrique De Diego, Emilio Alonso y muchos más. Incluidos los trabajadores y los propietarios de Libertad Digital. Es lo que tiene ser funcionario.
- Cobro un sueldo decente. Menos de lo que me merezco, of course, pero suficiente para dar de comer a mis hijos, pagarles el colegio y vestirles con decencia. No necesito, para completarlo, hacer nada que no me apetezca.
- Colaboro (menos de lo que debería) en Libertad Digital, escribiendo sobre software libre. El dinero que he ganado con esas colaboraciones es menos que el ingresado por Adsense en mis bitácoras.
- Por si no ha quedado claro lo anterior: escribo lo que quiero, cuando quiero, y porque quiero. Nadie me paga por ello. Y nadie me ha dicho nunca, ni en Red Liberal ni en Libertad Digital, qué debo decir con respecto a ningún asunto.
- Por si acaso esto importa: de todos los anteriores, solo conozco personalmente a Emilio Alonso, con quien coincidí blogueando en la convención del PP. Tengo, eso sí, un cuñado que estudió con Luis del Pino y que habla con él de vez en cuando. Ignoro si eso me hace sospechoso de algo.
Y la vindicatio:
- Federico Jiménez Losantos y César Vidal son humanos, y como tales cometen errores. Pero cualquiera que pretenda negar lo que han hecho y hacen por extender la idea de libertad entre los españoles o es un ignorante o tiene motivos ulteriores.
- RedLiberal ha sido y es para mí una fuente constante de referencias, información, debate e ilustración. Claro que hay mucha paja entre el grano (sin ir mas lejos, este mismo post), pero no pasa un día sin que se pueda leer algo interesante.
- Agradezco públicamente a Daniel Rodríguez Herrera tanto la oportunidad de sindicar Diarios de las Estrellas como la generosidad al alojarlo. Sin Daniel, esto no sería lo que es.
- Agradezco también a Daniel su esfuerzo generoso y desinteresado por crear vías de comunicación tecnológicas entre los liberales hispanos. Blogs, redes, foros, listas de correo... temo el día en que se le ocurra tener descendencia y su tiempo se vea limitado.
- Es justo reconocer el respeto que Daniel ha tenido siempre por los bloggers alojados en RedLiberal y por su libertad de expresión. Y también se debe reconocer su resistencia a participar en peleas en el barro. Probablemente el éxito de RedLiberal y el fracaso de otras iniciativas se deba a que es preciso ser primero generoso para después recibir alguna recompensa.
- Libertad Digital es uno de los medios que leo todos los días, más por las opiniones de sus colaboradores que por su información, y defiendo mi derecho a citarlo todas las veces que me de la gana. Es más, aunque la contribución que pueda hacer desde esta humilde bitácora a su posicionamiento sea infinitesimal, prefiero que esa contribución vaya a LD y no a cualquier medio políticamente correcto.
Eso es todo. A partir de ahora, ignoraré cualquier otro comentario de cualquier individuo que no sea capaz de mostrar los cheques recibidos por escribir al dictado, y seguiré despreciando a los cicateros que envidian los éxitos ajenos.
Subvenciones obscenas
A estas alturas, ya todos mis lectores habrán oído hablar del escándalo de las fotografías obscenas de Montoya. En todas las tertulias, a las expresiones sulfuradas del tipo "¡es una cosa repugnante!" le suele seguir algo del tipo "¡y encima pagado con dinero público!".
Qué quieren que les diga. A mí lo que me parece repugnante es que el Estado pague cualquier libro o exposición de fotos. Aunque sea de monjas de clausura cocinando dulces. Lo que es indignante es que el Estado se dedique a meter la mano en nuestro bolsillo y quitarnos el dinero que tanto nos cuesta ganar con la excusa de que lo va a dedicar al bien común, y después se lo gaste en libros.
Oiga, para eso déjeme a mí mi dinero y ya me compraré yo el libro que quiera. O me lo gastaré en vino y mujeres de moral distraída, que para eso es mi dinero.
Y es que desde el momento en que se crea un ministerio, una consejería o una concejalía de cultura, están puestos los cimientos de la corrupción, del gasto discrecional y del favoritismo. Da igual que el político de turno sea furibundamente ateo y pague un libro que ofende a los católicos o que sea un meapilas y pague una exposición de imágenes sacras. Ambas cosas son igualmente execrables.
Alguno pensará "pero es que financiar una exposición de Zurbarán contribuye a elevar el nivel cultural de los ciudadanos, y una exhibición de cristos empalmados lo degrada, ¿cómo va a ser lo mismo una cosa y otra?".
Pues lo es, sencillamente, porque cuando aceptas que el Estado financie exposiciones de Zurbarán sabes que lo hace con el dinero de gente que sólo iría a verlas esposado y acompañado por la Guardia Civil. Y entonces admites que ese mismo Estado atienda a otra gente con gustos distintos y que también paga impuestos, y financie una exposición sobre fotografías feministas búlgaras. O, por qué no, fotografías pornográficas.
Una vez que le cedemos al Estado la capacidad para financiar "algo", es difícil establecer un límite entre lo que es adecuado financiar y lo que no lo es. Si las fotografías de Montoya fueran igual de malas pero no pornográficas ¿podrían ser sufragadas con dinero público? Si un político puede pagar una exposición de pintores renacentistas, ¿no puede pagar una de "jóvenes valores" contemporáneos?
Si el Estado no se metiera a galerista y editor, probablemente Montoya nunca habría expuesto esas fotografías ni se hubiera publicado un libro con ellas. Se las hubiera enseñado a un galerista profesional, que sabe que debe ganar dinero vendiendo arte, y éste le hubiera dicho "verás, chato, si cuelgo eso muchos clientes van a dejar de serlo, así que si quieres exponer la próxima vez trae algo decente y que guste". Y allí se acabaría la carrera de provocador de Montoya.
O tal vez encontrara un público dispuesto a pagar por sus "obras", y un galerista dispuesto a hacer dinero con ello. Todos ellos harían uso de su libertad, y no obligarían a nadie a pagar sus excentricidades. Los católicos dedicarían su dinero a financiar exposiciones de "Las Edades del Hombre", y serían felices.
Incluso es posible que alguien hiciera arte mofándose de Pablo Iglesias, Stalin y el Che Guevara, y encontrara un público dispuesto a pagar por esas obras. Unas obras que, ahora mismo, serían impensables en una comunidad como Extremadura, porque hemos permitido que los que dicten lo que se puede exponer sean los políticos y no los ciudadanos.
La liturgia de la democracia
¿Es compatible ser liberal con ser patriota? Hay quien lo niega: para ellos el patriotismo es uno más de los recursos del Estado para someternos acríticamente a sus dictados. Sostendré aquí la opinión contraria: un liberal, si vive en una democracia, no solo puede sino que debe apoyar el uso de símbolos de la patria como la bandera y el himno.
Los símbolos importan
Una de las consecuencias del Concilio Vaticano II fue el descrédito de los símbolos litúrgicos. Desde los años setenta abundaron los curas que oficiaban vestidos de calle, las misas animadas por guitarras y cancioncillas, los ritos simplificados, la desaparición de objetos litúrgicos en el altar... La teoría era que toda el rito y la liturgia eran artefactos, excrecencias producidas por siglos de catolicismo que dificultaban el acceso al verdadero sentido del acto.
Ahora, muchos años después, la Iglesia Católica insiste en la importancia de la liturgia, de los símbolos, de usar música religiosa en los templos. Incluso se contempla volver a permitir misas en latín según el rito tridentino. ¿Está la iglesia dirigida por curas retrógrados? Es una explicación, pero en realidad lo que parecen haber entendido es que al abandonar los ritos y la liturgia se perdió algo esencial. Como dicen los americanos, tiraron también al bebé con el agua del baño.
Los seres humanos necesitamos símbolos para implicarnos emocionalmente. Una misa con toda la parafernalia de la liturgia tradicional evidencia que estamos delante de algo importante. Aunque desconozcamos el nombre de los objetos que maneja el sacerdote, aunque ignoremos el significado preciso del color de sus ropajes, aunque no alcancemos a entender cada uno de sus gestos o palabras. Un señor con vaqueros y un jersey viejo que reparte trozos de pan mientras unos jóvenes cantan una canción de Simon & Garfunkel con la letra cambiada no nos hace pensar que nos encontremos con algo más relevante que un campamento scout.
Los símbolos importan. Por eso tanta gente se casa de blanco y en la iglesia. No solo porque "es más bonito", sino porque expresa que esa ceremonia algo especial. Porque el vestido blanco, el chaqué, el órgano, el arroz, la cena pantagruélica y hasta el sombrero ridículo de la suegra nos ayudan a comprender la importancia de lo que allí se celebra. Y por eso se editó hace poco una guía de "ritos laicos" para bodas y entierros civiles. Porque hasta los laicos más progresistas y descreídos necesitan ritos y ceremonias en los momentos trascendentales.
Hace muchos años, cuando en el Ayuntamiento de Madrid todavía gobernaba el PSOE, fui con la que entonces era mi novia a un concierto de Mercedes Sosa y Quilapayún. Por motivos que no hacen al caso, nos encontramos sentados en primera fila, en los asientos reservados para los altos cargos. Pues bien, cuando Quilapayún arrancó con "El pueblo unido jamás será vencido" todos a nuestro alrededor se pusieron de pie y cantaron con ellos. Un barbudo que estaba a nuestro lado, al ver que permanecíamos sentados, nos indicó que debíamos ponernos de pie exactamente con el mismo gesto con que una beata indicaría a un despistado que debe levantarse en misa. Para él, aquello era más que un concierto: era una ceremonia, y levantarse formaba parte de la liturgia.
