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Gallizo pide opciones
Gallizo dice que le sobran presos, que la culpa de que haya tantos la tiene el PP y que hay que buscar opciones alternativas. A ella, como es limitadita, sólo se le ocurren los trabajos sociales.
Pero yo, en mi afán de servir al Estado y a la Alianza de Civilizaciones, le propongo otras:
- Cortar una mano a los ladrones.
- Latigazos. Beber alcohol o ser adúltero todavía no está prohibido, así que habría que pensar a qué delitos se le aplica esta pena.
- Ahorcar a los violadores. De paso, si se tercia, también a las violadas, por dejarse. O a los homosexuales.
Creo que con estas opciones, además de resolver el problema de Gallizo, avanzaríamos enormemente en la comprensión de la civilización musulmana.
Sanidad privada, por supuesto
Hace unos días, José García Palacios escribía un post justificando la sanidad pública, basándose en la necesidad de proteger a los que no pueden costearse la privada.
Aunque en los comentarios se le dan algunas respuestas, me gustaría aprovechar para desarrollar el tema un poco más de lo que permite un comentario en otro post. Este es uno de los asuntos en los que la verdad aceptada es la estatista, así que conviene reflexionar un poco para poder razonar contra corriente.
Primero, creo que habría que distinguir, y JGP no lo hace, entre quién paga los servicios sanitarios y quién ofrece estos servicios. Así, cabrían cuatro modelos:
El Estado paga (de nuestros impuestos, claro) y provee los servicios Sanitarios. Lo que ocurre en España ahora para la mayoría de la gente.El Estado paga pero entidades privadas proveen los servicios sanitarios. Lo que sucede ahora para los funcionarios afiliados a Muface.
El Estado provee los servicios sanitarios que pagan los usuarios de los mismos. También se da esto en algunos casos, como el de los accidentes de tráfico.
El Estado ni paga ni provee los servicios sanitarios. Es decir, la opción de mucha gente: hacerse un seguro privado con una compañía que gestiona una red privada de médicos y clínicas. Pero esta gente a la vez debe pagar según la primera opción, aunque nunca en su vida haga uso de la red sanitaria pública.
Por muchos motivos, la sanidad privada, a igualdad de prestaciones, es más barata. De entrada, porque a todo el equipo gestor de un hospital privado se le exige, como en cualquier empresa, una administración eficaz de los recursos. Cosa que no sucede en el hospital público, donde yo he visto el caso, por ejemplo, de tener que mantener y reubicar a un personal de lavandería que era inncesario al contratar este servicio con una empresa externa.
Por tanto, la opción muface, esto es, que el Estado nos quite el dinero para redistribuirlo, pero que al menos deje de competir con el sector sanitario privado y nos permita elegir en qué compañía confiamos, no sólo es factible, sino que ya supondría un ahorro inmenso.
El único problema es: ¿podría un hospital privado tener los medios que tiene un hospital público? Es evidente que si hay gente que está dispuesta a pagar por ellos, habrá medios iguales o mejores. La prueba es la cantidad de gente dispuesta a ir a Houston para tratarse un cáncer.
Puede surgir entonces la duda de si el sector privado atenderá a todos los ciudadanos o centrará sus recursos en las grandes ciudades, donde las inversiones en hospitales serán más rentables. Es el eterno problema de las ADSL o de las carreteras rurales.
Pero al fin y al cabo, dónde vivir es una decisión que toma libremente cada ciudadano. Yo soporto los atascos, las casas a precios imposibles, la contaminación y otros muchos males para poder disfrutar de más ofertas de empleo, más oferta de ocio y mejores servicios de todo tipo, incluidos los sanitarios. El que prefiere vivir en una aldea de alta montaña sabe que tiene garantizada la tranquilidad y el aire puro, pero no puede ver la última película del director iraní de moda ni ser consultor de Accenture ni tener acceso a un hospital a veinte minutos de coche.
