Diarios de las Estrellas

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Mileuristas estafados

El principal motivo por el que el Estado nos quita nuestro dinero en forma de impuestos es poder devolvernos después una parte de él en forma de dádiva. El político se asegura así el agradecimiento del súbdito desinformado.

La realidad es muy otra. Podemos hacer, como ejemplo, el cálculo del dinero que ingresaría un mileurista si no pagara impuestos:


Los impuestos

En la actualidad, el sueldo bruto de un mileurista es de 17.000 euros. De ahí paga 1.088 euros a la Seguridad Social y 2.044 a Hacienda. Así le quedan 990 euros netos para vivir al mes.

En realidad, el mileurista no es consciente de que su empresa paga a la seguridad social otros 5.440 euros. Si la empresa, en lugar de dar el dinero a la SS se lo diera a él, nuestro mileurista ganaría 22.440 euros. Y si no pagara impuestos, esto significaría que cada mes se embolsaría 1.602 euros. ¿Algo más que esos 990, no?

Pero aún hay más. El mileurista no ha terminado de pagar cuando recibe sus 990 euros. Aún tiene que pagar el IVA y otros impuestos. Dependiendo de a qué dedique ese dinero pagará más o menos: si fuma, bebe y tiene coche será mucho más, si solo compra alimentos mucho menos. Supongamos que una buena aproximación es que paga un 15% de impuestos. Esto quiere decir que en realidad tiene 842 euros disponibles cada mes. Es decir, poco más de la mitad de lo que ingresaría si no pagara impuestos. Repetimos: nuestro pobre mileurista, perceptor de un sueldo que muchos consideran ínfimo, entrega al Estado casi la mitad de sus ingresos.

Al menos el Estado, siempre atento a sus necesidades y dispuesto a proteger a los débiles, le da a cambio de ese dinero protección contra el desempleo, asistencia sanitaria, una pensión de jubilación, seguridad, justicia, infraestructuras... Realmente es una suerte que los ricos y las empresas paguen más impuestos, para que él, aun con su mísero sueldo, pueda disfrutar de tantas ayudas. ¿O no es así?


Seguros privados

Vamos por partes. Supongamos que nuestro mileurista es una mileurista, ya que las mujeres pagan algo más caros los seguros sanitarios. ¿Qué podría conseguir por sí misma con esos 1.602 euros?

Sanidad: en Adeslas podría contratar, por 60 euros al mes, una póliza que le cubra todos sus gastos médicos. Si fuera hipocondríaca, podría contratar seguros más caros. Y si, dado que es joven y con salud, quisiera un seguro con una franquicia de 200 euros/año, pagaría menos de 25 euros.

Seguro de desempleo. En España no existe, ya que el Estado impide que surja una oferta privada, pero en Inglaterra puedes contratar, por 40 euros al mes, un seguro que te cubra el 60% de tus ingresos durante un año. Es decir, nuestra mileurista, pagando 40 euros al mes, recibiría 1.122 euros durante un año. Para comparar, su prestación por desempleo actual sería de 800 euros durante seis meses.

Jubilación. Una mileurista de 25 años, si invierte 150 euros al mes durante 40 años y obtiene un 7% anual por ellos, se encontraría a los 65 años con 393.700 euros. Si a partir de ese momento retirara cada año un 7%, tendría una renta mensual de 2.296 euros. Una cifra claramente superior a los 750 euros de media de las pensiones actuales. Y tendría además un capitalito que dejar a sus herederos.

Descontando estos costes, nuestra amiga tendría cada mes 1.352 euros, frente a los 842 que le deja ahora el Estado. 500 euros más al mes.


Otros servicios

El Estado da otros servicios, dirán algunos. Seguridad, justicia, infraestructuras, solidaridad... La pregunta, algo más difícil de responder que en el caso de los seguros, es cuánto costarían estos servicios si pudiéramos contratarlos a empresas privadas.

La seguridad, incluyendo alarmas y vigilancia presencial y en vehículos, no supondría más de 50 euros al mes, basándonos en lo que sucede en las urbanizaciones privadas que cuentan con este tipo de servicios de seguridad.

Las infraestructuras, en su mayor parte, serían sufragadas por empresas o grupos de empresas que o bien obtendrían beneficios de su explotación, o bien tendrían interés en pagarlas porque su uso les resultaría rentable. Pensad, por ejemplo, que las infraestructuras de telecomunicaciones no las despliega el Estado, sino las operadoras, que cobran por ellas a sus usuarios.

¿La justicia? Legalitas cobra menos de 8 euros al mes por tener asesoría jurídica (un servicio que ahora no presta el Estado) y los jueces podrían ser profesionales independientes (como los médicos o los arquitectos), elegidos (y pagados) por las partes para resolver un conflicto puntual. Sería sin duda más eficaz que la lentísima justicia actual, y sólo la pagarían los que hicieran uso de ella.

¿La defensa de nuestros derechos como consumidores frente a las empresas? A la hora de la verdad, poco garantiza el Estado. Una Asociación de Usuarios y Consumidores tiene un coste anual de entre 25 y 50 euros, y es mucho más eficaz identificando, denunciando y evitando malas prácticas que el Estado.

¿La solidaridad? Nuestra mileurista puede pagar la cantidad que desee a cualquier ONG que atienda a las personas necesitadas que ella considera más merecedoras de su ayuda.

¿Cultura? No faltarían particulares o empresas dispuestas a sufragar los gastos de un museo. sobre todo si ellos tampoco tienen que pagar impuestos. Ahora ya hay numerosas instituciones privadas que mantienen bibliotecas. Tal vez nuestros artistas tuvieran alguna dificultad para seguir haciendo cine español, pero no creo que esto fuera malo en ningún sentido.


Conclusión

Podemos hacer otros cálculos con otro tipo de perfiles (el matrimonio con hijos que tendría que pagar la educación privada, por ejemplo). Prácticamente siempre que el ciudadano en cuestión tenga un trabajo y no dependa en exclusiva del Estado resultaría beneficiado por la desaparición de los impuestos.

De todas maneras, no pretendo ser radical. Admito que puede haber funciones que obliguen a la existencia de un Estado (diplomacia, defensa), y que éste requiera cobrar algún impuesto para su sostenimiento. Pero allí donde el Estado se dedica a procurar nuestro bienestar, siempre acabamos pagando una factura más cara para obtener peores servicios.

El economista camuflado

Terminé hace poco de leer El economista camuflado, de Tim Harford, y me gustaría hacer algunos comentarios sobre él.