El estado protector
A partir de aquí los ancap ya no estarán de acuerdo conmigo, pero qué le vamos a hacer. Yo creo que es bueno que exista un estado mínimo, al menos hasta que la tecnología y la cultura nos permitan sustituirlo sin sufrir graves pérdidas de todo tipo.
Ahora bien, ese estado, para ser legítimo, debe cumplir dos condiciones:
- Ser democrático, es decir, permitir que el pueblo pueda elegir periódicamente a sus dirigentes.
- Ser un estado de derecho. Esto es, que existan normas legales conocidas y que todos los ciudadanos deben cumplir de igual manera.
Un estado democrático de derecho no es algo que debamos dar por supuesto. En España no lo hubo hasta hace treinta años, y no pueden disfrutarlo muchos millones de personas en todo el mundo. Por eso, aunque uno pueda discutir si los detalles acerca de la articulación concreta de este estado son los mejores posibles, es importante no caer en relativismos.
¿Que nuestro senado es absurdo por irrelevante? De acuerdo. ¿Que el "Estado de las Autonomías" es un invento del demonio? También de acuerdo. ¿Que nuestra Constitución está plagada de buenismos socializantes? Totalmente de acuerdo. Pero, con eso y con todo, de momento vivimos en un estado en el que yo puedo escribir pestes del presidente de mi gobierno sin ir a la cárcel, y existe la posibilidad (aunque sea remota) de ver a un ministro entre rejas si comete un delito.
Alguno pensará que todo esto está muy bien, pero que eso no implica llevar la bandera rojigualda en una manifestación o en el maletero del coche, ni ponerse de pie cuando suena el himno. Al fin y al cabo, ¿qué tiene que ver la democracia con la patria? ¿No hay canallas que usan la patria como justificación de los abusos del estado?
La patria y los símbolos
Efectivamente, se ha usado y se usa la patria para unir a los simples en torno a una idea política. Lo hizo Franco y lo hace exactamente igual ERC. Y lo hacen porque funciona. Porque la inmensa mayoría de la gente no es capaz de comprender y elaborar una teoría política completa, del mismo modo que no es capaz de valorar la importancia teológica de una liturgia desnuda de símbolos.
La mayoría de las personas no actúan guiados por la razón, sino por sus sentimientos. Si quieres que la gente vaya a misa los domingos, tienes que hacer que la misa sea algo especial, que alcance su corazón. No puedes hacer un grupo de discusión sobre la opción preferencial por los pobres, porque la mayor parte de la gente se aburrirá al cabo de unas sesiones y dedicará su tiempo a otras ocupaciones más estimulantes. Y si quieres que la gente entienda el valor de vivir en democracia, y defienda sus derechos, debes ser capaces de estimular sus sentimientos, y no solo su razón.
En Estados Unidos tienen muy claros algunos valores políticos, como la igualdad y la libertad. Para un norteamericano, los soldados que hacían ondear la bandera en Iwo Jima estaban expresando literalmente que la libertad y la democracia se imponen al fascismo y la tiranía.
La izquierda y los nacionalistas son muy conscientes de la importancia de los símbolos, y tienen toda una panoplia de ellos, desde la efigie del Che hasta las banderas autonómicas (nacionales para ellos) pasando por las banderas rojas o las cubanas. Ese socialista que se levantaba emocionado para cantar "el pueblo unido jamás será vencido" hace unos años estaba haciendo algo más que cantar: estaba proclamando su adhesión a unas ideas, a un credo, a unos valores.
Casi todo lo que escribo aquí, y lo que comentan mis lectores, importa entre poco y nada a la inmensa mayoría de los españoles. Jiménez Losantos, por ejemplo, se queja de los españoles que sólo piensan en la cañita del mediodía y las vacaciones de verano. Pero quejarse de eso es como quejarse de la ley de la gravedad. Es un hecho que la mayor parte de la gente no funciona por razones, no busca información objetiva. Busca una identidad y unos sentimientos.
Por eso no podemos dejar que sean solo las izquierdas y los nacionalismos los que proporcionen identidades y sentimientos. Y por eso es importante que la democracia tenga símbolos. Necesitamos que cuando un español vea la bandera sienta, como le pasa a un americano, que en esa bandera es símbolo de libertad y de igualdad. Que al oír el himno se sienta orgulloso de pertenecer a una nación que defiende los valores esenciales de las democracias.
No es un asunto baladí. Podemos vivir en nuestras torres de marfil y enviarnos mensajes de blog a blog, de foro político a asociación liberal. Podemos ser selectos y exquisitos y profundos y brillantes en el debate sobre el estado mínimo y la escuela austriaca y el anarcocapitalismo y demás historias. Nada tendrá apenas reflejo práctico en la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos. Si queremos de verdad que los valores de libertad, igualdad y justicia sean importantes para ellos, necesitamos expresarlos con banderas, himnos y amor a la patria.
Alcaraz
Uno de los deportes favoritos de algunos bloggers liberales (de Red Liberal y fuera de ella) es el tiro al facha. Por "facha" entienden, naturalmente, a Federico Jiménez Losantos y César Vidal, a los bloggers de Red Liberal que sostienen posturas próximas a un liberalismo moderado y conservador y a los conspiranoicos que quieren saber lo que pasó el 11-M.
Hasta ahí, me parece perfecto. Yo tengo mi opinión, por ejemplo, sobre si es posible ser "liberal y de izquierdas". Y lanzar puyas a alguien para crear polémicas y ganar así audiencia es una estrategia legítima. Lo hizo Jiménez Losantos, lo hace ahora Luis del Olmo, lo hacen algunos bloggers. Como espectáculo atrae a mucha gente y es mucho más elegante que las crueles luchas de gladiadores. Si además sabes hacerlo con ironía, como FJL, pues hasta resulta divertido. Esta mañana decía, por ejemplo: "Hoy José María García, ayer Luis del Olmo... a este paso mañana vamos a poner declaraciones de Bobby Deglané". No es un insulto, pero tiene que escocerles a estos que fueron grandes locutores en el siglo pasado.
Desgraciadamente muchos no están dotados para la ironía, y simplemente dan la impresión de escribir mientras sufren en silencio las hemorroides. Normalmente no tiene mayor importancia, porque cada cual acaba teniendo la audiencia que busca. Jamás criticaré a la telebasura ni a las revistas del corazón. Si tienen un público, me parece perfecto que ganen dinero con él. Yo me limito a ver CSI y poca cosa más.
Ahora bien, creo que no todo vale, seas periodista en televisión o escribas en un blog pequeñito que leen cuatro amigos. Me repugna, por ejemplo, quien se burla cruelmente de alguien con una deficiencia psíquica. Es inmoral que, como oí el domingo en Esto es vida, en un programa de televisión se hurgue en el bolso de una famosa y se muestren antidepresivos o se lea un prospecto de un medicamento con indicaciones que pueden resultar humillantes.
Y es asqueroso que se insulte gratuitamente a una víctima del terrorismo calificándolo de payaso, personaje pintoresco o ridículo. Calificativos todos que son gratuitos y, en todo caso, subjetivos. Si a Carlos López Alcaraz le parece todas esas cosas, el problema lo tiene Carlos López.
¿Podría encontrar la AVT algún portavoz con mayor facilidad de palabra y mayor cultura? Sin duda. Se me ocurren, así a bote pronto, Irene Villa y Teresa Jiménez-Becerril. Y podría ser un debate interesante si a la AVT le vendría mejor tener como portavoz a una de estas señoras o a un hombre sencillo que se expresa sin florituras y que no tiene la voz de Plácido Domingo ni la prosodia de Castelar. Yo os confieso que me emocioné cuando, en el discurso en la plaza de la República Dominicana se le quebraba la voz al hablar de sus sobrinas. Lo que le falta en oratoria, le sobra en dignidad, y sentido común.
Ha sido elegido presidente de la AVT, además, en circunstancias difíciles, lo que para mí ya es suficiente legitimidad. La gran mayoría de las víctimas del terrorismo ha decidido que Alcaraz vuelva a ser su representante. Se pueden criticar sus declaraciones o sus actuaciones sin ser un canalla, como se puede criticar una decisión judicial sin ser un fascista (sólo faltaría). Pero, como representante elegido por las víctimas, se le debe un respeto hacia su persona.
Carlos López, por desgracia, no plantea el asunto desde el respeto ni desde el interés por las víctimas del terrorismo asociadas a la AVT. Carlos López arremete vilmente contra un hombre al que le han matado a un hermano que apenas dejó de ser niño y a dos sobrinas pequeñas, y que está siendo machacado sistemáticamente por el Gobierno y sus medios afines. Insultos gratuitos, descalificaciones, juicios de intención (pretende cargarse al Partido Popular) y la inevitable acusación de "¡fascista!" tan querida por los pobres de espíritu en nuestro país.
Veamos la parte positiva: en Red Liberal cabemos gente que escribimos cosas tan distintas como Carlos López y yo. Yo en general estoy contento de estar no sólo sindicado, sino alojado en Red Liberal gracias a la generosidad de Daniel.