Así que de momento tenemos una posibilidad de sanidad privada a la que todos tienen derecho. Pero vamos con la otra posibilidad: el Estado tampoco paga los servicios sanitarios, y cada ciudadano es responsable de ello.
Esta situación es la que plantea JGP como potencialmente injusta: ¿qué pasa con el pobre que no puede pagarse un tratamiento contra el cáncer, o una operación a corazón abierto para salir de un infarto? De entrada, podría hacerse un seguro.
Alguno dirá que un seguro es caro. Pero también hay gente que dice que no lee porque un libro es caro, pero está abonada a la televisión de pago, o se gasta en fumar al mes lo que cuestan varios libros. En realidad, el concepto de caro no es un absoluto. Caro es simplemente aquello que tiene un precio superior al valor que nosotros percibimos.
Para mí puede ser carísimo un traje de firma de 500 euros, y para otro será una compra magnífica. Para muchos es caro mi iPod mini, y a mí me parecen 199 euros extraordinariamente bien gastados.
Quiero decir que los 50 o 60 euros que cuesta un seguro privado serán caros para quien no valore su salud, y habrá otros que prefieran pagar el doble para disfrutar de un seguro con más prestaciones. Lo que no es justo es que el que valora su salud tenga que pagar con sus impuestos el coste del que no lo ve así, y prefiere gastarse el dinero en pastillas un viernes por la noche.
Quedan los verdaderos indigentes. Por ejemplo, los jubilados que sobreviven con pensiones muy justitas, y para los que el coste del seguro, por motivos evidentes, es muy alto.
De entrada, hay una respuesta: la beneficencia. O las ONG, si preferimos ser más modernos. Hay mucha gente dispuesta a ayudar al que lo necesita, y podría ayudar más si el Estado no le quitara tanto dinero.
Y, si no quedara más remedio, siempre sería mejor que el Estado se limitara a pagar el coste de la población marginal (digamos un 5 o 10 por ciento) que el de todos los ciudadanos.
Por tanto, la respuesta a las preguntas de JGP sólo puede ser sí a la sanidad privada, cuanto más privada mejor.
¡Especulador!
¿Quieren ponerle nombre y apellidos a uno de esos especuladores que compra una vivienda, la deja vacía durante años esperando que suba su valor y luego la vende por el triple de lo que le ha costado?
¿Coherencia? ¿Quién se preocupa de la coherencia habiendo tanta pasta por medio? Y además sale gratis. La inmensa mayoría de los votantes del PSOE le justificará diciendo que eso lo hacen todos, y que la culpa es del PP por crear el caldo de cultivo en el que se producen estas situaciones.
Nunca te acostarás
Hoy he aprendido una cosa: No titular un post con signos de interrogación. Si alguno de vosotros ha visto una entrada en RedLiberal titulada "¿Periodista, becaria o sectaria?" y al intentar entrar le ha salido un error 404, y todavía tiene interés en leerla, puede hacerlo aquí.
Periodista, becaria o sectaria
Copio el primer párrafo de la redacción que ha hecho Olatz Arrieta para El Mundo (el de papel, que no es el mismo que el de bits) sobre el escándalo Petróleo por Alimentos.
El programa Petróleo por Alimentos de la ONU movió contratos por valor de 64.000 millones de dólares (unos 77.000 millones de euros), pero los investigadores, que buscan desde hace un año a quienes se dejaron comprar y están dirigidos por el estadounidense Paul Volcker, sólo han podido demostrar la culpabilidad de dos funcionarios corruptos y menos de un millón y medio de dólares (1,8 millones de euros) en sobornos.
Sólo este párrafo ya es una magnífica pieza que demuestra la calidad de la prensa tradicional, ésa que los pobres blogueros nunca tendremos, y que justifica por sí sola un Estatuto del Periodista.
Pero vamos por partes:
¿Es que esta señorita no sabe hacer una regla de tres? 64.000 millones de dólares no son 77.000 millones de euros, por la sencilla razón de que el Euro, desde 2002, siempre ha estado por encima del dólar. Así que empieza el artículo con dos errores (2) que podría comprobar cualquiera que sepa multiplicar (y sin calculadora).
