Diarios de las Estrellas

Política, ciencia, tecnología, la vida, el universo y todo lo demás.

ATENCIÓN: A partir de ahora, las nuevas entradas de este blog están en
diariosdelasestrellas.com

Acerca de la pena de muerte (II)

Como me temía, algunos lectores confundieron en mi primer post sobre la pena de muerte los argumentos prácticos con los morales. Por si acaso alguien no se ha dado cuenta, en mi primer post sólo digo que la pena de muerte puede ser más eficiente que la cadena perpetua para tratar a los asesinos con elevadas posibilidades de reincidir, incluso asumiendo los posibles errores.

No quería entrar ayer en el problema moral asociado a esto, aunque entiendo que para muchos lectores sea difícil separar el plano moral del práctico. Pero intentemos dejarlo para el siguiente post.

Vamos con más lío: ¿es aceptable la pena de muerte desde un punto de vista político o ideológico? Quiero decir, aceptable para un liberal.

Ya conocemos la postura de muchos socialistas: la pena de muerte es aceptable (o comprensible, o justificable) en países comunistas, a pesar de que son dictaduras en los que no hay ninguna garantía y se ejectua por delitos como "traición" o "conducta desleal"; es inaceptable no sólo en dictaduras de derechas, sino también en países democráticos en los que el condenado disfruta de todas las garantías procesales y se ejecuta por crímenes contra la vida de las personas. Ved si no la reacción que ha producido en nuestros progres la ejecución de un asesino múltiple y el silencio ominoso de muchos cuando Castro decidió matar a tres "secuestradores" que intentaban escapar de la isla-cárcel.

Por tanto, ¿hay una "postura liberal" acera de la pena de muerte? De entrada, los tres bloggers de Red Liberal que trataron el tema se han manifestado en contra, pero apenas han dado razones ideológicas. Jahd apunta algo en el sentido de que como sabemos que el gobierno falla, no debemos dejar en sus manos algo tan importante como nuestras vidas.

Y esta es la pregunta que un liberal debe hacerse ¿debo ceder al Estado la posibilidad de quitar la vida a uno de sus ciudadanos? La primera respuesta, obvia, es que cuanto menos haga el Estado, mejor. Pero salvo que seamos unos ancap radicales (en cuyo caso la pregunta sobre la pena de muerte no tiene sentido), si admitimos que debe existir Estado y que tiene un papel en el mantenimiento de la seguridad hay que decidir si este papel incluye aplicar la pena capital.

De entrada, sé que nuestra Constitución muestra con respecto al castigo del delito lo peor del buenismo socialdemócrata y democristiano de sus autores. Eso de que la función de la pena es redimir al delincuente está bien para los que no creen en la responsabilidad individual y prefieren hablar de las condicionamientos socioeconómicos o del pecado estructural.

Yo creo en la responsabilidad de cada individuo, y creo que es básico defender esto para poder aspirar a ser ciudadanos y no súbditos. Por tanto, creo que debe existir una sanción para el que abusa de esta responsabilidad causando un mal a otro.

En nuestra civilización cristiana, hasta los ateos miran mal la venganza. De modo que probablemente sea mejor utilizar el término castigo. Últimamente también está perdiendo crédito, pero en general más es aceptable. En cualquier caso, nos estamos refiriendo a producir consecuencias perjudiciales al criminal, de forma que el resultado neto de su acción sea negativo.

Por otro lado, desde Hammurabi, la tasación de los castigos tiene como objeto, además de evitar la arbitrariedad del Estado responsable de aplicar el castigo, evitar la venganza individual de la víctima. Entiendo que haya liberales ancap que estén en contra de la pena de muerte porque sean partidarios de la resolución privada de cualquier problema, incluida la venganza.

Pero la venganza individual a criterio de la víctima conduce muchas veces a la vendetta, y por eso es preferible que un tercero la administre con criterios racionales. Por tanto, creo que ceder la capacidad de venganza al Estado hace que nuestra sociedad sea menos violenta y más habitable.

Ahora bien, el problema aparece cuando el Estado decide que esa capacidad de venganza que hemos cedido es suya, y que puede renunciar a ella, o utilizarla como le venga en gana. Por ejemplo, cuando en lugar de decir "no puedes matar al criminal que violó y mató a tu hija, porque ya lo voy a hacer yo", el Estado nos dice "no puedes matar al criminal que violó y mató a tu hija, porque voy a rehabilitarlo unos años, y después lo soltaré. Si mata de nuevo, volveré a intentar rehabilitarlo".