A pesar de ese tufillo a vómito de bilis que a veces se respira por aquí.
Nadie es tan listo como todos
El otro día mi hija pequeña me estaba pidiendo algo insistentemente (ya sabéis: "papá, papá, papá, papá") y, en broma, le dije: "yo no soy papá". Ella respondió rápida "sí eres", pero yo repliqué "¿y cómo lo sabes?". Se quedó pensando un poco y me dijo muy seria: "tienes que ser, porque todos lo dicen."
Me he acordado de esta anécdota, que demuestra que mi hija no tiene un pelo de tonta, leyendo este post de Carlos López. Su tesis es que las masas se equivocan, y que aceptar acríticamente lo que dice la mayoría es propio de perezosos intelectuales.
Efectivamente, como dice Carlos, si salimos a la calle y preguntamos a la primera persona con la que nos crucemos su opinión sobre el cambio climático, probablemente nos dirá que es un peligro real y que debemos actuar para evitarlo. Lo cual, en mi opinión, está terriblemente equivocado. Y se justifica solo porque es complicado tener una cultura suficiente con respecto a la ciencia.
Para aprender lo mínimo que necesitas saber sobre pintura antes de ir al Museo del Prado basta con encerrarse un par de tardes con algunos libros. Uno descubre quiénes fueron Goya y Velázquez, aprende por qué pintaban lo que pintaban y por qué lo pintaban como lo pintaban, y puede disfrutar de una tarde muy agradable entre cuadros. Por supuesto, si tienes algo más de cultura, disfrutas mucho más. Recuerdo que una vez le estaba explicando a mi hijo mayor, delante de un cuadro, que las tres "brujas" que Goya había pintado eran las parcas que él había visto en la película Hercules de Walt Disney. Un señor argentino me oyó, se acercó y estuvimos hablando un ratillo de las parcas, de Serrat y de mitología griega. Pero, por supuesto, puedes ver el cuadro sin saber lo que hacían esas tres señoras con los hilos de las vidas de los griegos.
Con el tema de la ciencia ya es más complicado. Hace ya casi tres años, escribí que no se puede entender el mundo en el que vivimos sin conocer al menos algunos conceptos básicos en ciencia y las matemáticas mínimas para manejarlos. Desgraciadamente, eso implica un esfuerzo mayor, y mucha gente, incluso muchos que se consideran a sí mismos personas cultas, no están dispuestos a realizarlo. Con lo cual, si yo fuera el director de investigación de una multinacional no preguntaría en una encuesta si debo dedicar más recursos a la nanotecnología, por ejemplo.
Pero ¿y las decisiones que tienen que ver con el sentido común? ¿qué pasaría si sometiéramos a votación pública y abierta cuestiones como la ampliación de una carretera, o la construcción de más escuelas o más hospitales, o la presión fiscal, o las medidas para reducir el consumo de tabaco?
Dicho de otra forma ¿quién tomaría mejores decisiones en estos campos: el político asesorado por expertos (que es quien las toma ahora) o la gente común?
Pues, aunque parezca sorprendente, lo cierto es que probablemente en cada uno de esos casos la solución propuesta por "la masa" sería mejor que la elegida por el político.
La explicación está en un fenómeno que ya observó Francis Galton en el siglo XIX: la sabiduría de los grupos. Contrariamente a lo que cree Carlos, las respuestas del público en "¿Quiere ser millonario?" son mejores que las de los expertos. Lo explica James Surowiecki en su libro The Wisdom of Crowds.
¿Por qué se produce esto? Pues no he visto ninguna explicación, así que propongo la mía: la realidad es compleja, y cada uno de nosotros está entrenado para analizar unas pocas señales de todas las que nos llegan cada segundo de dentro y fuera de nuestro cuerpo. En general, esto se nos da bien (más que nada porque los que no aprenden a hacerlo tienden a morir jóvenes), pero inevitablemente despreciamos mucha información interesante que percibimos pero que no llegamos a procesar.
Sin embargo, no todos despreciamos la misma información, ni tenemos el mismo marco referencial (o la misma cultura) para interpretar un nuevo dato. Así que, en conjunto, somos capaces de interpretar más datos relevantes, y de referenciarlos a más información pertinente, que lo que puede hacer un solo individuo, por muy perspicaz y culto que sea.
A esto hay que sumarle que la práctica totalidad de los fenómenos que nos interesan son fenómenos complejos y dinámicos, es decir, caóticos. Y por tanto difíciles o imposibles de predecir con exactitud.
Por tanto, reformulando la pregunta ¿quién puede tomar una decisión mejor: un político que tiene información parcial (y además sesgada) sobre un tema en el que desconoce las consecuencias futuras de su decisión, o una multitud con informaciones también parciales pero complementarias entre sí, y con más experiencia colectiva acerca del resultado de decisiones similares?
A los socialistas les gusta pensar que es el primero. Los liberales sabemos que son los segundos.
5 razones por las que los minipisos son injustos
1. De los destinatarios de la medida, sólo algunos podrán accederán a ella. Esos tendrán el 100% de la ayuda, el resto el 0%. Lo justo sería que todas las personas que necesitan los pisos tuvieran una ayuda igual.
2. Los que no pueden beneficiarse de los pisos, pagan además los pisos de los agraciados. Es decir: antes de la operación Trujillo, todos los estudiantes son iguales. Después, unos han sido premiados con miles de euros, y otros han perdido el dinero de sus impuestos que ha ido a parar a sus colegas afortunados. No solo no tienen piso, sino que tienen menos dinero para conseguir uno en el mercado porque se han visto obligados a subvencionar el de los afortunados.
3. Incluso las personas más desfavorecidas, que viven de pensiones mínimas, pagan impuestos como el IVA. Parte de esos impuestos va a ir a parar a estudiantes que en la inmensa mayoría de los casos no tienen ningún problema económico. Con la medida de Trujillo, los pobres subvencionan la vivienda a los ricos.
4. La condición de estudiante universitario es transitoria y voluntaria, y el que la asume lo hace porque espera, una vez finalizados sus estudios, conseguir un trabajo con mejores condiciones. Es decir, actúa en su propio interés. En otros países existe la sana costumbre de trabajar para pagar los estudios, o de contratar créditos que son devueltos cuando se accede al mercado laboral. Lo justo sería, por tanto, que los beneficiarios de los minipisos devolvieran el importe con el que toda la sociedad les ha ayudado cuando accedan al mercado laboral como universitarios.
5. La asignación de pisos a estudiantes no puede hacerse con criterios justos de ingresos por estudiante. No podemos tener en cuenta la familia de la que proceden, porque precisamente se trata de permitir el acceso a la vivienda a estudiantes que viven independientemente de su familia. Pero entonces, si miramos la declaración de la renta del estudiante, el niño de papá que nunca ha trabajado tendría preferencia sobre el hijo de un trabajador modesto que ha tenido que trabajar para ayudar a su familia a mejorar sus ingresos.
Conclusión: la medida, como tantas otras destinada presuntamente a favorecer a un colectivo con necesidades especiales, supone en la práctica una injusticia que favorece a unas personas determinadas perjudicando a otras con iguales o mayores necesidades de ayuda estatal.
Agua y libertad
Al parecer, en China andan escandalizados porque los vinos baratos tienen más de agua que de vino. El precio de estos "vinos" baratos ronda los 10-20 céntimos de euro, cuando un vino medio cuesta un euro.
A mí esto me recuerda a una historia que me contaba mi madre. Mi abuela, después de la guerra civil, vendía leche para poder ingresar algo de dinero (mi abuelo perdió su negocio y estuvo a punto de perder la vida por ser socialista). El caso es que, como buena capitalista, para maximizar el beneficio le añadía agua a la leche.
Ella nunca tuvo mala conciencia. Decía: "muchas clientas quieren leche, y no hay. Así les vendo a todas, y gano más. Todas ganamos".
Y lo cierto es que tenía razón. Por supuesto que sus clientas sabían que la leche que compraban no era como la del pueblo, pero también el café era achicoria, y el pan tenía otros ingredientes además de trigo. El caso es que, en ese momento de necesidad, la calidad pasaba a un segundo plano. Si alguien pretendiera vender hoy leche rebajada con agua, probablemente se quedaría sin clientes en muy poco tiempo.
Con los vinos chinos pasa algo parecido. Hay demanda de vinos baratos, y comerciantes que dan algo que se parece al vino, con un precio que sus clientes pueden pagar. Cuando esos clientes tengan más dinero y más educación, no aceptarán agua coloreada, del mismo modo que en España ya no queremos el vino peleón que tomaban nuestros padres.
Esos empresarios, los chinos y mi abuela, prestan un servicio a sus clientes, que pagan voluntariamente un precio que consideran justo por el producto que reciben a cambio. Cuando nadie quiere pagar barato por tener un producto de mala calidad, éste deja de fabricarse.
Entonces ¿para qué necesitamos a un Estado con una inspección de consumo que limite la libertad de los empresarios para vender productos de mala calidad y la de los cientes de comprarlos?
Cuando el Estado no garantiza tus derechos
Hace poco saltó a los periódicos el caso de un hombre al que, aprovechando que dejó su casa vacía por unas obras, unos jetas se la "okuparon". Él llamó a los mozos de escuadra, que de entrada le pidieron que demostrara que el piso es suyo y después pasaron el caso a un juez, que lo está estudiando. El hecho es que lleva mes y medio sin poder entrar en su casa porque ni la policía ni el juez han actuado para desalojar a los ocupadores.