Pero no tener las habilidades de manipulación numérica requeridas para aprobar cuarto de primaria no es obstáculo si se tienen las habilidades de manipulación informativa periodística necesarias. En lugar de informar, la señorita Olatz se encarga de dimensionar el problema. En lugar de explicar qué era el programa Petróleo Por Alimentos, y qué rango tenían los dos funcionarios corruptos, lo que dice en el primer párrafo es:
Con la cantidad de pasta que se manejaba, y sólo hubo dos picaruelos se llevaron un 0,003%.
Lo del 0,003% no lo dice así, probablemente porque no sabe calcularlo, pero esa es la idea central del párrafo: no es para tanto. Lo que la señorita Olatz no nos dice es que los 1,8 millones de dólares es el dinero que se ha podido demostrar que se embolsaron sólo Sevan y Yakovlev en sobornos de empresas. No es la cantidad total que ha producido el escándalo. Hoy hemos sabido que al menos la mitad de las empresas contratadas pagó sobornos. Y todavía no está incluído lo que Sadam pagó a sus marionetas para que defendieran la causa anti-guerra.
Pero si minimiza la cantidad estafada, cómo no va a hacerlo con el rango de los funcionarios implicados. Si sólo lees el primer párrafo, puedes pensar en el típico oficinista que se ha aprovechado de un descuido del jefe para llevarse unos folios y unos bolis para los niños.
Pero resulta que en otro párrafo dice que Yaklovlev trabajaba en la oficina de adjudicación de contratos de la ONU. Pues sí. Era nada menos que el responsable directo de la adjudicación de decenas de millones de dólares al año. Entre otras, era el responsable de la adjudicación del contrato a Cotecna, la empresa donde trabajaba el hijo de Kofi Annan.
Pero lo del otro funcionario es aún mejor. Benon Sevan era nada menos que el responsable del programa Petróleo por Alimentos. Técnicamente puede ser un funcionario, como el ministro Alonso es un funcionario, pero nunca he leído una noticia que empiece "El funcionario Alonso ha declarado..". Seguro que esta chica hubiera titulado lo de Roldán como "Mando de la Guardia Civil desaparece con algo de dinero".
Y para nota también lo de la "investigación dirigida por el estadounidense Paul Volcker". A ver si nos enteramos: el crimen se ha cometido en territorio americano, así que es lógico que el investigador sea americano. ¿O tal vez hubiera sido mejor un sueco incapaz de encontrar su propio culo ni usando las dos manos como Hans Blix?
Pero dejando clara desde el principio la estadounidez de Volcker, permite que leamos el resto de la noticia con el cristal de color "a ver que están tramando ahora los neocon de Bush para machacar a la ONU".
Así que ya sabéis, si queréis tener información veraz y fidedigna sobre el escándalo "Petróleo por Alimentos", podéis leer un medio serio y contrastado como el Mundo, con periodistas profesionales y editores que revisan la exactitud y el rigor de la información publicada, o fiaros de un indocumentado anónimo como Franco Alemán. O seguir los enlaces que proporciona FA en sus posts. O buscad vosotros mismos en Google.
O, ya puestos, leed vosotros mismos el informe sin necesidad de que una corresponsal escriba un especial para vuestro periódico favorito interpretando lo que ella cree que debéis saber.
¡Insensato!
Montilla le ha llamado insensato a Zapatero.
Vamos a ver quién manda aquí: o Zapatero desautoriza a Montilla, o Montilla manda más que Zapatero (el PSC más que el PSOE, si preferís).
Hiroshima, Dresde, Alesia
Por ese extraño fetichismo que nos producen los aniversarios redondos, se está hablando mucho últimamente sobre las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.
También en la blogosfera liberal, en el que un post de Juan Ramón Rallo ha generado bastante polémica. Franco Alemán, como acostumbra, ha aportado algunos enlaces con opiniones anglosajonas sensatas.
