Diarios de las Estrellas

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Cifras y letras

La cabra siempre tira al monte, y los adláteres del PSOE al recuento de fachas en cualquier manifestación en la que no participen. Yo ví a uno de los supuestamente objetivos del manifestómetro hacer fotos a eso de las ocho de la tarde a la zona menos densa de la manifestación. Otro es el hijo de Forges, de conocido sesgo izquierdista. Así que estos no ofrecen más garantía de exactitud y rigurosidad que el gobierno o los organizadores de cualquier manifestación.

Ya dije que en mi opinión la unidad de medida para las manifestaciones debe ser el mogollón. Un mogollón había en la manifestación tras el asesinato de Tomás y Valiente, un mogollón en la manifestación tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, un mogollón y medio en la del 12-M, un mogollón en la manifestación de víctimas del terrorismo en Junio, un mogollón este sábado.

Por debajo del mogollón está la cantidad de peña, que es la unidad con la que se miden manifestaciones como las que organizaba la derecha católica contra el aborto en los años 80, las manifas contras las bases americanas en al misma época y las manifestaciones actuales de Batasuna o ERC.

Cuatro gatos es la unidad para medir la inmensa mayoría de las manifestaciones, por ejemplo esas a las que yo era asiduo hace veinte años: en apoyo a la revolución nicaragüense, contra la visita de Reagan...

Si eres gobierno, puedes despreciar las manifestaciones de cuatro gatos, puedes utilizar si te viene bien las manifestaciones de cantidad de peña, pero es suicida ignorar las manifestaciones a las que asiste un mogollón. Aznar lo hizo con la guerra de Irak (aunque no todas tenían esta categoría, las había de cantidad de peña e incluso de cuatro gatos) y así le fue. No creo que perdiera muchos votos directamente, pero sí consiguió generar en ciertas personas un estado de irritación que fue astutamente aprovechado por Rubalcaba en esos fatídicos días de marzo.

Y no es que tengas que hacer lo que diga cualquiera que sea capaz de reunir a un mogollón debajo de una pancarta. Pero al menos tienes que tomarte la molestia de aparentar que les escuchas, de pretender que te importan algo sus reivindicaciones, de hacer como si respetaras a los líderes y aprovechar la opoortunidad para explicar porqué tu política es la correcta.

Si haces como si no hubiera habido un mogollón de personas aguantando una lluvia helada, insultas a los asistentes, te burlas de sus líderes y sólo explicas tu política a los coleguitas, tendrás en las próximas elecciones un mogollón de personas que no sólo discreparán de tus propuestas, sino que estarán furiosamente dispuestas a hacer todo lo posible porque tu mujer no vuelva a decorar La Moncloa.

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