Una situación extrema, pero mucho más frecuente de lo que nos gustaría. El Estado asume el monopolio de la violencia, para garantizar la seguridad y los derechos de todos. Y nos gusta pensar que estamos protegidos, que si tenemos un problema con un delincuente podemos contar con la policía para que le detenga y con la justicia para que le castigue.
Sin embargo, con demasiada frecuencia, lo que comprobamos es que no es así. Las mujeres amenazadas no pueden contar con la protección de la policía, que en el mejor de los casos se limita a apresar al asesino después de que haya cometido su delito. Los propietarios de viviendas que sufren un asalto deben rezar para que sus agresores no sean violentos y se limiten a robarles, porque no hay ninguna esperanza de que la policía llegue a tiempo de detenerles.
Por supuesto, un ciudadano honrado no puede tomarse la justicia por su mano: es delito. Aunque la policía sea ineficaz persiguiendo a delincuentes profesionales, sí actúa con contundencia contra el ciudadano que paga sus impuestos, que tiene un domicilio fijo y que usa su carnet de identidad sin falsificar. Y es que, para el Estado, es mucho más peligroso un ciudadano armado que dispara a un ladrón que un delincuente que asesina a una víctima inocente.
Lo que sucede es que todo tiene un límite, incluso la paciencia de los ciudadanos decentes. Por ejemplo imaginad que, como le sucede al señor del que hablábamos al principio, vivís en Barcelona, donde el jefe de la policía y la tercera teniente de alcalde están a favor de despenalizar el asalto de viviendas y no actúan contra los delincuentes. Imaginad que si alguien se cuela en una vivienda de vuestra propiedad tienes que esperar cinco o diez meses, si todo va bien, hasta que consigues recuperarla. Imaginad que la policía y los jueces se aplican con todo su afán en garantizar los derechos de los asaltadores. ¿Qué puedes hacer?
Pues, como siempre, acudir al mercado y contratar a alguien que sea capaz de echar a los asaltantes. En Barcelona ya hay quien te ofrece el servicio de "reocupar" tu vivienda, poner en la calle las pertenencias de los delincuentes y dejarles claro que vana a tener problemas si intentan volver a instalarse allí. Cuesta algo de dinero, pero desalojas tu casa en unas pocas semanas.
Por supuesto, los abogados lo desaconsejan, porque es delito recuperar lo que es tuyo por la fuerza y sin contar con esa policía y esos jueces que tardarán meses o años en hacerlo. Pero, con un Estado que se niega a proteger tus bienes y que defiende al delincuente, ¿qué otra alternativa te queda?
No podria soportar otra decepcion
Me entero por Daniel de que se está preparando una versión cinematográfica de La Luna es una cruel amante. Como probablemente sabréis, es una de mis novelas favoritas, esas que lees de adolescente y que te siguen acompañando toda la vida.
Por Red Liberal (y más incluso por liberalismo.org) abundan los bloggers sesudos, influidos por sus lecturas de Hayek y Friedman (q.e.p.d.). Yo, qué le vamos a hacer, soy más de andar por casa, y he llegado al liberalismo a través de la ciencia en general y la ciencia ficción en particular. Y una de las lecturas que más me ha marcado, sin duda es esta obra de Heinlein. No en vano mi nick corresponde al protagonista de la novela (¿o no es el protagonista?).
Debería alegrarme la noticia, pero prefiero no hacerme ilusiones. Después de los desastres de El hombre bicentenario" y "La Guía del autoestopista galáctico", no podría soportar una tercera decepción. Ni siquiera ví "Yo, robot", porque desde que me enteré de que el protagonista era Will Smith me era inevitable pensar en un bodrio como Independence Day.
Obiang y los 50000 euros
Se ha destacado mucho el gesto de Obiang de sacar 50.000 euros y repartirlos entre sus seguidores que habían acudido a aplaudirle. El Mundo hoy en su edición de papel hablaba de "colofón esperpéntico a la visita", en la línea de Esther Esteban.
Yo, la verdad, no sé a qué viene tanto escándalo. No soy capaz de ver la diferencia con lo que hacen nuestras administraciones central, autonómica y local cada día.Una búsqueda en el BOE por el término subvenciones da un resultado de nada menos que 15.908 entradas. No se corresponde exactamente con 15.000 convocatorias de subvención, pero da una idea de lo importante que es para todas las administraciones la tarea de repartir dinero.
Alguno pensará "hombre, es que Obiang mantiene a su pueblo en la miseria, es el dueño de todas las empresas y luego reparte dinero como si fuera suyo". Pues un tanto a favor de Obiang. Al menos no les quita el dinero a los ecuatorianos. A mí el estado me quita el dinero que he ganado trabajando, para repartirlo según su capricho.
Y no hay ninguna diferencia entre repartir el dinero entre los asistentes a un acto o de exaltación del dictador o asignarlo a entes de promoción deportiva. ¿Que el deporte es bueno? Pues que se lo pague el que lo crea así. Si el Estado no nos confiscara una parte del sueldo, el aficionado al fútbol tendría dinero para pagar la equipación de su club y el mantenimiento de sus instalaciones, y el ciclista podría tener una bicicleta mejor. Con el sistema actual, si el club de fútbol del primero es más ágil al presentar la solicitud que la agrupación ciclista del segundo, los ciclistas pagan las equipaciones a los futbolistas. Simplemente, porque le ha dado la gana a un burócrata. Igual que le da la gana a Obiang de premiar a sus admiradores.
Y todo esto, suponiendo que la administración actúe imparcialmente. Pero los miles de funcionarios y políticos que deciden a quién regalan los centenares de millones de euros que reparten cada año no son todos ellos entes seráficos que actúan siempre con justicia y equidad. Es inevitable que las preferencias personales, los criterios ideológicos o el simple amiguismo determinen el destino de la mayor parte de ese dinero.
Pero claro, es más fácil criticar a Obiang que a los repartidores de dinero locales...
Complejidad y liberalismo
Una de las claves del éxito de las sociedades que aplican el principio liberal de minimizar la intervención del Estado, es la naturaleza caótica (en el sentido científico del término) inherente a la complejidad de las sociedades humanas.
Desde los últimos treinta años, sabemos que el comportamiento de un sistema complejo es imposible de predecir. Un sistema complejo es el clima, por ejemplo, y por eso no seremos nunca capaces de saber la temperatura o las precipitaciones del mes siguiente con exactitud. Pero también son complejos sistemas aparentemente simples como el goteo de un grifo o los latidos del corazón.
Las sociedades humanas son extraordinariamente más complejas que los sistemas más complejos que los científicos son capaces de modelizar. Incluso si nos limitamos a las interacciones económicas, la multitud de actores con intereses propios y la variedad de decisiones que pueden tomar, que influyen además en cadena en las reacciones de terceros hace imposible un conocimiento preciso de estos sistemas.
Por este motivo, a lo más que pueden llegar los economistas es a observar los sistemas, y describir su comportamiento a posteriori. De ahí la frase de "un economista es alguien capaz de explicar por qué no ha sucedido lo que él mismo había dicho que sucedería".
Esta reflexión repele a muchos, porque estamos entrenados para identificar causas y efectos y para actuar en función de modelos hipersimplificados de la realidad. Y así la mayor parte de los políticos cree que su misión es recopilar datos y, aplicando su ideología a esos datos, decretar la aplicación de medidas que mejoren la situación.
El último ejemplo es el candidato a alcalde de Madrid, Miguel Sebastián, que dijo ayer que en España caben 200.000 inmigrantes más cada año. ¿Por qué 200.000 y no 150.000 o 250.000? Pues porque el señor Sebastián cree que tiene la información y los modelos y se cree capaz de conocer de antemano el impacto de esos 200.000, 0 250.000, o 150.000 inmigrantes.
La realidad es que nadie predijo hace 10 años la tasa de inmigración que iba a tener España, y nadie es capaz de pronosticar qué ocurrirá dentro de 10 años. Ante esta realidad, prácticamente todas las políticas intervencionistas son malas. Si dejamos a los ciudadanos que actúen libremente, cada uno buscando su propio beneficio, la situación resultante será la menos mala para cada uno de ellos, y por tanto para el conjunto. Si aplicamos medidas que favorezcan a un colectivo necesariamente debemos perjudicar a otras personas, y con un resultado imposible de pronosticar.
Un ejemplo significativo es la gestión del parque Yellowstone. Michael Crichton la explica en esta charla, en la que habla también de sistemas complejos y explica la génesis de "Estado de miedo".
Si en la gestión de algo relativamente simple como un parque natural suceden desastres como los que describe Crichton, ¿qué pasa cuando tratamos con personas en lugar de alces y osos?. Pues que las ineficacias son también inevitables. Siempre aparecen actores que "aprovechan" la situación y obtienen recursos no por su contribución a la sociedad, sino por su capacidad de influir en el gobierno. Recursos que son arrebatados a otras personas, lo que provoca otros conflictos.
Y por supuesto la situación que originó la primera intervención sigue sin resolverse, lo que anima al político a pensar que sus medidas no se han aplicado con la diligencia suficiente, y que debe "destinar más recursos" a resolver el problema. Pero ahora han surgido nuevos problemas, con lo que también hay que dedicar más recursos a resolver estos nuevos problemas.