En cuanto al caso de Hiroshima y Nagasaki, el post con el que más coinicido es con el de Coase.
Pero pensando en lo de la moralidad de las bombas atómicas, creo que algunos bitacoreros liberales comparten con pacifistas y buenistas una concepción absolutamente equivocada acerca de la naturaleza de la guerra.
Una de las primeras guerras de las que tenemos noticias detalladas es la de las Galias, que nos ha llegado contada precisamente por el jefe militar del ejército romano, Julio César. Uno de los episodios clave es la batalla de Alesia, en la que tras un largo asedio el César consiguió la rendición del jefe galo Vercingétorix. (A algunos tal vez os sonará por haber leído a Asterix).
Pues bien, en ese asedio los galos empezaron a sufrir la escasez de provisiones. Vercingétorix esperaba un refuerzo de otras tribus, que pensaba que podía ser decisivo para la victoria gala. Así que expulsó de la ciudad a ancianos, mujeres y niños, para evitar darles de comer y que sus hombres aguantaran hasta la llegada de los refuerzos.
Los romanos habían rodeado Alesia con sus propias fortificaciones, pero Vercingétorix esperaba que permitieran la salida de los civiles. César, a pesar de las súplicas de alguno de sus oficiales, se negó a dejarles pasar, quedando en tierra de nadie.
Vercingétorix se negó a abrir las puertas de Alesia a sus propias mujeres y niños, así que todos murieron de inanición a la vista de los soldados galos y romanos.
Como vemos, el uso de la población civil como arma es tan antiguo como la guerra. ¿Fue inmoral la actuación de Julio César al impedir el paso de los niños y mujeres galas? ¿Fue inmoral la de Vercingétorix al sacrificar a su propio pueblo? ¿Es inmoral arrasar Hiroshima con una bomba atómica? ¿Es inmoral arrasar durante tres días Dresde con 3.900 toneladas de bombas, con un poder de destrucción mayor que las bombas de Hiroshima y Nagasaki? ¿Es peor lanzar 42.700 toneladas de bombas sobre Tokio en Julio de 1945 que una bomba atómica en Hiroshima en Agosto?
La guerra es mala. Fundamentalmente, porque produce muerte, sufrimiento y destrucción. Además, como recuerda ESR, aumenta el poder del Estado. Pero, como decía Maurice Chevalier de la vejez, a veces la alternativa es peor.
Como liberal y como ser humano, estoy en contra de las guerras. Pero como liberal y como ser humano, no puedo ser pacifista, si eso supone permitir que un mal superior a la guerra se imponga.
Cuando tuvieron que elegir entre vivir bajo el dominio de los nazis y la Segunda Guerra Mundial, los británicos tomaron la decisión correcta, y no los franceses o los belgas.
Y una vez que entras en la guerra, todo lo que hagas debe ir encaminado a un único fin: terminarla cuanto antes, y ganando. Y eso puede implicar dejar morir de inanición a mujeres y niños, o arrojar bombas (incendiarias o atómicas) sobre población civil.
Medidas sucias, que no tienen nada que ver con el comportamiento habitual en tiempo de paz, pero que pueden resultar imprescindibles para que la guerra termine cuanto antes, y con el resultado que quieres. No son decisiones fáciles de tomar, y no creo que yo pudiera volver a dormir bien después de hacer algo así.
Pero tampoco dormiría bien si, pudiendo evitarlo, permitiera que los japoneses siguieran asesinando mujeres y niños chinos o filipinos, o que los baazistas de Irak siguieran asesinando mujeres y niños kurdos o chiítas, o que los nazis siguieran asesinando mujeres y niños judíos o deficientes mentales.
Ideavirus
Acabo de leer The Tipping Point, de Malcolm Gladwell, un librito muy interesante que trata de cómo se extienden por la sociedad fenómenos como las modas juveniles.
Entre los principios que actúan en la sociedad explica que hay tres tipos de personas que son necesarias para generar un cambio: connectors, que son personas con una red de conocidos muy extensa, mavens, que son los que primero identifican una tendencia o adquieren una información que es interesante, y salesmen, que son los capaces de vender una idea.