Antes que nada, debo aclararos que el libro me lo regaló la editorial Temas de Hoy. Han contratado a Ideup para, según me dijeron, "tratar de mejorar su relación con la blogosfera y que algunos bloggers tengan acceso a sus publicaciones". Fueron educados, no me pidieron que hablara del libro, y me lo enviaron a pesar de que les advertí que lo comentaríaolo "si el libro resulta interesante (para bien o para mal)",

Otra aclaración, que probablemente no sea necesaria para los que me conocéis, es que ni soy crítico de libros ni soy economista, así que no esperéis que lo que sigue se parezca en nada a lo que pueda decir el crítico de libros de cualquier periódico salmón.

De entrada, creo que el subtítulo "La economía de las pequeñas cosas" está muy mal elegido. El último capítulo, por ejemplo, habla del cambio económico en China. Y no creo que nadie considere a China "una pequeña cosa". En mi opinión, el libro trata más bien de la economía del sentido común.

Harford es un tipo despierto, que observa cosas interesantes, llega a conclusiones interesantes y las expone con gracia y agilidad. Lástima que la traducción española no le haga justicia. Está escrita en un español correcto, pero se nota que el traductor ha sufrido al tropezarse con la alegría con la que Harford usa el inglés, y ha optado por intentar ser fiel a las palabras y no al espíritu de lo que dice.

Pero yendo al grano, creo que es un libro recomendable. Explica muy clarito, por ejemplo, por qué un café en Starbucks es más caro, cual es el precio justo para un café de comercio justo, o por qué África no sale del subdesarrollo y China lo está haciendo. Dedica un capítulo a las subastas para la concesión de licencias UMTS que es apasionante.

Y habla, por ejemplo, de David Ricardo, unos de los pioneros de la economía liberal, de tal manera que cualquiera puede entender conceptos como la ventaja comparativa o la Ley de rendimientos decrecientes.

Tiene, cómo no, ciertos fallos. Patina, como casi todo el mundo, al dar por hecho el calentamiento global. Y muestra cierta vena socialdemócrata que es además inconsecuente con observaciones que ha hecho previamente.

Pero, como os digo, es fácil de leer para cualquiera que no sea economista o no tenga ni una mínima formación en estos temas, y puede abrirle los ojos a ese familiar o ese amigo progre pero bienintencionado que sigue creyendo sinceramente en el comercio justo, el 0,7% para el Tercer Mundo, el abuso de las multinacionales y mitos de ese pelaje.

[ACTUALIZACIÓN] Me avisa Carlos de Maza que Manchego habló del libro hace tiempo. Aquí podéis leer su crítica. Sinceramente, creo que Manchego, como en otros casos, ve la vida en blanco y negro. Harford no es comunista sino, como he dicho antes inconsecuentemente socialdemócrata a ratos. Pero el conjunto del libro supone una buena dosis de sentido común administrable a personas sin conocimientos previos de economía. Lo que no es poco, en mi modesta opinión.

Capitalismo salvaje

No se puede calificar de otra manera lo sucedido con Endesa. Y es que, contrariamente a lo que afirma la progresía, el capitalismo salvaje no es el que está sujeto a las leyes del mercado.

El tan denostado mercado, al fin y al cabo, no es más que la voluntad de dos personas para acordar un intercambio de bienes o servicios por dinero. Existen ineficacias, evidentemente, que pueden hacer que uno de los dos actores se vea obligado a aceptar el trato porque no tenga otra alternativa. Pero en general, en las sociedades occidentales el sistema funciona muy bien. Y funciona mucho mejor cuanto menos interviene el estado en estos tratos.

Lógicamente, este tipo de relaciones económicas no resulta del agrado de las empresas. Sí, queridos lectores: el libre mercado no perjudica a los trabajadores; perjudica a las empresas. Porque les obliga a ser eficientes, a controlar sus costes y a limitar sus precios, so pena de ser aniquiladas por otro competidor más capaz.

Para cualquier empresa, la situación ideal es el monopolio, o en su defecto el oligopolio. Si el mercado es tuyo y no pueden entrar competidores, puedes poner el precio que quieras. Y si la contrapartida al monopolio es, como sucede en muchos casos, un precio tasado, puedes ahorrar en calidad sabiendo que tus clientes están obligados a comprar cualquier bazofia que ofrezcas.

Ese es el capitalismo salvaje. El que deja a los consumidores a merced de los poderosos. El que garantiza a los niños bien de familia bien que las empresas de sus papás contarán con el favor del gobierno, que no permitirá que un arribista les haga la competencia.

Y ese capitalismo salvaje es el que padecemos en gran medida en España. Basta ver el origen de las grandes fortunas nacionales para darse cuenta de quién en España es rico sin que lo fueran sus padres o sin que mediara el favor político en forma de concesión de suelo o de cualquier otra índole.

Lo ocurrido con Endesa es otra muestra de capitalismo salvaje. Un gobierno que decide que él sabe mejor que los miles de accionistas de la compañía lo que hay que hacer con ella, y maniobra una y otra vez para impedir que los accionistas puedan actuar con libertad según las reglas del mercado. Un capitalismo que supone el concierto entre los "ricos de toda la vida" y el gobierno, entre unos políticos y otros. Un capitalismo que protege al fuerte y deja desvalido al débil. Capitalismo salvaje.

Lo peor, con todo, es que las consecuencias del capitalismo salvaje no las sufren sólo los que directamente ven impedida su capacidad de actuar libremente en el mercado. Las sufrimos todos, porque a partir de ahora, los inversores de todo el mundo saben que en España no opera el libre mercado, sino el capitalismo salvaje.

Agua y libertad

Al parecer, en China andan escandalizados porque los vinos baratos tienen más de agua que de vino. El precio de estos "vinos" baratos ronda los 10-20 céntimos de euro, cuando un vino medio cuesta un euro.

A mí esto me recuerda a una historia que me contaba mi madre. Mi abuela, después de la guerra civil, vendía leche para poder ingresar algo de dinero (mi abuelo perdió su negocio y estuvo a punto de perder la vida por ser socialista). El caso es que, como buena capitalista, para maximizar el beneficio le añadía agua a la leche.

Ella nunca tuvo mala conciencia. Decía: "muchas clientas quieren leche, y no hay. Así les vendo a todas, y gano más. Todas ganamos".

Y lo cierto es que tenía razón. Por supuesto que sus clientas sabían que la leche que compraban no era como la del pueblo, pero también el café era achicoria, y el pan tenía otros ingredientes además de trigo. El caso es que, en ese momento de necesidad, la calidad pasaba a un segundo plano. Si alguien pretendiera vender hoy leche rebajada con agua, probablemente se quedaría sin clientes en muy poco tiempo.

Con los vinos chinos pasa algo parecido. Hay demanda de vinos baratos, y comerciantes que dan algo que se parece al vino, con un precio que sus clientes pueden pagar. Cuando esos clientes tengan más dinero y más educación, no aceptarán agua coloreada, del mismo modo que en España ya no queremos el vino peleón que tomaban nuestros padres.