Es una situación ideal para el político, que tiene más recursos que gestionar, más poder y más capacidad de intervención en la sociedad, pero poco recomendable para el administrado, cuya capacidad de iniciativa y de gestión de sus propios recursos se ve mermada por decisiones arbitrarias que no puede predecir ni controlar.
Por este motivo intervenir poco siempre es mejor que intervenir demasiado. Y por eso las sociedades más liberales (menos intervencionistas) tienen más éxito que las sociedades dirigidas con mano de hierro.
Entre democristianos y socialdemocratas
Ya han aparecido dirigentes del PP criticando a quienes les han abandonado para votar a Ciudadanos. Aparte de los argumentos de Rajoy, que son la guinda que me faltaba para confirmar mi post anterior, surge la pregunta de cómo votar a un partido de izquierdas, con un programa intervencionista en cuestiones como la educación.
Pues señores, porque no son mejores en el PP. El argumento de Arenas para justificar el CAC andaluz es defender a los niños y la libertad de expresión. Mire, señor Arenas, para defender a los niños andaluces ya están sus padres. Y la libertad de expresión se defiende quitando sus garras de encima, no con intervención política.
En el PP, junto a políticos liberales, hay multitud de conservadores y democristianos, con los que no comparto muchas ideas. Si he votado al PP no es porque me satisfaga todo su programa ni su praxis, sino por ser el mal menor.
Ahora parece que podré elegir entre socialdemócratas y democristianos. Ambos intervencionistas y amigos de aplicar sus criterios morales a toda la sociedad. Ninguno será mi opción favorita, pero podré votar a uno o a otro en función de sus candidatos y sus planteamientos concretos. Vamos, como si esto fuera una democracia anglosajona.
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ESR y las armas
Marzo ha traducido un texto de Eric Raymond sobre las lecciones éticas de las armas. Si no habíais leído el original en inglés, aprovechad ahora, porque es realmente bueno.
Armas y seguridad ciudadana
En mi anterior post sobre el derecho a tener armas, Coase dejó un comentario explicando que eso de las armas es mejor dejarlo a los profesionales, porque manejar un arma requiere entrenamiento.
Iba a contestarle en el post anterior, pero hoy ha habido un suceso en Madrid que es muy pertinente:
Un individuo ha sido atracado por tres cogoteros, que le han atacado con gran violencia, apuñalándole repetidamente y pateándole la cabeza, para robarle 24.000 euros que había sacado del banco. El ciudadano probablemente hubiera sido asesinado, de no ser porque era policía local y llevaba su arma reglamentaria, con la que primero ha disparado al aire y luego a uno de los agresores, al que ha matado. El "angelito" tenía numerosos antecedentes policiales por tenencia ilícita de armas, falsedad documental, estafa, infracción de la Ley de Extranjería, tentativa de homicidio doloso (en el año 1998), apropiación indebida, robos con violencia, hurto y robo de vehículos.
Estoy de acuerdo con Coase en que manejar un arma requiere entrenamiento, y que puede ser peligrosa en manos de alguien inexperto. La cuestión no es esa. Para mí, la pregunta es: ¿por qué este policía municipal puede salvar su vida en una situación así y los demás tenemos que conformarnos con dejarnos matar?
La inmigración y el desarrollo de las ciudades
Por motivos estrictamente profesionales, he estado leyendo un poco sobre el impacto de la inmigración en el desarrollo de Madrid, y hay algunos datos que me han hecho pensar. Por ejemplo, que en Madrid había ya hace un año más de 20.000 inmigrantes dados de alta como autónomos, de los cuales más de 14.000 eran extracomunitarios.
Todos hemos visto las tiendas de los chinos o los restaurantes "étnicos", pero no sé si somos conscientes de las dimensiones del fenómeno. Y de sus consecuencias, la menor de las cuales no es la revitalización de zonas deprimidas del centro de Madrid.
Hace años que los distintos gobiernos de la ciudad hacen planes para la revitalización del centro, que estaba en un proceso de degeneración que parecía abocado a convertirlo en un remedo de los downtown americanos, verdaderos núcleos de marginación en los que sólo de día hay actividad de gente "normal".
Pues resulta que el centro de Madrid lo están regenerando los homosexuales en un barrio concreto (Chueca) y los inmigrantes en el resto. Cuando un chino o un ecuatoriano abre un comercio, en principio busca atender a su comunidad, pero si el servicio es bueno, acaba atendiendo a toda la población de la zona. Y así los viejos comercios que languidecían en manos de ancianos sin capacidad de innovar, al ser adquiridos por esots emprendedores se convierten en pequeños focos de creación de riqueza, que van dando pie a que otros negocios puedan establecerse. Los inmigrantes son jóvenes, tienen niños y están repoblando barrios que iban quedando casi desiertos en pleno centro de la ciudad.
Los planes de desarrollo de la Administración, como siempre, acaban siendo inutilizados por la fuerza de la realidad. Cuanto mejor sería que en lugar de tirar el dinero en planificaciones a largo plazo, que ni siquiera eran válidas en regímenes estatalizados como los comunistas, lo dedicaran a facilitarles la vida a los emprendedores que de verdad pueden hacer crecer la economía y el bienestar de sus convecinos.
O mejor aún, que en lugar de quitarles el dinero a los inmigrantes, se lo dejen en el bolsillo para que éstos puedan dedicarlo a mejorar sus negocios.
Por cierto, el miércoles hay una jornada sobre Inmigración y Sociedad de la Información que organiza Fundetec y en la que colabora el Ayuntamiento de Madrid. Por si a alguno le interesan estos temas, la entrada es libre, basta con que os inscribáis aquí.
El derecho a tener armas
Os confesaré que esta es otra de esas cuestiones que yo creía tener claras hasta hace apenas cuatro años. Entonces yo asumía que ningún ciudadano responsable podía desear tener armas de fuego en casa, que las armas son un peligro y que los que defienden su posesión son peligrosos ultraderechistas de la NRA como Charlton Heston.
Hasta que encontré un artículo de Eric Raymond, del que sabía, porque le había leído, que no es ningún idiota. Eric tiene una página dedicada a su locura por las armas, y ha escrito unos cuantos posts en su blog sobre el tema. Si sabéis inglés, hay mucha información, y tan sensata que empezó a hacerme dudar.
Después estuve buscando esos datos "que todos conocemos" acerca de las increíbles tasas de asesinatos en EE.UU., pero descubrí que los artículos que cita ESR decían la verdad: a mayor libertad de uso de armas de fuego, menor mortalidad por asesinato.
Episodios como el del moldavo Arkan, que asesinó a sangre fría a un abogado y atacó brutalmente a su mujer y a sus hijas menores de edad, me confirmaron que, ante determiandos delincuentes, la única oportunidad de salvarte es tener un arma de fuego.
Ahora Barcepundit nos da otro argumento, a mi juicio bastante sólido:
¿por qué los políticos y "personas importantes" pueden llevar armas, o llevan escoltas armados, si las armas no hacen más que empeorar las cosas? ¿por qué ellos sí, y yo no puedo defenderme cuando voy por la calle, o peor, ni siquiera en mi propia casa? ¿Acaso su vida vale más que la mía, o la de cualquier otro ciudadano de a pie?
En el fondo de todo este asunto, está otra vez la infantilización del ciudadano, el considerarnos incpaces de valernos por nosotros mismos. Igual que dicen "anda, dame tu dinero, que te voy a hacer ahorrar para la jubilación, porque tú te lo gastarías todo en vicios..." tamnbién nos están diciendo "yo puedo tener armas y hacerme acompañar de un policía armado, porque yo soy importante y tomo decisiones correctas. Tú eres un inmaduro que con una pistola en la mano se liaría a tiros con el primero que le hicera una maniobra extraña con el coche, así que mejor me quedo yo los juguetes que pueden hacer pupa. Recuerda que yo sé lo que te conviene mejor que tú".
La religión en la escuela
Escribe FMH acerca de la enseñanza de la religión en la escuela. Él está en contra, desde un punto de vista liberal. Yo, desde un punto de vista liberal, también estoy en contra de la enseñanza de la religión. Y de la música. Y de las matemáticas, y de la lengua, y más en contra si cabe de que el Estado enseñe "conocimiento del medio".
Creo que la educación de los hijos es una responsabilidad exclusiva de los padres. Cuando interviene el Estado, ya no se puede llamar educación, sino adoctrinamiento. Y creo que los padres tienen derecho a elegir si sus hijos deben ser educados en un colegio con otros niños, en su casa por un preceptor o una institutriz (o por los propios padres) o si deben dejar que los hijos sean unos analfabetos. Es un asunto privado de los padres y los hijos, y no del Estado.
Como es un poco difícil convencer al 99,9% de la sociedad que piensa diferente, por mi parte me limito a paliar los daños del adoctrinamiento en mis hijos en la medida de mis posibilidades, como ya he comentado alguna vez.
En este orden de cosas, tengo muchos amigos preocupados por la asignatura de "Educación para la Ciudadanía", y su posible influencia en la formación de nuestros hijos. A mí, sinceramente, lo que me importa es que quitará horas de otras asignaturas más útiles, pero muy poco su contenido. Es más, espero que sea furiosa, descaradamente progre. Cuanto más radical, mejor.