En Unleashing the Ideavirus, llama a estos agentes del cambio sneezers, y aunque centra su libro en torno al marketing, la idea subyacente es la misma: es muy difícil imponer una idea desde el poder, incluso gastando millones en publicidad. Necesitas que la gente "se contagie" voluntariamente, que crea en el mensajero.
Probablemente si los estrategas (por llamarlos de alguna manera) del PP hubieran entendido esto, habrían sabido combatir la ideavirus del "no a la guerra". Es cierto que el "no a la guerra" tenía todos los elementos para triunfar: sneezers influyentes (sí, los bardem y compañía son influyentes para mucha gente), un mensaje fácil y pegajoso (era simple de entender y provocaba que los que adoptaban la idea se sintieran mejores personas), una estrategia de difusión del mensaje que obligaba a participar en la misma a los contagiados.
Pero también es cierto que si crece una idea tan letal para tus intereses como esa, no puedes hacer lo que hizo el PP: callar todo lo posible y limitarse a defender las ideas en un foro de élite (el Parlamento).
Ante el mismo problema, Blair mantenía debates a cualquier hora y con cualquier público, de manera que los partidarios de la intervención en Irak podían adoptar sus argumentos. Bush pudo contar con una opinión pública y una parte de la prensa capaz de identificar como solución válida la intervención militar, y de catalogar como lunáticos a los Moore y compañía.
El problema de la información sobre la guerra no era la desastrosa política de medios de comunicación de Aznar, como acostumbra a decir FJL, aunque también influyó. El problema es que la táctica del avestruz que adoptó el Gobierno de Aznar ya no sirve en el siglo XXI. La estrategia del PP funcionaba en los años 70, en los que los medios de comunicación P2P eran limitados, y el poderoso podía decidir qué era noticia. Pero no sirve en la era del email, de los blogs, de los móviles, de los SMS.
Microsoft lo ha entendido con el problema Linux. Cuando el movimiento a favor del pingüino se convirtió en una guerra contra Microsoft, los de Redmond respondieron (y siguen respondiendo) con todo el poder de su aparato de marketing: estudios de prestigiosos analistas independientes (pagados por Microsoft) que demostraban la superioridad de Windows, historias de clientes satisfechos que habían ahorrados millones de dólares y miles de horas de trabajo gracias a Windows, apoyo a cualquier cosa que pudiera hacer daño a Linux, miles de dólares en publicidad tradicional e incluso en publicidad on-line en sitios linuxeros en los que se animaba a comparar de manera justa los dos sistemas operativos... cualquier cosa menos dejar que por la red (y entre sus clientes) se extienda la idea de que hay otro sistema operativo que puede usarse en entornos corporativos.
El gobierno de Aznar podía haber ganado la batalla de la opinión pública, como lo hizo Bush, o al menos conseguir tablas como Blair.
Podía haber desarrollado una ideavirus alternativa: destacar que el objetivo era la libertad o la democracia para Irak, o simplemente optar por la idea conservadora de alinearse con los demócratasy civilizados destacando los elementos anti-sistema de los "no a la guerra". Haber dado cancha a represaliados kurdos o chiítas. Movilizar a sus cientos de miles de militantes para extender su idea. Utilizar la red, la publicidad tradicional, los debates en televisión, las tertulias, las entrevistas en la radio. Hacer que todo cargo del PP, aun al concejal del pueblo más remoto, hicera declaraciones defendiendo su idea. Seguramente no hubiera convencido a todos, pero el efecto dañino de los bardenes hubiera sido mucho menor.
En lugar de eso, enterró la cabeza debajo de la arena y esperó a que pasara el tiempo.
Y lo que ha pasado es que miles de jóvenes saben que el PP es un partido de fachas asesinos que son culpables de la muerte de miles de niños inocentes en Irak. Porque nunca han oído a nadie que les diga otra cosa.