Esos empresarios, los chinos y mi abuela, prestan un servicio a sus clientes, que pagan voluntariamente un precio que consideran justo por el producto que reciben a cambio. Cuando nadie quiere pagar barato por tener un producto de mala calidad, éste deja de fabricarse.
Entonces ¿para qué necesitamos a un Estado con una inspección de consumo que limite la libertad de los empresarios para vender productos de mala calidad y la de los cientes de comprarlos?

Pobre chica

... la que tiene que servir. Si la señora Alex May conociera la zarzuela, seguro que estaría de acuerdo. Porque la tal señora, que escribe en un medio australiano de estos que nos indican el "lifestyle" que debemos seguir, está en contra de contratar asistentas. Esto es lo que opina Alex:

La misma noción de servicio doméstico implica que el sirviente gana menos dinero que quien le contrata; o, al menos, que el tiempo de los sirvientes es de alguna manera menos valioso que el de quienes les contratan.

Como bien dice Addison, toda nuestra sociedad está basada en la división del trabajo. Y en la asignación de un precio a cada hora de trabajo. Y, mal que les pese a muchos progres, es perfectamente justo que un arquitecto de prestigio gane 500 euros por hora y la señora que limpia su casa gane 10. Entre otras cosas, porque si no fuera así no tendríamos arquitectos.

Hace muchos años, mi padre me contó que cuando se creó la cooperativa Mondragón establecieron un intervalo de sueldos entre los obreros y los directivos muy estrecho, como correspondía a la teoría solidaria. Al cabo de poco tiempo, se encontraron con un problema serio: nadie estaba dispuesto a ser directivo. A pesar de los mitos sobre los directivos que no trabajan, lo cierto es que en general es preferible tener un trabajo con ocho horas fijas y sin mayor responsabilidad que apretar las tuercas correctas. Así que, ante la perspectiva de quedarse sin directivos, tuvieron que subirles el sueldo, para compensarles la responsabilidad.

Pero para una mente simple, es mucho más sencillo proclamar la injusticia de los sueldos astronómicos de los directivos de las empresas, y denunciar la explotación de las criadas domésticas. Eso te hace sentirte muuuucho mejor contigo mismo, y reafirmar tu fe en los valores de justicia universal y solidaridad.

Y lo sé bien, porque yo pensaba así cuando tenía veintipocos años. Mientras estudiaba en la universidad (con mis gastos pagados por mi papá capitalista y directivo de un banco, y mi habitación limpiada por la asistenta que pagaba él) proclamaba mi compromiso radical con los más pobres y mi voluntad de vivir con austeridad. Por supuesto, tener servicio doméstico era impensable: sólo los capitalistas explotadores podían pagar para obligar a otro a limpiar tu mierda.

Hasta que un día, un jesuita de los que nos animaba a ser solidarios y comprometidos nos contó que en su comunidad (los jesuitas viven habitualmente en pisos compartidos por varios de ellos) tenían una señora que iba a hacerles las tareas domésticas. ¿La explicación? Que ellos tenían actividades importantes, y que su tiempo estaba mejor empleado en estas actividades importantes que en limpiar su casa.

Fue uno de esos momentos de revelación en los que descubres que a lo mejor todo el sistema de valores y creencias que te están predicando tiene alguna incoherencia.

Al final, el resultado de todo esto es que soy un cerdo capitalista que procuro ganar cuanto más dinero mejor para así explotar a una inmigrante, porque prefiero dedicar mi tiempo a escribir tontadas en Internet antes que a fregar los suelos de mi casa.

Complejidad y liberalismo

Una de las claves del éxito de las sociedades que aplican el principio liberal de minimizar la intervención del Estado, es la naturaleza caótica (en el sentido científico del término) inherente a la complejidad de las sociedades humanas.

Desde los últimos treinta años, sabemos que el comportamiento de un sistema complejo es imposible de predecir. Un sistema complejo es el clima, por ejemplo, y por eso no seremos nunca capaces de saber la temperatura o las precipitaciones del mes siguiente con exactitud. Pero también son complejos sistemas aparentemente simples como el goteo de un grifo o los latidos del corazón.

Las sociedades humanas son extraordinariamente más complejas que los sistemas más complejos que los científicos son capaces de modelizar. Incluso si nos limitamos a las interacciones económicas, la multitud de actores con intereses propios y la variedad de decisiones que pueden tomar, que influyen además en cadena en las reacciones de terceros hace imposible un conocimiento preciso de estos sistemas.

Por este motivo, a lo más que pueden llegar los economistas es a observar los sistemas, y describir su comportamiento a posteriori. De ahí la frase de "un economista es alguien capaz de explicar por qué no ha sucedido lo que él mismo había dicho que sucedería".

Esta reflexión repele a muchos, porque estamos entrenados para identificar causas y efectos y para actuar en función de modelos hipersimplificados de la realidad. Y así la mayor parte de los políticos cree que su misión es recopilar datos y, aplicando su ideología a esos datos, decretar la aplicación de medidas que mejoren la situación.

El último ejemplo es el candidato a alcalde de Madrid, Miguel Sebastián, que dijo ayer que en España caben 200.000 inmigrantes más cada año. ¿Por qué 200.000 y no 150.000 o 250.000? Pues porque el señor Sebastián cree que tiene la información y los modelos y se cree capaz de conocer de antemano el impacto de esos 200.000, 0 250.000, o 150.000 inmigrantes.

La realidad es que nadie predijo hace 10 años la tasa de inmigración que iba a tener España, y nadie es capaz de pronosticar qué ocurrirá dentro de 10 años. Ante esta realidad, prácticamente todas las políticas intervencionistas son malas. Si dejamos a los ciudadanos que actúen libremente, cada uno buscando su propio beneficio, la situación resultante será la menos mala para cada uno de ellos, y por tanto para el conjunto. Si aplicamos medidas que favorezcan a un colectivo necesariamente debemos perjudicar a otras personas, y con un resultado imposible de pronosticar.

Un ejemplo significativo es la gestión del parque Yellowstone. Michael Crichton la explica en esta charla, en la que habla también de sistemas complejos y explica la génesis de "Estado de miedo".

Si en la gestión de algo relativamente simple como un parque natural suceden desastres como los que describe Crichton, ¿qué pasa cuando tratamos con personas en lugar de alces y osos?. Pues que las ineficacias son también inevitables. Siempre aparecen actores que "aprovechan" la situación y obtienen recursos no por su contribución a la sociedad, sino por su capacidad de influir en el gobierno. Recursos que son arrebatados a otras personas, lo que provoca otros conflictos.