A mí ya no me tocó lo de la "Formación del Espíritu Nacional", pero por lo que ví a mis amigos mayores, no parece que resultara muy efectiva. De hecho, creo que enseñar una ideología a un adolescente es la mejor manera de que la aborrezca. Si un profesor te explica lo fantástico que es ser una lesbiana emporrada con conciencia ecológica, tú te conviertes por narices en una pija consumista monógama casada por la iglesia.
Un ejemplo de todo esto lo tenéis aquí. Os resumo la historia. En un instituto de Kentucky tenían la costumbre de incluir una oración en la ceremonia de graduación. Pero este año un estudiante dijo que se sentía ofendido por la oración, y pidió a la ACLU, la principal asociación progre de "defensa de los derechos civiles", que interviniera. Un juez dio la razón al estudiante, y prohibió la oración en la ceremonia.
Pero el día D, cuando el director del instituto empezaba su discurso, doscientos estudiantes se levantaron y empezaron a recitar la oración. El auditorio aplaudió en masa a los estudiantes. Y para rematar la faena, Megan Chapman, que es esta chica que podéis ver un poco más abajo tan sonriente, encargada del discurso de apertura, habló de cómo Dios la había guiado desde su infancia, y animó a todos los estudiantes a confiar en Dios en todos los momentos de su vida.

Una vez terminado el acto, el comentario de Megan fue que el desafío había hecho que la clase se uniera más.
En resumen: que si quieres jóvenes católicos, castos, consumistas y de derechas, lo mejor es que en el colegio intenten convertirles en ateos (o musulmanes) folladores, ecologistas y progres.
Vivienda digna
Muy bueno el artículo sobre la vivienda y la especulación inmobiliaria que ha escrito Daniel Herrera para el Juan de Mariana. Una frase me ha hecho gracia:
Los precios no son nunca una causa de nada, sino un síntoma de una realidad subyacente; pretender "curarlos" directamente es como luchar contra la fiebre cuando éste no es más que la indicación de que el paciente padece una pulmonía.
Leedlo entero, como dijo el clásico.
Debate civilizado
No sé si tienen razón Freelance, Juan Cueto y Fernando Berlin en lo de que la blogosfera de derechas es más activa e influyente que la de izquierdas. Lo que sí sé es que es más habitual encontrar en los blogs liberales explicaciones razonadas y repletas de enlaces. En sitios como éste, por el contrario, el principal argumento es el insulto.
Es posible que los de izquierdas defiendan conceptos tan auto-evidentes que no necesiten justificarlos, y que los que sostenemos ideas menos intuitivas sepamos que única manera de defenderlas es la razón y los datos. O tal vez es que somos unos pelmazos inaguantables que disfrutamos discutiendo. En cualquier caso, agradezco comentarios como el que dejó Prometeo: razonado, correcto e incluso bien escrito.
Tanto que merece la pena subirlo a este post y comentarlo:
A ver, estimado Selene.
Eso de que los derechos secundarios necesariamente perjudican a los otros es difícil de justificar.
No lo creo. El derecho a la educación, por ejemplo, implica que alguien tiene que construir una escuela, dotarla de medios y pagar a los profesores. Es decir, para que un niño se eduque, alguien tiene que pagar. Eso se puede hacer voluntariamente (y entonces es una donación del que paga, no un derecho del alumno) o mediante impuestos, y eso implica que a alguien se le quita parte del dinero que ha ganado. Es decir, que podría tener 100, y ahora tiene 90. Lo cual es un perjuicio evidente.
Alguien podrá decir: pero es que el que todos los niños tengan una educación básica es un bien para la sociedad. Con lo cual estoy de acuerdo, pero no quita que ese bien para la sociedad se consigue a base de violentar a los individuos. Ahora bien, ¿estoy de acuerdo con que el Estado garantice la educación obligatoria para todos los niños, y que incluso sufrague su coste? Pues la verdad es que sí, aunque eso suponga una extorsión para los que pagan impuestos.
Pero creo que considerar la educación un derecho y no una concesión de los ciudadanos que pagan impuestos es un error, que además tiene consecuencias como que el alumno no valore lo que la sociedad le está dando.
Ignoro cuales son tus circustancias vitales, y realmente, no me importan demasiado. Es posible que te prejuzgue y me imagine cosas que no son así que prefiero no darle la menor importancia al hecho de que me de la impresión de que te agarras a ideas que no son propias y que careces de suficiente espíritu crítico como para poner en duda tus propias convicciones.
Pues no. Verás, hace 20 años yo votaba a Izquierda Unida porque era la opción útil, pero me parecían unos paniaguados aburguesados. Me creía lo del ecologismo, lo del compromiso de la izquierda, lo de los países 'empobrecidos'. Me ha costado mucho darme cuenta de que el mundo no funciona como yo pensaba, y que no siempre el que más grita a favor de los pobres es el que hace algo por ellos.
Personalmente considero que simplificas enormemente para llegar a las conclusiones que deseas. En estado unidos las casas que comentas de 300m2 responde a un modelo urbanístico basado en la disponibilidad de terreno, sin nucleor urbanos como los nuestros, basados en el uso extensivo del automovil, con un precio del combustible más barato, con menos restricciones medioambientales, peores materiales de construcción (en casas de clase media), y un modelo de sociedad muy diferente al nuestro.
Totalmente de acuerdo (excepto en lo de los materiales de construcción, pero no voy a entrar en eso). La cuestión es que ese modelo de sociedad al final produce una clase media que tiene un nivel de vida muy superior al 90% de la población de los países "de nuestro entorno" europeo. Aquí estamos rizando el rizo de conseguir 'suburbs' tan alejados del 'downtown' como en Estados Unidos, con 'malls' como en Estados Unidos, pero con casas, coches y gasolina muchos más caros que en Estados Unidos.
Para tí será todo gracias a que cualquiera puede construir. Pues mira, ni tanto ni tan pardo. La sociedad ultraliberal que pareces anhelar es muy muy buena, pero sólo para unos pocos, los que están arriba y se pueden permitir la educación, la sanidad, la vivienda y los caprichos que quieran. El problema es que en con ese modelo se produce una concentración del capital que repercute en un empobrecimiento de las capas inferiores.
No, gracias a que cualquiera puede construir no. Gracias a que el sistema no impone un sobrecoste en el suelo que al final se convierte en el 50% del precio de la vivienda. Gracias a que el sistema fomenta la competencia, y eso obliga a ofrecer mejores precios.
Y en la sociedad liberal (no ultra) que yo anhelo lo que se produce es creación de riqueza, que beneficia a todos. Las mayores concentraciones de capital no se producen en las sociedades con mayor índice de libertad económica, sino en las dictaduras socialistas (véase Cuba o Corea del Norte, donde una sola persona es en la práctica el dueño absoluto del país).
Y si quieres datos sólo necesitas consultar los cambios que han habido en España en los últimos veinte años. Los ricos son más ricos y los pobres son más y más pobres. Recuerda que ahora más del 20% de la población española está por debajo del umbral de la pobreza.Pero claro, eso desde el punto de vista del empresario es culpa de los trabajadores, de la competencia y de las normas que no le dejan contratar a trabajadores por menos, para hacer el mismo trabajo o más.
Pues me temo que estás equivocado. Por ejemplo, ahora la tasa de paro es del 8,5%, y en 1985 más del 20%. Sólo ese dato ya es significativo, pero si quieres más puedes mirar aquí. O simplemente pensar en por qué somos un país que recibe inmigrantes ahora y no lo éramos hace 20 años.
En cuanto a lo del umbral de la pobreza, es una falacia. Para calcular el umbral de la pobreza, se cuenta el porcentaje de población que tiene ingresos inferiores al 50% de la media. Es decir, que es una medida relativa, de manera que si la distribución de riqueza sigue una campana de Gauss (esto no lo sé, pero es bastante probable) siempre habrá un porcentaje significativo de pobres. Aunque el PIB per cápita pase de 2.000 dólares a 20.000 (y por tanto seamos diez veces más ricos de media) si no cambia la distribución de la riqueza seguirá apareciendo el mismo porcentaje de pobres.
Dicho de otra manera: lo que mide el llamado umbral de la pobreza no es la pobreza, sino la distribución de la riqueza.
Hacerse infinitamente rico es inmoral, pero claro, depende de que moral tengas. Desde el punto de vista cristiano es difícil de justificar. Los liberales de nuestro país que además se presentan como cristianso son por lo tanto unos hipócritas y muestran actitudes inmorales, ya que no protegen al indefenso, sino que en el mejor de los casos les dejan a su suerte, cuando no les aprietan las tuercas.
Desde el punto de vista cristiano lo inmoral no es hacerse infinitamente rico, sino no compadecerse de los pobres. ¿Quién es más inmoral, Bill Gates (que es lo más parecido que conozco a 'infinitamente rico') que dona miles de millones de dólares al año, y que financia programas de salud en el Tercer Mundo que mejoran la vida de miles de personas, o Juan Pérez, que gana tres mil euros al mes pero no da ni un céntimo a nadie?
Si tu moralidad escapa de los principios cristianos y eres un ateo (o agnóstico) convencido, sólo juras fidelidad a las leyes de mercado y reniegas de los derechos humanos,entonces felicidades, porque en ese caso eres coherente contigo mismo.
Es que verás, jurar fidelidad a las leyes del mercado es como jurar fidelidad a la ley de la gravedad: irrelevante. Se cumplen independientemente de lo que cualquiera opine de ellas. Y oponerse a las leyes del mercado tiene el mismo efecto que oponerse a la ley de la gravedad: el batacazo.