En una tesitura semejante, muchos pueden decir: "de acuerdo, yo no quiero matar a nadie, ni aún al asesino de mi hija. Prefiero que intenten rehabilitarlo". Y en ese caso no habría ningún problema. Pero, ¿y el que considera que el único castigo justo para un violador y asesino de menores es la muerte? ¿puede el Estado decidir que su criterio no es válido?

En Estados Unidos hay una inmensa mayoría de la población partidaria de aplicar la pena de muerte a los asesinos. Fluctúa en función de la percepción de inseguridad, pero se mueve entre el 60% y el 80%. ¿Puede entonces el Estado privar a estos ciudadanos de su derecho al castigo que ellos consideran justo?

Por otro lado, si en la capacidad de castigo que le hemos cedido al Estado incluimos la posibilidad de matar, ¿no estamos dando excesivo poder a una entidad que siempre tiende a creceer y a desarrollar sus propias estructuras y funciones que sólo le sirven a sí mismo?

Esta objeción sin duda tiene peso por sí misma. Pero es que además en la mayoría de los países de Europa hemos vivido en el siglo pasado en diversas dictaduras que utilizaban el poder de quitar la vida para limitar la libertad de sus súbditos. Así que es lógico que los estadounidenses (que han vivido más de 200 años en democracia) se fíen más de su Estado a la hora de administrar el castigo capital que los europeos.

Como veis, la pregunta "¿debo ceder al Estado la capacidad de quitar la vida a uno de sus ciudadanos?" no es tan sencilla de responder. Existe el riesgo de que el Estado utilice esta capacidad para desarrollar funciones represoras, pero también existe el riesgo de que al ceder la capacidad de castigo al Estado la perdamos como individuos.

En cualquier caso, creo que aun teniendo en cuenta estos peligros es preferible ceder la capacidad de castigo al Estado que tener que asumir personalmente la venganza y por tanto correr el riesgo de provocar vendettas que pueden extenderse por varias generaciones.

Y creo que, aun teniendo en cuenta lo peligroso que es dar al Estado la capacidad de matar, si la mayoría de los ciudadanos de un país decide que la cadena perpetua, o la pena de muerte, son un castigo justo, el Estado no puede arrogarse la capacidad de decidir lo contrario.

Comentarios


"Y creo que, aun teniendo en cuenta lo peligroso que es dar al Estado la capacidad de matar, si la mayoría de los ciudadanos de un país decide que la cadena perpetua, o la pena de muerte, son un castigo justo, el Estado no puede arrogarse la capacidad de decidir lo contrario."

No me gusta la pena de muerte, porque odio que un ser humano mate a otro. Pero ese último párrafo es inapelable. La cuestión es que en Europa hay cada vez menos democracia, porque los ciudadanos se limitan a votar y los partidos a decidir por su cuenta, lo cual no sucede para nada en Estados Unidos, donde existe casi una democracia directa en los estados, con consultas puntuales cada dos años. Y los ciudadanos europeos, tan tranquilos ellos. Eso sí, antiestadounidenses, por supuesto.


Muy bien este artículo. Yo añadiría que el castigo, además, tiene una función disuasoria. Yo lo apuntas cuando dices que el resultado neto de la acción delictiva tiene que ser negativo. Eso implica que un futuro asesino se lo plantee dos veces. Creo que incluso los "enajenados" se lo plantean dos veces si se juegan el cuello en ello.


"Yo añadiría que el castigo, además, tiene una función disuasoria."

De hecho solo tienes que mirar a EEUU para ver como cada año baja y baja y baja el indice de criminalidad.

Como diría Murphy: "Que las evidencias no te engañen"


El tema de la pena de muerte siempre puede ser discutible, y vaya por delante que no estoy de acuerdo en la conclusión a la que se llega en el artículo, aunque me cueste discutir cada uno de los argumentos empleados en él.

El olor del sofisma ronda siempre sobre el tema de la pena de muerte; los conocimientos y capacidad narrativa del escritor pueden ayudar, aunque este no sea el caso, a inducir a una opción equivocada utilizando argumentos válidos.

Lo que debería estar claro es que los argumentos económico jamás deberían ser utilizados para opinar sobre la vida de una persona. Estoy seguro que deberían buscarse maneras de financiación que redujeran el coste para la sociedad de una cadena perpetua,... "el trabajo os hará libres"...

En cuanto a los argumentos morales, creo que se ha pasado en un extremo a otro en alguno de los argumentos empleados... De la pena capital a la reinserción,... El único argumento para pasar de cadena perpetua a la pena de muerte es económico, puesto que la venganza no tiene sentido frente a alguien que no tiene capacidad de delinquir, consiguiendo de esta manera todas las garantías que un estado del derecho debe tener.

Política, ciencia, tecnología, la vida, el universo y todo lo demás.