Y por supuesto la situación que originó la primera intervención sigue sin resolverse, lo que anima al político a pensar que sus medidas no se han aplicado con la diligencia suficiente, y que debe "destinar más recursos" a resolver el problema. Pero ahora han surgido nuevos problemas, con lo que también hay que dedicar más recursos a resolver estos nuevos problemas.

Es una situación ideal para el político, que tiene más recursos que gestionar, más poder y más capacidad de intervención en la sociedad, pero poco recomendable para el administrado, cuya capacidad de iniciativa y de gestión de sus propios recursos se ve mermada por decisiones arbitrarias que no puede predecir ni controlar.

Por este motivo intervenir poco siempre es mejor que intervenir demasiado. Y por eso las sociedades más liberales (menos intervencionistas) tienen más éxito que las sociedades dirigidas con mano de hierro.

Jesse Jackson descubre el capitalismo

Jesse Jackson ha descubierto que la mejor vía para que las minorías salgan de la pobreza es... el capitalismo. No las subvenciones, ni los subsidios, ni las rentas vitalicias asignadas por el Estado. No, la solución es la de siempre: trabajar.

Así que, animado por el ejemplo del Nobel Muhammad Yunus, va a crear en Enero el Small Business Institute. Cito de la entrevista en BusinessWeek:

Espero construir sobre el legado histórico de las peluquerías, las ferreterías, las tintorerías, las gasolineras, los taxis. Todas estas son pequeñas empresas. Cuando sumas toda la gente empleada en un ghetto cualquiera en las iglesias, los restaurantes y los bares, todos juntos son más trabajos que cualquier gran empresa en una ciudad.

Pero no pueden crecer. No tienen acceso a capital o a tecnología. Algunos de estos restaurantes podrían convertirse en cadenas si tuvieran el conocimiento y el capital. El Instituto proporcionará formación y buscará fuentes de financiación. Muchos pequeños negocios no tienen conocimientos de contabilidad, o tienen perfiles de crédito bajos. A menudo usan sus tarjetas de crédito para financiarse. Es la economía de la desesperación.


¿Y este es el líder radical de izquierdas? Casi dan ganas de personarle su simpatía por Castro. Aquí ni el PP tiene este discurso. Cualquier iniciativa que se les ocurre a los políticos locales tiene que ver con la subvención: quitar dinero a unos para darlo a otros.

Y sin embargo habría mucho por hacer, por ejemplo, con la inmigración. El Ayuntamiento de Madrid publicó un estudio sobre el impacto de la inmigración en la economía de la ciudad [PDF, 3,5 MB] y hay datos sorprendentes. Por ejemplo, había en 2005 más de 14.000 autónomos extracomunitarios (ahora superarán seguramente los 15.000). Esos miles de emprendedores han llegado con una extraordinaria motivación para prosperar, y están suponiendo ya una reactivación de zonas de la ciudad que estaban agonizando. La cuestión es si seguiremos el modelo de facilitar financiación o, como siempre, optaremos por la subvención.

¿Qué hacemos con ellos? De momento, ignorarlos.

Freakonomics: chico blanco y chico negro

Los dos chicos del post anterior son personas reales.

El chico negro es Roland G. Fryer Jr., economista y profesor en Harvard.

El chico blanco también llegó a Harvard. Pero después las cosas le han ido mal. Se llama Ted Kaczynski, pero es más más conocido como Unabomber.

La historia es interesante, porque a la progresía le encanta explciar que si una persona es un delincuente es "porque la sociedad le ha hecho así". De lo cual se deduce por un lado que los delincuentes son en realdiad víctimas, y que por tanto no hay que castigarles, sino ayudarles. Y por otro, que como el "pecado" es de la sociedad, es la sociedad (es decir, el Estado) quien tiene que resolver el problema.

Historias como la de Fryer nos recuerdan que todos somos responsables de nuestros actos. No todos los chicos negros tienen capacidad para ser profesores en Harvard, evidentemente, pero todas las personas, por muy difíciles que hayan sido sus orígenes, tienen capacidad de salir de la pobreza y llevar una vida digna. Si alguien elige el camino de la delincuencia no es culpa de "la sociedad", sino del que ha tomado esa opción.

Economía y sentido común

Acabo de terminar Freakonomics, el libro de Steven Levitt y Stephen Dubner, que trata sobre economía desde un punto de vista peculiar. Es muy fácil de leer, interesante, sorprendente y hace pensar. Si no sabéis que llevaros de vacaciones, esto es más entretenido que cualquier best-seller con fecha de caducidad.

Entre las cosas que cuenta, me ha llamado la atención una historia, que dejo aquí:

Consideremos la historia de dos chicos, uno blanco y otro negro.

El chico blanco se cría en un barrio residencial de las afueras de Chicago con unos padres que leen mucho y se involucran en la reforma de la escuela. Su padre, que tiene un buen empleo en la industria manufacturera, a menudo lleva al chico de excursión. Su madre es un ama de casa que finalmente regresará a la universidad y obtendrá una licencitura en Pedagogía. El chico es feliz y obtiene muy buenos resultados en la escuela. Sus profesores piensan que puede tratarse de un auténtico genio de las matemáticas. Sus padres lo alientan y se sienten enormemente orgullosos cuando pasa de curso. Tienen un hermano menor adorable que también es muy brillante. La familia incluso organiza reuniones de carácter literario en su casa.

El chico negro nace en Daytona Beach, Florida, y su madre lo abandona a los dos años de edad. Su padre tiene un buen trabajo como vendedor, pero bebe en exceso. A menudo golpea al niño con el extremo metálico de la manguera del jardín. Una noche, cuando el chico tiene once años, está adornando un pequeño árbol de Navidad - el primero que ha tenido nunca - cuando su padre comienza a golpear a una amiga en la cocina. La golpea tan duramente que algunos dientes salen volando y aterrizan en la base del árbol de Navidad del niño, pero éste sabe que debe permanecer callado. En la escuela, el niño no se esfuerza en absoluto. En poco tiempo está vendiendo drogas, atracando a los de los barrios residenciales y llevando un arma. Se asegura de estar dormido para cuando su padre regresa a casa borracho y de salir antes de que éste se despierte. Al final, el padre va a la cárcel por violación. A los doce años, el chico se las arregla, en esencia, solo.

Mañana, sobre esta hora, podréis leer lo que sucedió con los dos chicos cuando fueron adultos.

La inmigración y el desarrollo de las ciudades

Por motivos estrictamente profesionales, he estado leyendo un poco sobre el impacto de la inmigración en el desarrollo de Madrid, y hay algunos datos que me han hecho pensar. Por ejemplo, que en Madrid había ya hace un año más de 20.000 inmigrantes dados de alta como autónomos, de los cuales más de 14.000 eran extracomunitarios.