Y por supuesto que no reniego de los derechos humanos: valoro sobre todas las cosas el derecho a la vida y a la libertad, que son los dos derechos fundamentales.
Cuando dices:"Lo puedes hacer con impuestos, como tú propones, o robando. Cuando un empresario se forra indefinida e ilimitadamente en una sociedad libre, lo hace porque satisface a millones de consumidores, que voluntariamente le entregan su dinero a cambio de lo que él ofrece." Porqué obvias la posibilidad de que se forre sin satisfacer a los consumidores? Es que tú no tienes en cuenta que hablamos de cosas que son necesarias de la misma manera que vender agua en el desierto a precio de oro discutible (cual es la frontera entre robar, la inmoralidad, y el abuso?).
Obvio la posibilidad de que se forre sin satisfacer a los consumidores precisamente porque esa es una de las leyes del mercado: sólo puedes ganar dinero si das a la gente algo que quiere comprar. La excepción son los monopolios, pero los monopolios implican precisamente una ruptura de las leyes del mercado.
Vender agua a precio de oro en el desierto no es discutible: es lo único que puede garantizar que puedas tener agua en el desierto. Piensa un poco en por qué en Cuba, con cartillas de racionamiento, la gente pasa hambre y en España, donde no se garantiza el 'derecho a recibir alimentos' y su precio es libre tenemos abundancia.
Tu menosprecio a quién piensa diferente que tú raya lo insultante, y lo que es peor, parece que lo sabes y que te gusta. Supongo que es porque en sus reacciones viscerales y tan poco razonadas tú te sientes reafirmado.
Reconozco que había un cierto tonillo provocador en el post que comentas. Pero no creo que enlazar a alguien y comentar lo que dice sea menospreciarlo, sino todo lo contrario. Leo muchas cosas con las que no estoy de acuerdo, y simplemente las ignoro. Pero es que la idea del salario máximo me hace gracia, porque es un disparate absoluto, y de ahí mi post.
En cuanto a las reacciones viscerales, ya ves que me ha gustado mucho más la tuya que las de los que me llaman facha, tanto como para responderte.
Y por cambiar de tema.Porqué confías en el software libre? Acaso no tienen derecho los que cobran a hacerse ricos? o es que es una muestra más de que la competencia incentiva el mercado? Si tú crearas un programa usando herramientas libres revertirías tu beneficio en los desarrolladores solidarios de alguna forma? Es moral lucrarse con el trabajo voluntario de otros? Te parecerá bien que pirateen tu programa propietario o preferirás entregarlo libremente a la comunidad?
Uy, esto requiere un post entero en sí mismo. Tal vez lo haga en Futuro Linux.
No pretenden ser preguntas capciosas, simplemente plantean las mismas dudas que los temas anteriores.
Un saludo
Y ya ves que no las he tomado como tales, sino dignas de respeto y de respuesta. Es más, te agradezco mucho el comentario, porque el debate nos enriquece a todos.
Ya verás, si sigues pensando por tu cuenta, acabarás en las redes del liberalismo....
Humor y economia
¿Quién dice que la economía es aburrida? En La Fragua, además de imágenes tronchantes sobre la Convención del PP, son capaces de hacernos reír con una parodia de "Economía para quinceañeros buenrollistas":
Empieza con una colección de enlaces a noticias sobre empresas que ganan mucho dinero (aunque se olvida de Polanco, tal vez porque tiene contratado a su papá). Mezclados con otros enlaces sobre lo mal que va todo para los jóvenes y los trabajadores.
Y después sigue con lo que llama opinión. Mirad:
Esto es lo que la derecha (los neo'liberales') llama 'orden espontáneo'. Yo lo llamo ley del más fuerte (o ley de la selva).
No, esto no es orden espontáneo. Lamentablemente, tenemos una economía muy intervenida que provoca, por ejemplo, que el 50% del precio de una vivienda se deba a las leyes que regulan el suelo.
Da la sensación de que estos hechos no le escandalizan a nadie.
A tí sí, pillín. Pero es que tú eres más honrado y más solidario que nadie.
Lo escandaloso es, al parecer, el Estatut y la unidad de España.
No exactamente. Lo escandaloso es que saltarse las leyes quede impune, porque uno de los requisitos para que funcione el capitalismo es que las reglas del juego sean transparentes y se apliquen a todos.
Que la gente no pueda comprarse una casa nos parece normal. Que el despido sea cada vez más fácil, también. Que no podamos formar una familia, lógico.
Tal vez te sorprenda, pero no es requisito imprescindible mostrar el título de propiedad de una vivienda para inscribirte como matrimonio en el registro civil. Y claro que "la gente" puede comprarse una casa. Por eso los precios están como están. O a lo mejor quieres decir que no todo el mundo puede comprar la casa que quiere. Lo cual es cierto, pero provocado en gran medida por las leyes que impiden construir libremente. ¿O acaso nunca te has preguntado por qué en Estados Unidos la gente de clase media normalita vive en chalets individuales de más de 300 m2?
Y en cuanto al despido, tres cuartos de lo mismo. La facilidad de despido es inversamente proporcional al paro. Las leyes de "protección de los trabajadores" en realidad protegen a los trabajadores que ya están contratados, pero impiden que los jóvenes accedan al mercado de trabajo.
Y ya no digamos lo que ocurre en los países empobrecidos. Pero nada: el 'orden espóntaneo' del Mercado nos va a salvar, ¿no?El 'orden espontáneo' ha salvado a Corea del Sur ¿no? Corea del Norte es uno de esos países "empobrecidos" donde la gente se muere literalmente de hambre. Corea del Sur tiene un nivel de vida equiparable al nuestro. Y hace poco más de cincuenta años eran el mismo país. ¿La diferencia? Corea del Norte es comunista, y Corea del Sur tiene una economía liberalizada.
Llevo años pensando una 'locura': que debería haber un 'salario máximo' (igual que hay un salario mínimo).
Efectivamente, es una locura. Y por cierto, tampoco debería haber salario mínimo. Pero esa es otra historia.
Sería un salario máximo más que generoso, pero no inmoral, como ocurre ahora en muchos casos.
¿Y quién dice lo que es inmoral? ¿Tú? ¿Yo? ¿Votamos? A ver, que levanten la mano los que piensan que es inmoral que el padre de Toño gane por hacer un dibujito más que un albañil que se juega la vida en el andamio, o que una dependienta que se pasa el día de pie aguantando clientas impertinentes, o que un taxista que acaba con la espalda hecha un cuatro después de diez o doce horas al volante.
Todas las ganancias de una persona que superen el salario máximo, deberían, por ley, o ser reinvertidas en esa misma empresa (para contratación de personal y expansión de la compañía) o, directamente, pasar a las arcas del Estado como un impuesto más.
¿En esa misma empresa? ¿No puede crear otra, si tiene otra idea? Y una persona que supere el salario máximo y no sea empresario, ¿también tiene que regalarle el exceso a la empresa de su patrono? ¿Ronaldo debe reinvertir su exceso de sueldo en el Real Madrid?
Y eso por no entrar en el ridículo antológico de pensar que lo que gana un empresario es dinero líquido. Hace poco saltó la noticia de que un empresario importante, para evitar la ley anti-tabaco, había hecho que su empresa le alquilara su despacho, que pasaba a ser así un espacio personal y no laboral. ¿Tú crees que a una persona así le cuesta mucho hacer que el coche, la casa, los viajes, incluso la ropa sean propiedad de su empresa, y que él únicamente gane unos miles de euros al mes como "dinero de bolsillo"?
¿Por qué hay que confiar en que el empresario reinvertirá? Hay que obligarle a hacerlo. Tal cual.
Un empresario reinvertirá si cree que va a ganar más dinero. Si no, invertirá en otras empresas. ¿Y si su empresa no da para más? ¿Tú crees de verdad que si un empresario ve que puede ganar más dinero reinvirtiendo no lo va a hacer? ¿Que tienes que venir tú a obligarle, porque él (que ya se jugó una vez su dinero para montar la empresa) no es capaz de saber dónde tiene que invertir?
Escandaloso, ¿verdad?. Que alguien pierda su derecho a forrarse indefinida e ilimitadamente es escandaloso. Que millones de personas no puedan ejercer su derecho a una vivienda digna, nos da igual.
Derecho a forrarnos indefinida e ilimitadamente lo tenemos todos. Cuando ese derecho se respeta, toda la sociedad es más rica, porque muchos intentan conseguirlo, y para ello trabajan más, arriesgan su dinero para crear puestos de trabajo y desarrollan nuevos productos y servicios que hacen la vida más fácil y agradable a los demás. Cuando alguien pretende limitarlo, toda la sociedad es más pobre, porque nadie tiene aliciente para crear riqueza.
Y el derecho a una vivienda digna es un derecho ilusorio: para que tú tengas una vivienda digna alguien debe pagarla. Si no lo haces tú, tienes que quitarle el dinero a otro. Lo puedes hacer con impuestos, como tú propones, o robando. Cuando un empresario se forra indefinida e ilimitadamente en una sociedad libre, lo hace porque satisface a millones de consumidores, que voluntariamente le entregan su dinero a cambio de lo que él ofrece. Y en el momento en el que los consumidores decidan que lo que ofrece ya no les satisface, dejará de forrarse.
Hasta en los derechos hay clases.