Todos hemos visto las tiendas de los chinos o los restaurantes "étnicos", pero no sé si somos conscientes de las dimensiones del fenómeno. Y de sus consecuencias, la menor de las cuales no es la revitalización de zonas deprimidas del centro de Madrid.

Hace años que los distintos gobiernos de la ciudad hacen planes para la revitalización del centro, que estaba en un proceso de degeneración que parecía abocado a convertirlo en un remedo de los downtown americanos, verdaderos núcleos de marginación en los que sólo de día hay actividad de gente "normal".

Pues resulta que el centro de Madrid lo están regenerando los homosexuales en un barrio concreto (Chueca) y los inmigrantes en el resto. Cuando un chino o un ecuatoriano abre un comercio, en principio busca atender a su comunidad, pero si el servicio es bueno, acaba atendiendo a toda la población de la zona. Y así los viejos comercios que languidecían en manos de ancianos sin capacidad de innovar, al ser adquiridos por esots emprendedores se convierten en pequeños focos de creación de riqueza, que van dando pie a que otros negocios puedan establecerse. Los inmigrantes son jóvenes, tienen niños y están repoblando barrios que iban quedando casi desiertos en pleno centro de la ciudad.

Los planes de desarrollo de la Administración, como siempre, acaban siendo inutilizados por la fuerza de la realidad. Cuanto mejor sería que en lugar de tirar el dinero en planificaciones a largo plazo, que ni siquiera eran válidas en regímenes estatalizados como los comunistas, lo dedicaran a facilitarles la vida a los emprendedores que de verdad pueden hacer crecer la economía y el bienestar de sus convecinos.

O mejor aún, que en lugar de quitarles el dinero a los inmigrantes, se lo dejen en el bolsillo para que éstos puedan dedicarlo a mejorar sus negocios.

Por cierto, el miércoles hay una jornada sobre Inmigración y Sociedad de la Información que organiza Fundetec y en la que colabora el Ayuntamiento de Madrid. Por si a alguno le interesan estos temas, la entrada es libre, basta con que os inscribáis aquí.

Vivienda digna

Muy bueno el artículo sobre la vivienda y la especulación inmobiliaria que ha escrito Daniel Herrera para el Juan de Mariana. Una frase me ha hecho gracia:

Los precios no son nunca una causa de nada, sino un síntoma de una realidad subyacente; pretender "curarlos" directamente es como luchar contra la fiebre cuando éste no es más que la indicación de que el paciente padece una pulmonía.

Leedlo entero, como dijo el clásico.

Beatus ille

Ayer me tocó ejercer de padre y ayudar a mi hijo de 8 años (3º de Primaria) a estudiar Conocimiento del Medio. El tema trataba sobre las ciudades y los pueblos, y había una página dedicada a explicar las diferencias entre la vida de la ciudad y la vida en el pueblo.

¿Adivináis cuáles eran las características de la vida en la ciudad? Efectivamente: contaminación, prisas, atascos, largas distancias que obligan a desplazarse en coche o en transporte público, gente que sólo conoce a los vecinos... Por el contrario, en el campo se vive tranquilo, se respira aire puro, todos se conocen y puedes ir a cualquier sitio andando.

Así que no pude evitar hacerle pensar un poco, y le comenté: "me parece que se han olvidado algunas cosas, porque en las ciudades hay hospitales, muchos cines que ponen muchas películas, teatros, museos, hay más restaurantes y sitios donde divertirse, y hay más trabajos. Si vives en un pueblo tienes el hospital lejos, sólo hay un cine, hay pocos restaurantes y poco trabajo."

Mi hijo, que no es tonto, dijo: "creo que han puesto todo lo malo de las ciudades y todo lo bueno de los pueblos".

Pues sí. El autor, que obviamente vive en una ciudad, piensa que todos somos tontos del bote y que nos gusta sufrir, y por eso elegimos la ciudad. O que necesitamos que alguien nos explique lo bien que se vive en un pueblo. No dudo de que habrá gente que prefiera la paz y la tranquilidad del pueblo, pero ¿sería mucho pedir que nos dejaran elegir a los demás la contaminación y los atascos y la libertad y las exposiciones y los conciertos y los trabajos y la zona gay y los restaurantes japoneses?

En fin. Ecologismo barato para adoctrinar a los niños desde los ocho años.

Debate civilizado

No sé si tienen razón Freelance, Juan Cueto y Fernando Berlin en lo de que la blogosfera de derechas es más activa e influyente que la de izquierdas. Lo que sí sé es que es más habitual encontrar en los blogs liberales explicaciones razonadas y repletas de enlaces. En sitios como éste, por el contrario, el principal argumento es el insulto.

Es posible que los de izquierdas defiendan conceptos tan auto-evidentes que no necesiten justificarlos, y que los que sostenemos ideas menos intuitivas sepamos que única manera de defenderlas es la razón y los datos. O tal vez es que somos unos pelmazos inaguantables que disfrutamos discutiendo. En cualquier caso, agradezco comentarios como el que dejó Prometeo: razonado, correcto e incluso bien escrito.

Tanto que merece la pena subirlo a este post y comentarlo:

A ver, estimado Selene.
Eso de que los derechos secundarios necesariamente perjudican a los otros es difícil de justificar.

No lo creo. El derecho a la educación, por ejemplo, implica que alguien tiene que construir una escuela, dotarla de medios y pagar a los profesores. Es decir, para que un niño se eduque, alguien tiene que pagar. Eso se puede hacer voluntariamente (y entonces es una donación del que paga, no un derecho del alumno) o mediante impuestos, y eso implica que a alguien se le quita parte del dinero que ha ganado. Es decir, que podría tener 100, y ahora tiene 90. Lo cual es un perjuicio evidente.

Alguien podrá decir: pero es que el que todos los niños tengan una educación básica es un bien para la sociedad. Con lo cual estoy de acuerdo, pero no quita que ese bien para la sociedad se consigue a base de violentar a los individuos. Ahora bien, ¿estoy de acuerdo con que el Estado garantice la educación obligatoria para todos los niños, y que incluso sufrague su coste? Pues la verdad es que sí, aunque eso suponga una extorsión para los que pagan impuestos.

Pero creo que considerar la educación un derecho y no una concesión de los ciudadanos que pagan impuestos es un error, que además tiene consecuencias como que el alumno no valore lo que la sociedad le está dando.

Ignoro cuales son tus circustancias vitales, y realmente, no me importan demasiado. Es posible que te prejuzgue y me imagine cosas que no son así que prefiero no darle la menor importancia al hecho de que me de la impresión de que te agarras a ideas que no son propias y que careces de suficiente espíritu crítico como para poner en duda tus propias convicciones.

Pues no. Verás, hace 20 años yo votaba a Izquierda Unida porque era la opción útil, pero me parecían unos paniaguados aburguesados. Me creía lo del ecologismo, lo del compromiso de la izquierda, lo de los países 'empobrecidos'. Me ha costado mucho darme cuenta de que el mundo no funciona como yo pensaba, y que no siempre el que más grita a favor de los pobres es el que hace algo por ellos.
Personalmente considero que simplificas enormemente para llegar a las conclusiones que deseas. En estado unidos las casas que comentas de 300m2 responde a un modelo urbanístico basado en la disponibilidad de terreno, sin nucleor urbanos como los nuestros, basados en el uso extensivo del automovil, con un precio del combustible más barato, con menos restricciones medioambientales, peores materiales de construcción (en casas de clase media), y un modelo de sociedad muy diferente al nuestro.

Totalmente de acuerdo (excepto en lo de los materiales de construcción, pero no voy a entrar en eso). La cuestión es que ese modelo de sociedad al final produce una clase media que tiene un nivel de vida muy superior al 90% de la población de los países "de nuestro entorno" europeo. Aquí estamos rizando el rizo de conseguir 'suburbs' tan alejados del 'downtown' como en Estados Unidos, con 'malls' como en Estados Unidos, pero con casas, coches y gasolina muchos más caros que en Estados Unidos.
Para tí será todo gracias a que cualquiera puede construir. Pues mira, ni tanto ni tan pardo. La sociedad ultraliberal que pareces anhelar es muy muy buena, pero sólo para unos pocos, los que están arriba y se pueden permitir la educación, la sanidad, la vivienda y los caprichos que quieran. El problema es que en con ese modelo se produce una concentración del capital que repercute en un empobrecimiento de las capas inferiores.

No, gracias a que cualquiera puede construir no. Gracias a que el sistema no impone un sobrecoste en el suelo que al final se convierte en el 50% del precio de la vivienda. Gracias a que el sistema fomenta la competencia, y eso obliga a ofrecer mejores precios.

Y en la sociedad liberal (no ultra) que yo anhelo lo que se produce es creación de riqueza, que beneficia a todos. Las mayores concentraciones de capital no se producen en las sociedades con mayor índice de libertad económica, sino en las dictaduras socialistas (véase Cuba o Corea del Norte, donde una sola persona es en la práctica el dueño absoluto del país).

Y si quieres datos sólo necesitas consultar los cambios que han habido en España en los últimos veinte años. Los ricos son más ricos y los pobres son más y más pobres. Recuerda que ahora más del 20% de la población española está por debajo del umbral de la pobreza.

Pero claro, eso desde el punto de vista del empresario es culpa de los trabajadores, de la competencia y de las normas que no le dejan contratar a trabajadores por menos, para hacer el mismo trabajo o más.


Pues me temo que estás equivocado. Por ejemplo, ahora la tasa de paro es del 8,5%, y en 1985 más del 20%. Sólo ese dato ya es significativo, pero si quieres más puedes mirar aquí. O simplemente pensar en por qué somos un país que recibe inmigrantes ahora y no lo éramos hace 20 años.
En cuanto a lo del umbral de la pobreza, es una falacia. Para calcular el umbral de la pobreza, se cuenta el porcentaje de población que tiene ingresos inferiores al 50% de la media. Es decir, que es una medida relativa, de manera que si la distribución de riqueza sigue una campana de Gauss (esto no lo sé, pero es bastante probable) siempre habrá un porcentaje significativo de pobres. Aunque el PIB per cápita pase de 2.000 dólares a 20.000 (y por tanto seamos diez veces más ricos de media) si no cambia la distribución de la riqueza seguirá apareciendo el mismo porcentaje de pobres.

Dicho de otra manera: lo que mide el llamado umbral de la pobreza no es la pobreza, sino la distribución de la riqueza.

Hacerse infinitamente rico es inmoral, pero claro, depende de que moral tengas. Desde el punto de vista cristiano es difícil de justificar. Los liberales de nuestro país que además se presentan como cristianso son por lo tanto unos hipócritas y muestran actitudes inmorales, ya que no protegen al indefenso, sino que en el mejor de los casos les dejan a su suerte, cuando no les aprietan las tuercas.

Desde el punto de vista cristiano lo inmoral no es hacerse infinitamente rico, sino no compadecerse de los pobres. ¿Quién es más inmoral, Bill Gates (que es lo más parecido que conozco a 'infinitamente rico') que dona miles de millones de dólares al año, y que financia programas de salud en el Tercer Mundo que mejoran la vida de miles de personas, o Juan Pérez, que gana tres mil euros al mes pero no da ni un céntimo a nadie?
Si tu moralidad escapa de los principios cristianos y eres un ateo (o agnóstico) convencido, sólo juras fidelidad a las leyes de mercado y reniegas de los derechos humanos,entonces felicidades, porque en ese caso eres coherente contigo mismo.

Es que verás, jurar fidelidad a las leyes del mercado es como jurar fidelidad a la ley de la gravedad: irrelevante. Se cumplen independientemente de lo que cualquiera opine de ellas. Y oponerse a las leyes del mercado tiene el mismo efecto que oponerse a la ley de la gravedad: el batacazo.

Y por supuesto que no reniego de los derechos humanos: valoro sobre todas las cosas el derecho a la vida y a la libertad, que son los dos derechos fundamentales.

Cuando dices:"Lo puedes hacer con impuestos, como tú propones, o robando. Cuando un empresario se forra indefinida e ilimitadamente en una sociedad libre, lo hace porque satisface a millones de consumidores, que voluntariamente le entregan su dinero a cambio de lo que él ofrece." Porqué obvias la posibilidad de que se forre sin satisfacer a los consumidores? Es que tú no tienes en cuenta que hablamos de cosas que son necesarias de la misma manera que vender agua en el desierto a precio de oro discutible (cual es la frontera entre robar, la inmoralidad, y el abuso?).

Obvio la posibilidad de que se forre sin satisfacer a los consumidores precisamente porque esa es una de las leyes del mercado: sólo puedes ganar dinero si das a la gente algo que quiere comprar. La excepción son los monopolios, pero los monopolios implican precisamente una ruptura de las leyes del mercado.

Vender agua a precio de oro en el desierto no es discutible: es lo único que puede garantizar que puedas tener agua en el desierto. Piensa un poco en por qué en Cuba, con cartillas de racionamiento, la gente pasa hambre y en España, donde no se garantiza el 'derecho a recibir alimentos' y su precio es libre tenemos abundancia.

Tu menosprecio a quién piensa diferente que tú raya lo insultante, y lo que es peor, parece que lo sabes y que te gusta. Supongo que es porque en sus reacciones viscerales y tan poco razonadas tú te sientes reafirmado.