Efectivamente: están los derechos naturales, como el derecho a la vida o a la libertad, que son individuales y cuyo ejercicio no supone una imposición de ningún tipo al resto de la humanidad, y los falsos derechos sociales, como el derecho a la vivienda o a la educación, que implican necesariamente un perjuicio para otro.
No os perdáis los comentarios. Aunque parezca mentira, los hay que se han creído que la parodia de Toño iba en serio.
No te muerdas la lengua ante la Exclusion
De momento, el PP es socialdemócrata. O democristiano, en el mejor de los casos.
Acaba de terminar algo que han llamado "FORO 2. No te muerdas la lengua ante la Exclusión". Básicamente, varios representantes de ONGs han expuestos sus peticiones (algunos sólo de implicación, otros de políticas "activas", es decir, pasta), Ana Pastor ha dado las gracias, ha anunciado la implicación del PP con los desfavorecidos, y eso ha sido todo.
Ni debate, ni propuestas liberales, ni mención a la responsabilidad de cada uno, ni nada.
Paridad en el trabajo
Cualquiera que tenga uso de razón y un poquitín de experiencia laboral sabe que lo de la discriminación salarial de las mujeres es mentira. Y si fuera verdad, el mercado se encargaría de solucionarlo rápidamente: si una mujer rinde igual que un hombre pero se le puede pagar menos, cualquier empresario vería una oportunidad en contratar mujeres, y se lanzaría a ello. Así, pronto habría mayor demanda de mujeres, que exigirían más sueldo, con lo que se equilibraría el sueldo entre hombres y mujeres.
Carlos López hace una propuesta en relación a la ley de igualdad: ¿por qué no asignar cuota por alturas?
Esto, que parece una boutade, no lo es tanto. Scott Adams, por ejemplo, decía hace unos días en su blog que para ser jefe tienes que tener al menos dos de las tres H: height, hair and Harvard (altura, pelo y un título de Harvard).
Y recuerdo un documental en el que hacía un experimento curioso: cogían a dos individuos de la misma edad, con el mismo aspecto general, vestidos exactamente igual, pero uno de más de metro ochenta y otro que no llegaba al metro setenta. Preguntaban a la gente por el trabajo que creían que tenía cada una de estas personas, y un mayoría significativa asignaba trabajos de mayor categoría al individuo alto.
Así que puede ser cierto que ser alto proporciona ventajas laborales. ¿Debemos entonces aprobar leyes que regulen la altura de los directivos de una empresa?
El canario escocés en la mina de carbón británica
No os perdáis este artículo de Mark Steyn en el Telegraph. Genial, como siempre, parte de una noticia (los puestos de trabajo de profesores en duda ante la previsión de que los pensionistas superen en número a los alumnos en 2009) para llegar a conclusiones mucho más amplias. Empieza así:
Estoy tentado de usar el rescate fallido de la ballena como una metáfora de la pobre y vieja Gran Bretaña.[...] como esa ballena, Gran Bretaña es una criatura magnífica, pero parece todavía más varada por las mareas de la historia y luchando por mantenerse a flote y encontrar la manera de volver a aguas seguras.
Apartir de ahí, es incluso mejor. Leedlo entero.
Ante el Estatuto
Creo que el acuerdo sobre el Estatuto catalán es una buena noticia para los liberales. Al menos, para los liberales de fuera de Cataluña. Trataré de argumentarlo:
- De entrada, las concesiones económicas a Cataluña se hacen en virtud de la mayor aportación de esta región durante décadas, y la necesidad de evitar que otras se conviertan en parásitos permanentes, que no tengan el impulso de desarrollarse y que lastren a una comunidad más dinámica y emprendedora.
Pues bien. Exactamente el mismo argumento puede utiizarse contra impuestos como el IRPF. Me diréis que una cosa son los territorios y otra las personas, y que el PSOE o sus socios son capaces de defender la necesidad de disminuir la confiscación fiscal a Cataluña y aumentar la de los catalanes sin que les tiemble una ceja. Pero el hecho es que hay ya ahora miles de socialistas (y esquerristas) explicando a quien les quiera oír que es malo quitar dinero al emprendedor para dárselo al vago acomodado. Será más fácil para nosotros explicar que esto también vale para las personas.
- Ciertamente, el Estatuto limita las libertades de los catalanes y es intervencionista hasta extremos que lo hacen difícilmente compatible con una democracia digna de tal nombre. ¿Y qué? Cataluña seguirá hundiéndose poquito a poco, como lo ha venido haciendo desde hace 20 años. El recorte de las libertades, y más si viene acompañado de dinero extra que los catalanes no han tenido que ganar, acabará a medio plazo perjudicando más aún la capacidad emprendendora de Cataluña.
Una política lingüística tiránica y hostil al castellano conseguirá que las empresas vean más atractivo invertir en Valencia, que los estudiantes extranjeros no pisen una Universidad Catalana, que los profesionales catalanes incapaces de leer y escribir correctamente en castellano sean menos valorados en el resto de España.
Una pena, pero me temo que los únicos que pueden salvarse a sí mismos son los catalanes, cuando sean conscientes de que un gobierno nacionalista aparentemente consigue ventajas de Madrid, pero a la larga es perjudicial.
- Muchos ciudadanos del resto de España entenderán las cesiones de Zapatero como un error, y eso puede llevarles a ver otros errores. Aquí somos muy aficionados a ser de un partido como somos de un equipo de fútbol, "hasta la muerte aunque pierda", pero a muchos votantes del PSOE se les pueden caer las orejeras con esto.
- Puede ser una oportunidad excelente para las comunidades más ricas, más pujantes y más activas (no por casualidad todas gobernadas por el PP) de apuntarse al modelo financiero catalán y dejar de subvencionar a los graneros de votos del PSOE. Ya lo escribí hace tiempo: Rajoy debería decir ahora que acepta la financiación catalana, pero que la va a exigir igual para Madrid, Valencia y Baleares.
Ahora mismo Chavez e Ibarra deben estar haciendo cuentas, y diciendo: "tal vez suframos un poco si los catalanes pagan menos, pero será cuestión de sacarle un poco más a Madrid...". Y tragarán con el Estatuto, a menos que vean que pasamos a un modelo en el que cada comunidad autónoma debe financiarse el 80% de sus costes. Y como eso es imposible para ellos sin perder el Gobierno, el PP se encontraría que o bien los barones del PSOE impiden la aprobación del Estatuto o bien consigue en poco tiempo el gobierno de comunidades autónomas inaccesibles hasta el momento.
Por cierto, si queréis saber lo que piensan algunos catalanes de su estatuto, no es perdáis los comentarios a mi post sobre el boicot a los productos catalanes. Los de Marta están argumentados y los ha escrito ella, por lo que hasta me he planteado escribir una entrada contestándole, pero el pobre Pep se limita a repetir consignas y artículos que lee por ahí...
Las prohibiciones tienen siempre efectos perversos
Interesante esta anotación de Jahd sobre la respuesta de los bares de Palma a la ley antitabaco: donde antes podía existir un espacio para no fumadores ahora, puestos en la tesitura de tener que elegir, el 98% deicde permitir fumar. Y como la ley impide que haya bares mixtos, ya no existirán zonas para no fumadores.
Efecto buscado por el legislador: que haya más bares en lo que no se fume en absoluto.
Efecto conseguido: que en la inmensa mayoría de los bares no haya espacios para no fumadores.
Aguafiestas y moral económica
Una de las tradiciones navideñas que últimamente se están imponiendo es la de los aguafiestas. Son esos tipos que te echan en cara que consumas langostinos en Nochebuena, o que compres regalos a tus hijos en Reyes. Es gente que no puede limitarse a cenar con la familia y pasar un buen rato charlando y devorando un corderito, sino que para ser feliz necesita sentirse mejor que tú y criticar tu consumismo.
Si os fijáis, la coincidencia en todos ellos es denunciar "el exceso". Celebrar las fiestas está bien, dicen, pero no hay que caer en el consumismo.
Ahora bien, ¿quién marca el límite entre el exceso y la moderación? Naturalmente, los aficionados a meterse en la vida del prójimo. Así que el exceso se define como "todo aquel gasto que a los ascetas de temporada les parece superior a lo deseable".
Hace ya tiempo que observo que cuando alguien afirma que los sueldos muy elevados son inmorales, en general establece un límite para estos "sueldos elevados" de entre 3 y 5 veces su propio sueldo. Es decir, si una persona gana 10.000 euros, le parecen excesivos los sueldos de más de 50.000 euros. Pero si gana 25.000, los sueldos excesivos son los de más de 100.000 euros.
Con el consumo Navideño ocurre lo mismo. Consumo excesivo es el jamón ibérico de bellota para el que sólo puede permitirse el serrano, y las angulas para el que cena langostinos. Consumo excesivo es ir a esquiar por Navidad para el que sólo puede permitirse una tarde en la pista de hielo de su ciudad.
Para ser coherentes, todos los metomentodos que critican el consumismo ajeno deberían vestirse de saco y ceniza, y alimentarse de pan y agua, entregando sus bienes a los pobres hasta que nadie pasara necesidad en todo el planeta. Mientras tanto, sería mejor que dejaran en paz a sus vecinos.
Y por cierto, a la variante católica de los aguafiestas, me gustaría recordarles que el primer milagro de Jesús consistió en aportar más vino a una fiesta que corría peligro de decaer. Y que fue