Reconozco que había un cierto tonillo provocador en el post que comentas. Pero no creo que enlazar a alguien y comentar lo que dice sea menospreciarlo, sino todo lo contrario. Leo muchas cosas con las que no estoy de acuerdo, y simplemente las ignoro. Pero es que la idea del salario máximo me hace gracia, porque es un disparate absoluto, y de ahí mi post.
En cuanto a las reacciones viscerales, ya ves que me ha gustado mucho más la tuya que las de los que me llaman facha, tanto como para responderte.
Y por cambiar de tema.

Porqué confías en el software libre? Acaso no tienen derecho los que cobran a hacerse ricos? o es que es una muestra más de que la competencia incentiva el mercado? Si tú crearas un programa usando herramientas libres revertirías tu beneficio en los desarrolladores solidarios de alguna forma? Es moral lucrarse con el trabajo voluntario de otros? Te parecerá bien que pirateen tu programa propietario o preferirás entregarlo libremente a la comunidad?


Uy, esto requiere un post entero en sí mismo. Tal vez lo haga en Futuro Linux.
No pretenden ser preguntas capciosas, simplemente plantean las mismas dudas que los temas anteriores.
Un saludo

Y ya ves que no las he tomado como tales, sino dignas de respeto y de respuesta. Es más, te agradezco mucho el comentario, porque el debate nos enriquece a todos.

Ya verás, si sigues pensando por tu cuenta, acabarás en las redes del liberalismo....

Humor y economia

¿Quién dice que la economía es aburrida? En La Fragua, además de imágenes tronchantes sobre la Convención del PP, son capaces de hacernos reír con una parodia de "Economía para quinceañeros buenrollistas":

Empieza con una colección de enlaces a noticias sobre empresas que ganan mucho dinero (aunque se olvida de Polanco, tal vez porque tiene contratado a su papá). Mezclados con otros enlaces sobre lo mal que va todo para los jóvenes y los trabajadores.

Y después sigue con lo que llama opinión. Mirad:

Esto es lo que la derecha (los neo'liberales') llama 'orden espontáneo'. Yo lo llamo ley del más fuerte (o ley de la selva).

No, esto no es orden espontáneo. Lamentablemente, tenemos una economía muy intervenida que provoca, por ejemplo, que el 50% del precio de una vivienda se deba a las leyes que regulan el suelo.
Da la sensación de que estos hechos no le escandalizan a nadie.

A tí sí, pillín. Pero es que tú eres más honrado y más solidario que nadie.
Lo escandaloso es, al parecer, el Estatut y la unidad de España.

No exactamente. Lo escandaloso es que saltarse las leyes quede impune, porque uno de los requisitos para que funcione el capitalismo es que las reglas del juego sean transparentes y se apliquen a todos.
Que la gente no pueda comprarse una casa nos parece normal. Que el despido sea cada vez más fácil, también. Que no podamos formar una familia, lógico.

Tal vez te sorprenda, pero no es requisito imprescindible mostrar el título de propiedad de una vivienda para inscribirte como matrimonio en el registro civil. Y claro que "la gente" puede comprarse una casa. Por eso los precios están como están. O a lo mejor quieres decir que no todo el mundo puede comprar la casa que quiere. Lo cual es cierto, pero provocado en gran medida por las leyes que impiden construir libremente. ¿O acaso nunca te has preguntado por qué en Estados Unidos la gente de clase media normalita vive en chalets individuales de más de 300 m2?
Y en cuanto al despido, tres cuartos de lo mismo. La facilidad de despido es inversamente proporcional al paro. Las leyes de "protección de los trabajadores" en realidad protegen a los trabajadores que ya están contratados, pero impiden que los jóvenes accedan al mercado de trabajo.
Y ya no digamos lo que ocurre en los países empobrecidos. Pero nada: el 'orden espóntaneo' del Mercado nos va a salvar, ¿no?
El 'orden espontáneo' ha salvado a Corea del Sur ¿no? Corea del Norte es uno de esos países "empobrecidos" donde la gente se muere literalmente de hambre. Corea del Sur tiene un nivel de vida equiparable al nuestro. Y hace poco más de cincuenta años eran el mismo país. ¿La diferencia? Corea del Norte es comunista, y Corea del Sur tiene una economía liberalizada.
Llevo años pensando una 'locura': que debería haber un 'salario máximo' (igual que hay un salario mínimo).

Efectivamente, es una locura. Y por cierto, tampoco debería haber salario mínimo. Pero esa es otra historia.
Sería un salario máximo más que generoso, pero no inmoral, como ocurre ahora en muchos casos.

¿Y quién dice lo que es inmoral? ¿Tú? ¿Yo? ¿Votamos? A ver, que levanten la mano los que piensan que es inmoral que el padre de Toño gane por hacer un dibujito más que un albañil que se juega la vida en el andamio, o que una dependienta que se pasa el día de pie aguantando clientas impertinentes, o que un taxista que acaba con la espalda hecha un cuatro después de diez o doce horas al volante.
Todas las ganancias de una persona que superen el salario máximo, deberían, por ley, o ser reinvertidas en esa misma empresa (para contratación de personal y expansión de la compañía) o, directamente, pasar a las arcas del Estado como un impuesto más.

¿En esa misma empresa? ¿No puede crear otra, si tiene otra idea? Y una persona que supere el salario máximo y no sea empresario, ¿también tiene que regalarle el exceso a la empresa de su patrono? ¿Ronaldo debe reinvertir su exceso de sueldo en el Real Madrid?
Y eso por no entrar en el ridículo antológico de pensar que lo que gana un empresario es dinero líquido. Hace poco saltó la noticia de que un empresario importante, para evitar la ley anti-tabaco, había hecho que su empresa le alquilara su despacho, que pasaba a ser así un espacio personal y no laboral. ¿Tú crees que a una persona así le cuesta mucho hacer que el coche, la casa, los viajes, incluso la ropa sean propiedad de su empresa, y que él únicamente gane unos miles de euros al mes como "dinero de bolsillo"?
¿Por qué hay que confiar en que el empresario reinvertirá? Hay que obligarle a hacerlo. Tal cual.

Un empresario reinvertirá si cree que va a ganar más dinero. Si no, invertirá en otras empresas. ¿Y si su empresa no da para más? ¿Tú crees de verdad que si un empresario ve que puede ganar más dinero reinvirtiendo no lo va a hacer? ¿Que tienes que venir tú a obligarle, porque él (que ya se jugó una vez su dinero para montar la empresa) no es capaz de saber dónde tiene que invertir?
Escandaloso, ¿verdad?. Que alguien pierda su derecho a forrarse indefinida e ilimitadamente es escandaloso. Que millones de personas no puedan ejercer su derecho a una vivienda digna, nos da igual.

Derecho a forrarnos indefinida e ilimitadamente lo tenemos todos. Cuando ese derecho se respeta, toda la sociedad es más rica, porque muchos intentan conseguirlo, y para ello trabajan más, arriesgan su dinero para crear puestos de trabajo y desarrollan nuevos productos y servicios que hacen la vida más fácil y agradable a los demás. Cuando alguien pretende limitarlo, toda la sociedad es más pobre, porque nadie tiene aliciente para crear riqueza.
Y el derecho a una vivienda digna es un derecho ilusorio: para que tú tengas una vivienda digna alguien debe pagarla. Si no lo haces tú, tienes que quitarle el dinero a otro. Lo puedes hacer con impuestos, como tú propones, o robando. Cuando un empresario se forra indefinida e ilimitadamente en una sociedad libre, lo hace porque satisface a millones de consumidores, que voluntariamente le entregan su dinero a cambio de lo que él ofrece. Y en el momento en el que los consumidores decidan que lo que ofrece ya no les satisface, dejará de forrarse.
Hasta en los derechos hay clases.

Efectivamente: están los derechos naturales, como el derecho a la vida o a la libertad, que son individuales y cuyo ejercicio no supone una imposición de ningún tipo al resto de la humanidad, y los falsos derechos sociales, como el derecho a la vivienda o a la educación, que implican necesariamente un perjuicio para otro.

No os perdáis los comentarios. Aunque parezca mentira, los hay que se han creído que la parodia de Toño iba en serio.

Paridad en el trabajo

Cualquiera que tenga uso de razón y un poquitín de experiencia laboral sabe que lo de la discriminación salarial de las mujeres es mentira. Y si fuera verdad, el mercado se encargaría de solucionarlo rápidamente: si una mujer rinde igual que un hombre pero se le puede pagar menos, cualquier empresario vería una oportunidad en contratar mujeres, y se lanzaría a ello. Así, pronto habría mayor demanda de mujeres, que exigirían más sueldo, con lo que se equilibraría el sueldo entre hombres y mujeres.

Carlos López hace una propuesta en relación a la ley de igualdad: ¿por qué no asignar cuota por alturas?
Esto, que parece una boutade, no lo es tanto. Scott Adams, por ejemplo, decía hace unos días en su blog que para ser jefe tienes que tener al menos dos de las tres H: height, hair and Harvard (altura, pelo y un título de Harvard).

Y recuerdo un documental en el que hacía un experimento curioso: cogían a dos individuos de la misma edad, con el mismo aspecto general, vestidos exactamente igual, pero uno de más de metro ochenta y otro que no llegaba al metro setenta. Preguntaban a la gente por el trabajo que creían que tenía cada una de estas personas, y un mayoría significativa asignaba trabajos de mayor categoría al individuo alto.

Así que puede ser cierto que ser alto proporciona ventajas laborales. ¿Debemos entonces aprobar leyes que regulen la altura de los directivos de una empresa?

Rubros comerciales habilitables

En barrapunto leo que la Ciudad de Buenos Aires ha desarrollado un mapa interactivo. En principio, una noticia tecnológica más. Pero esta aplicación permite ver la información de cada parcela.

¿Y qué información aparece? Pues además de la foto, lo que llaman Rubros comerciales habilitables, esto es, los usos comerciales a los que se puede destinar. Cuando uno investiga, encuentra que en una manzana determinada, por ejemplo, puede instalar un comercio con el código 502466: Armado Y/o Reparac. De Calculador. Y Computad. electronic. Analogicas y Digit., pero no puede instalar un comercio de alquiler de ordenadores. También hay un rubro para alquiler de Video-Cassettes, pero no de DVD. ¿Se podrán alquilar DVD en los comercios habilitados para el alquiler de Video-Cassettes? Hay rubro para alquilar coches, pero no para venderlos. Se puede instalar un café-bar, pero no un restaurante.

Por supuesto hay restricciones: en el caso del Armado Y/o Reparac., el local no debe medir más de 150 metros cuadrados. Eres más afortunado si pretendes instalar un "Aditamento Fijo (Quiosco) En Loc. Espec (act. Acc.)": tu negocio puede entonces ocupar 200 metros cuadrados. Será un bonus por averiguar qué demonios es eso.

Y yo me pregunto: todas estas regulaciones ¿tendrán algo que ver con la crisis argentina? ¿no sería más fácil decir lo que está prohibido, por razones de salud, higiene o ruidos y permitir todo lo demás?

Está claro que cuando el instalar un negocio depende de la interpretación que un funcionario haga de una serie de normas absolutamente arbitrarias, sólo hay dos posibilidades: o pagar una mordida o esperar meses a que tenga a bien resolver a tu favor.

Pero claro, si el país no prospera, uno siempre puede echarle la culpa a la globalización, al capitalismo, a las multinacionales y a Bush.

Regulación para VoIP

En Canadá la CRTC (el equivalente de la CMT) ha decidido regular la voz sobre IP. O más concretamente, los precios.

Curiosamente, son las operadoras instaladas las que no querían que se regulara el servicio, y los competidores (cableros fundamentalmente) los que han pedido esta regulación. Parece ser que tratan de evitar que Bell y Telus, las operadoras dominantes, eviten la entrada de nuevas empresas en el negocio tirando los precios, de manera que se les haga imposible ganar dinero.

Así que por el bien de la competencia, es decir, de las empresas que quieren entrar en el sector de las comunicaciones de voz gracias a la VoIP, los consumidores canadienses pagarán más caro este servicio.

Es el mismo razonamiento que aplica la CMT para sus regulaciones de precios, pero yo no termino de verlo claro:

Si Telefónica (o Bell) decide tirar los precios de la VoIP o del ADSL, porque tiene capacidad financiera para ello, de momento gana el consumidor. Si gracias a esto consigue evitar la competencia, no es mi problema. A mí me da igual que haya una compañía telefónica o mil. Lo que quiero es un servicio barato y con calidad.

Y aquí es donde entran los defensores de la intervención, y argumentan: "es que cuando el operador dominante se quede solo, podrá subir los precios y bajar la calidad".

Pues bien, lo único que ocurre es que entonces será el momento para que surja la competencia. ¿Cuál es el problema?

El único problema que yo veo es que hay empresas, en España y Canadá, que quieren entrar ahora en el mercado de voz, y no esperar a que el operador dominante les deje un hueco. Y para eso necesitan que el gobierno les proteja, perjudicando al consumidor. Pues no puedo estar de acuerdo.

Las zarigüellas no pueden decir: quiero el nicho ecológico del diplodocus. Tienen que esconderse entre los árboles, comer huevos o insectos y esperar su oportunidad. Si tienen suerte, se convertirán en elefantes, y habrán conseguido su objetivo. Si no, a seguir en los árboles o a extinguirse.

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